24.4.16

Algunas preguntas a lxs directorxs de Free Juana en atención a los arrestos del pasado 20 de abril


1.     ¿Acaso el término “activista”, en su jerga institucional, se refiere únicamente a miembros vip de su fundación? De paso, está chulo—“chulo” en mi jerga personal quiere decir en extremo charro, por un lado, y sospechoso, por otro [al menos en lo que concierne a los cánones de ética de la profesión legal]— cobrar $420.00 [i see what you did there] por ofrecer 1) el know how para cometer un delito y 2) la representación legal por si pillan a sus clientes/alumnos.http://www.freejuana.com/product/membresia-socio-fundador/ 
2.     ¿Acaso entienden lo que significa que fiscalía someta el caso “por expediente” en una vista de regla 6? ¿De casualidad, saben cuáles son las probabilidades de que el juez determine no causa en un caso sometido por expediente en regla 6? ¿Acaso hay lugar en su militancia para conocimientos básicos del Derecho? Digo, ya que ustedes son abogadxs, ¿no? Y ésta es su causa, ¿no?
3.     ¿Acaso no alcanzan a comprender la gravedad de que la Policía de Puerto Rico intente arrestar a una/cinco/diez/veinte personas por posesión de una mata de yuca? ¿De veras no le preocupa a la fundación que la policía de su país no sepa distinguir entre ambas plantas? Digo, ya que ustedes ofrecen talleres de bud-tending y eso. Digo, ya que el cultivo de una conlleva cárcel y el de la otra no. ¡Quizá pueden ofrecerle talleres a la policía! Digo, ya que se han mostrado tan entusiastas en su defensa de los agentes.
4.     ¿Acaso no les preocupa sobremanera que un grupo random de abogados y abogadas logre responder 30/24/16/12 horas antes que ustedes a los arrestos que fueron consecuencia directa de la actividad convocada por su organización? ¿Acaso no denota eso como que muy mala planificación de su parte? ¿O será muy mala fe?

5.     Si su estrategia es intentar desprestigiar a la gente que sí se movió, desde adentro y desde afuera de la profesión legal, para sacar a los y las chamacas que arrestaron porque les creyeron a ustedes cuando dijeron que no los dejarían solos, porque les creyeron cuando convocaron a una actividad disque planificada en coordinación con la policía de Puerto Rico, porque les creyeron cuando dicen ser solidarios con ellos y ellas, sépase que estuvimos ahí 30/24/16/12 horas antes que ustedes y no los dejamos solos y los sacamos. Asuman responsabilidad. Sean consecuentes. Dejen el fichureo. Y dejen también los tallercitos de cómo cuidar plantas y aprendan a cuidar los intereses y los derechos de la comunidad que suponen representar. Los fan clubs y las membresías son para bandas de rock, compañerxs. Cojan alguito de seriedad. Nos podemos reír de #freeyuca precisamente porque no arrestaron a nadie. Y no arrestaron a nadie porque hubo una compañera abogada que dio cara; que supo qué decir y cómo. De eso es que verdaderamente se trata. Hablando claro, Clamor a Dios también monta conciertos frente al Capitolio. Y lleva gente con camisetas con su logo y sus representantes posan para fotos con los políticos en poder. Pregunto: ¿Qué los distingue a ustedes— que el simbolito en sus camisetas es más cool? Bah. La realidad del asunto es que su activismo no es más que un punto de venta; un club social.Y chévere si ese es su viaje. Pero resulta que el pasado 20 de abril, su viaje afectó a otra gente. Y hasta ahí. No más. Basta. 

23.4.16

Historias de chamaquitas y chamaquitos

“Esta es mi causa política”, afirma el abogado a su entrada en Sala de Investigaciones. Énfasis en el ‘mi’. Las y los imputados de delito, sin embargo, no son activistas. Son chamaquitas y chamaquitos de 18, 20, 22 años. El abogado representa una organización que aboga por la despenalización de la marihuana en Puerto Rico. “Yo soy un consumidor abierto de cannabis”. Lo que quiere decir es que consume el cannabis abiertamente en lugares, intuyo, donde no hay mucho riesgo a que lo arresten. Los y las chamaquitas, en cambio, fueron convocados a fumar pasto frente a la policía de Puerto Rico. Perdón, frente al Capitolio. Pero, resulta, que agentes encubiertos los arrestaron justo cuando estacionaban sus carros para asistir a la actividad.

Según la organización que convocó, estos arrestos fueron ajenos a la manifestación; razón por la cual el abogado llegó tarde al Tribunal y no sabía ni los nombres, ni edades, ni las circunstancias particulares de cada una de las detenidas y detenidos. Sí sabía de causas políticas y de los beneficios del cannabis y de economía, y pasó largo rato disertando sobre estos y otros temas relacionados frente a los padres y madres de los chamaquitos y chamaquitas que su organización convocó a correrse el riesgo de fumar, pero que luego se desentendió de ellos toda vez que ninguno de las y los chamaquitos—en t-shirt, y cortos o en falditas y camisas de manguillo—tenía pinta de activista. Quizá porque, para el colega, los activistas bona fide o son abogados o ya tienen abogados contratados por una organización. O las dos.

O quizás es que su causa política no son los chamaquitos y chamaquitas que pillan a diario en el país por posesión de marihuana, sino la idea de que él habite un país donde a alguien como él lo podrían pillar por posesión. Pero, claro, él no es un chamaquito de 18 años que vino desde Caguas, o Cayey, o Naguabo y llegó al Capitolio convocado por #porrosparatodos para celebrar fourtwenty y terminó dando vueltas en una perrera hasta las cinco de la mañana, para luego pasar el día en una celda con 15, 16, 17 más en espera de ser transportado al Tribunal y finalmente salir—si es que lograría salir—a las 2 de la madrugada del día siguiente.

No obstante, hay que admitir que el tipo sabe mucho de marihuana y que su organización tiene un historial de activismo a favor de la despenalización de la sustancia, de ahí que tengan pines con la matita y compartan memes y hashtags bien nítidos y convoquen a manifestaciones para crear conciencia acerca de los usos y beneficios de la sustancia y de la necesidad urgente de su despenalización. O algo así. Admito que yo no sé muchisísimo acerca de la historia y usos y beneficios del cannabis. Y a decir verdad, no fue mucho lo que aprendí sobre la marihuana en el Tribunal, en compañía de los y las chamaquitas que arrestaron por posesión de droga.

Aprendí que son de Caguas o de Cayey o de Naguabo y que tienen 18 o 20 o 22 años, y que de la nada, justo cuando estacionaban el carro se les pegaron unos tipos como para asaltarlos, y que esos tipos resultaron ser agentes de la policía y que los arrestaron y que estuvieron bien lejos de Caguas y de Cayey y de Naguabo, pillados en una celda con otros tantos chamaquitos y chamaquitas, y que no tenían abogados ni abogadas, porque resulta que ninguno era activista, al menos no como el abogado que los convocó a fumar a nombre de una organización  y que por ende, los puso en riesgo de perder su libertad, de ser maltratadas por la policía, de tener hambre y frío, o hambre y calor, de no poder conseguir a sus viejos por teléfono, de faltar al trabajo o la uni, de no saber si podrían perder el trabajo o la uni por estar ahí, pillados, en un cuartel.

Ésta, como la inmensa mayoría de las historias que toman lugar en los cuarteles y tribunales del país, es una historia de chamaquitos y chamaquitas. Es también, en menor medida, la historia de un compañero abogado que durmió frente al cuartel de Río Piedras; de otro que llegó sin medias al Tribunal; de compañeras abogadas que respondieron temprano en el día a la noticia de que había cinco chamaquitas detenidas en el cuartel de Monte Hatillo sin representación legal; de gente solidaria que fue a la manifestación y que le siguió la pista a todos los cuerpos que o bien no llegaron a la manifestación o que desaparecieron de ella de forma sospechosa y que regaron la voz acerca de la situación de esos cuerpos y no los olvidaron y los esperaron a la salida, treinta horas más tarde.  Ésta no es la historia de una causa, ni de sus portavoces. Es la historia de la gente que la policía pilla injustificadamente y de la gente que se mueve para sacarla.


Esa matita, sola, fuera de contexto, no significa nada—un sticker, un meme, un pin. Llamarse “activista”, ser “abogado”, tener “causas” fuera de contexto no abona a nada. Háblame de otra cosa, licenciado. Dígame algo acerca de las y los chamaquitos. ¿Dónde los tenían pillaos? ¿Qué hizo usted para sacarlos? ¿Dónde rayos estabas tú? Y no, no se trata de estrategias para adelantar una “lucha”, para mover un proyecto de ley. Se trata de tener 18 años y una t-shirt y cortos o una falda y camisita de manguillos y no tener títulos ni contactos ni agendas mayores, y estar en pleno riesgo sin saberlo y caer en manos de un teniente que dice que renunciaste a la representación legal. ¿Qué dices tú? Pon eso en un meme, o en un pin. A ver si aprendes.

Los Diálogos Imposibles: Acerca de Enlace con Escuelas Públicas (en Revista Umbral)

En este breve artículo se aborda la iniciativa Enlace con Escuelas Públicas de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. La misma pretende diversificar la profesión legal mediante el ofrecimiento de talleres en los diversos aspectos del pensar y quehacer jurídicos a estudiantes de escuela superior del sistema de educación pública en el país. En particular se hace un recuento crítico de la visita del escritor Aníbal Santana Merced a uno de los talleres de Enlace—enfocado en los derechos de las personas confinadas— con el fin de detallar y explorar el carácter emancipador del taller en tanto propició la articulación de lazos discursivos y afectivos entre la figura del confinado y el estudiantado de escuela pública. 

http://umbral.uprrp.edu/sites/default/files/los_dialogos_imposibles-_acerca_de_enlace_con_escuelas_publicas.pdf

17.4.16

Galaxias para habitar con calma (en 80grados)

Soy un tanquecito de amor y no tengo pelos en la lengua, pero tengo pelos en la barba. Y en la espalda. Y en las nalgas. Y es verdad, lamentablemente.
Estoy citando de una canción. Bueno, de dos y un aparte. La primera es la canción titular del primer disco de Macha Colón y los Okapi. La segunda es un numerito—así hablan los conductores de orquesta, ¿no?—que no aparece en el disco pero que tocaron en un mini-concierto en la librería El Candil en Ponce. El aparte es la verdad que compartió Macha con el público aquella noche. Afortunadamente.
En la librería había bien poquita gente de Ponce, pero sí mucha gente peluda que vino de San Juan a ver a Macha cantar. Y bailar. Y reír. Y gozar. Porque en la librería nos sentimos libres. Porque en la librería podemos bailar. Ninguna de estas cosas son necesariamente ciertas. A menos que sea sábado y Macha y los Okapi estén tocando cerquita de un árbol de papel maché que identifica la sección de literatura infantil y uno siente que sí, que las librerías son lugares para jayarse.
Estar jayao, según Macha, tiene que ver con estar en orden con el universo.[1] Para mí, estar jayao es ser un/a animal con pelos en todas partes menos en la lengua; un universo de pelos, si se quiere, menos en esa galaxia desde la cual se habla y se canta y se cuentan las veces en que se ha sentido el amor por primera vez.
La primera vez que vi a Macha cantar fue en Río Piedras en un junte coordinando por el viejo (y tragicómico) Comité de Acción de Estudiantes de Derecho. La segunda no se dio debido a las inclemencias del tiempo. El concierto estaba pautado para un domingo al atadecer en el campamento de Playas pa’l Pueblo en Isla Verde. La tercera fue en la más reciente edición de Santurce es Ley, pero sólo llegué a tiempo para escuchar la despedida. ¿Cuántas veces he sentido a alguien despedirse por primera vez? A veces es trágico. Otras es cómico. Como dos animales peludos que se despegan luego de largo rato gozando, según el orden del universo. Según Macha, el universo de los Okapi es pequeñito. Ponce es lo más lejos que ha llegado la banda. Sin contar las galaxias, claro. Sin contar que poner a un grupo de gente peluda a bailar en medio de una librería, como si fuéramos todos y todas verdaderamente libres, es lo más lejos que nuestra especie de animal podría llegar. ¿Cuántas veces habremos de escuchar música así otra vez?

Déjate de cosas
Tú sabes la que hay
Agárrame las tetas
Y bésame que ya.[2]

Somos animales de urgencia, curiosos tanquecitos peludos, por la calle caminando lentamente de la mano de nuestro amor.  Estamos en orden con el universo, aun cuando el país se venga abajo. Hemos imaginado galaxias para habitar con calma y no hay nada que logre despegar nuestra imaginación de nuestros cuerpos. Hemos sido trágicos montones de veces. Y cómicos, hasta lamentarnos. Y es verdad que hay muy pocos lugares donde podemos sentirnos libres. Hay muy pocos lugares donde podemos bailar sin que nos juzguen por la manera en que le pegamos el cuerpo a otro animal. Pero también es verdad que uno puede hacer un árbol de casi cualquier cosa, en casi cualquier lugar. Depende de la urgencia.
El disco de Macha cierra con una oda a los barrios, a los sitios donde la gente está, pero que apenas la dejan estar. “¡Qué buena está esta vaina!”, dice. Me la imagino cantándola en la playa, a pasos del Hotel Marriot. Las y los compas del campamento ríen y cantan. Desde la terraza del hotel los turistas los miran con indiferencia. Es para jayarse llorando. O bailando. O piqueteando. O marchando. ¿Cuántas veces nos hemos sentido así por primera vez? Ahora tenemos cómo llamarlo.