7.6.16

El efecto Amberes



Pero creía en la literatura: es decir no creía ni en el arribismo ni en el oportunismo ni en los murmullos cortesanos. Sí en los gestos inútiles, sí en el destino. Aún no tenía hijos. Aún leía más poesía que prosa.

-Roberto Bolaño

El título es un tumbe. Lo siento, pero mi plan B era un tumbe también: “Los niños bien de la crisis”, a propósito de este breve artículo donde un chamaco que se llama como los dueños del periódico para el cual escribe escribe sobre lo que él llama Bernie brokis. Perdón, ese es este, de la autoría de otro chamaco, que se llama como los “dueños” de uno de los principales partidos políticos del país. Para entendernos: el primer chamaco escribe sobre el badtrip de haberse criado en tiempos de crisis y haber estudiado afuera y regresar y no saber si volverse a ir, mientras que el segundo critica a los seguidores locales de Bernie Sanders. Los llama brokis porque interesa apelar a hombres de la edad de su padre, supongo. En fin, que a los blanquitos nos gusta sonar mayores de lo que somos. Y nos gusta, además, hacer generalizaciones a partir de nuestra mega-singular experiencia y hablar de ‘la gente’ como si se tratara de una abstracción. A eso, en algunos círculos, le llaman gobernar. En otros, teorizar. Y en las dos o tres restantes claques de turbas en el país, se llama comer mierda. But i digress.

El Efecto Sanders, en parte, es sobre el optimismo con que Carlos Pabón miró a las y los estudiantes universitarios que hicieron fila durante horas para ver a Bernie Sanders hablar en el teatro de la UPR en mayo pasado. Para Pabón, ahí se pudo percibir los primeros destellos de un “movimiento democrático radical”. A mí me emocionó mucho también porque es lindo ver a gente tan comprometida con los gestos inútiles. Uno se ilusiona con la posibilidad de que un gesto inútil sirva de puerta para otro y otro y otro, cada uno más inútil y más esperanzador que el anterior. Y así, hasta que Bernie sea presidente Bernabe sea gobernador ni gobernador ni presidente sean los referentes de nuestra ansiada democracia radical.

Que los referentes, por ejemplo, sean estos: “Nos movemos por impulsos instantáneos…Algo así destruirá el inconsciente y quedaremos en el aire…¿Recuerdas ese chiste del torero que salía a la arena y no había toro, no había arena, no había nada?...” Para Bolaño, Amberes es ininteligible. Es decir, es inútil leerla. Y, sin embargo, uno hace el gesto, como si se tratara de un impulso instantáneo y al hacerlo, uno siente que la trama queda en el aire y uno no puede atrapar el aire. Es como ese chiste de la gente que salía a votar y no había papeletas, no había urnas, no había candidatos. Les tocaba pues inventárselas. ¿Se podrá hacer política desde ahí? Desde ese algo que se destruye o nos destruye. Como, por ejemplo, decir 'la gente antes que la deuda'. Como, por ejemplo, ni brokis ni blanquitos. Ni dueños de periódicos ni de partidos. ¿Eso es inútil o es ininteligible? Ojalá.


Para entendernos: yo miro casi todo con optimismo, pero todo casi siempre queda en el aire. Y por más que uno coja impulso, uno no alcanza a atraparlo. Ahora bien, cada vez cojo más y más impulso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario