22.12.15

Estimado Dr. Walker

Hoy supongo mecanografiar una breve reseña que preparó José Concepción Guerra sobre Un Nuevo Pulmón: Antología del Porvenir. Este libro recoge la poesía y narrativa de 16 estudiantes y egresados de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras, quienes tomaron un curso de escritura creativa durante el primer semestre del año académico 2014-2015. Yo tuve la buena fortuna de ser su profesor y luego, su co-editor. Puede leer más acerca de este trabajo aquí: http://dialogoupr.com/_cultura/_literatura/un-nuevo-pulmon/ . No sé si conocerá personalmente a alguno/a, pero doy fe que son maravillosos y maravillosas.

Es posible que haya conocido a José, quien también es estudiante de la UPR, en el recinto 292 de la cárcel de Bayamón. Según la prensa, usted tuvo la oportunidad de participar en una actividad en Fortaleza, celebrada durante el día de ayer, en franco homenaje a los y las estudiantes del proyecto piloto de estudios universitarios en la cárcel. Si lo conoció, sepa que conoció a un autor. La escritura creativa de José aparece publicada en la antología Desde Adentro: Entre la Universidad y la Cárcel, editado por la dra. Edna Benítez Laborde. Puede leer más acerca de este trabajo aquí: http://elpostantillano.net/pagina-0/critica-literaria/16001-2015-11-20-19-25-59.html  

Yo tuve la oportunidad de conocer a José  durante una visita a prisión, donde compartí con 16 estudiantes en el área de máxima seguridad. Durante la visita conversamos acerca de técnicas de escritura, del deber ser de las artes, así como del deber ser de la sociedad. Es decir, abordamos los mismos temas que como profesoras y profesores universitarios, estamos acostumbradas a trabajar en nuestros salones. Pero hay algo único—entiéndase avasallador—del salón multiusos del anexo 292 de la cárcel de Bayamón que matiza (y agudiza) cualquier conversación acerca de la relación entre la creación artística, la universidad y el deber ser de la sociedad. No sé si me entienda.

En la mañana de ayer usted participó en una conferencia de prensa con el superintendente de la Policía de Puerto Rico, donde se nos informaba de los 27 arrestos realizados como parte del operativo “parrandón estudiantil”. Según la prensa, dicho operativo fue efectuado a petición de la UPR y tuvo como resultado la detención de jóvenes universitarios por alegada venta y distribución de marihuana. Le admito que no entiendo. Es decir, hay algo extraño—entiéndase avasallador—de comenzar el día informando al país del rol protagónico de la universidad en encausar jóvenes universitarios por la venta de una sustancia cuya ilegalidad es cuestionada por múltiples sectores, incluso por nuestro propio gobierno; y luego terminar el día celebrando el compromiso de la universidad con nuestra población confinada. Daría la impresión que no existe tal cosa como un “proyecto universitario” coherente para con los distintos sectores del pueblo al que nuestra institución supone servir. Habría pues que preguntarnos cuál es el deber ser de la universidad en lo que concierne la formación de nuestros jóvenes, quienes en tiempos de crisis política y económica se tornan más vulnerables ante los elementos más represivos del estado. ¿Cuáles, entonces, deben ser los efectos de la colaboración entre la universidad y el departamento de corrección: crear más estudiantes o más confinados? Esto se debe explicitar. Quizá en los folletos informativos y demás materiales promocionales que se distribuyen durante la primera semana de clases.


José me dio la reseña durante mi última visita este semestre. El plan es publicarla, sacar su escrito, de manera urgente, toda vez que no podemos sacarlo a él. Cuando repartimos los ejemplares de la antología lo hicimos con la intención de que dos grupos de estudiantes de la UPR se “conocieran”. Al fin y al cabo, son parte de la misma comunidad. Escribe José: “Ahora el  cielo es nuestro límite/ahora somos UPR/ahora no estamos fáciles/ ahora cambiamos el rifle por el bolígrafo/ la pistola por el lápiz/ las balas por la borra/ y el chaleco por la libreta.” Me parece que sus versos describen de manera hermosa y certera el deber ser de la Universidad de Puerto Rico, tanto con sus estudiantes afuera, como con aquellos adentro. Conviene, por tanto, repasarlos y repetirlos hasta lograr memorizarlos. Le invito a hacerlo, al tiempo en que revisa la lista con los nombres de nuestros estudiantes arrestados.

13.12.15

Los elementos

i.

Cuando los poetas no
tienen de qué más
escribir, escriben de las
ciudades que visitan
para leer su poesía

¡Chicago es hermoso!

Los homeless cargan
con letreros que dicen

Stuck in Chicago
Need $48 for train
Ride back home.

ii.

El mercado orgánico
del Lincoln Park
en Chicago es mil
veces mejor que
el mercado orgánico
de la placita Roosevelt
en San Juan.

Chicago Poems de Carl
Sandburg es mil
veces mejor que
En el Burger King
de la Calle San Francisco
de Lalo.

La gente en Chicago
es mil veces más
amable que la gente
en Puerto Rico.

Hay miles y miles
de puertorriqueños
en Chicago.

iii.

En North Halsted St. hay
una bandera puertorriqueña
con los colores de la bandera
de orgullo gay.

Es difícil sentirse orgulloso todo el tiempo
que toma izar una bandera.
No soy gay, más ser puertorriqueño
es medio trili.

Soy poeta.

En North Halsted también hay
una placa de Walt Whitman:
Gay U.S. Poet.

Los únicos versos que puedo citar
de Whitman son
O Captain! My Captain!

¡Gracias Robin Williams!
Me enorgullece decir que he visto

casi todas tus películas.

Trabajo el imaginar

El primer día de clases le pido a mis estudiantes que se presenten y que compartan al menos tres cosas “semi-interesantes” sobre sí mismos. Por regla general, al menos dos de las tres cosas son trabajos, a tiempo parcial o completo, que sumados a sus estudios parecerían agotar todas las horas del día y la noche. De todos sus días y sus noches.

Tengo la mala costumbre de interrumpirles.  Les comento que me interesa, sobre todo, saber quiénes son fuera del salón, y no sólo qué hacen. O, en la alternativa, que me gustaría escucharles hablar de lo que hacen con su tiempo cuando no están trabajando. Entonces hablan un poco de las horas que quisieran sumarle a sus días y sus noches.

De mis estudiantes en la UNE—en todo el Sistema Universitario Ana G. Méndez—puedo decir que trabajan. Esto lo sé antes de conocerles. Antes de que tomen asiento en mi salón y tomen la palabra para decir su nombre, año y concentración. Admito que es duro escucharles. Pues, tal como les explico ese primer día, nuestra universidad es uno de los pocos espacios restantes donde adultos pueden hablar seriamente sobre sus sueños a diario y no por ello se tornan en objetos de risa. Ahí reside parte de la urgente y hermosa necesidad de nuestra  universidad hoy día.

Digo que es duro escucharles porque, para mí, las y los estudiantes son criaturas de la imaginación antes que de la obligación. O, en la alternativa, su principal obligación es la de imaginar días y noches con tiempo suficiente fuera del trabajo para que logren ser lo que dicten sus mejores sueños.

Por eso, ese primer día les hablo de la “imaginación sociológica”[1] de C. Wright Mills—de la responsabilidad compartida de imaginarnos lo que es y lo que podría ser la vida de las personas con quienes convivimos. “Hay que imaginar duro”, les digo, mientras en mi cabeza ensayo cómo sumarle más minutos a la clase. Pero sé que tienen que correr a otro salón, para algún trabajo. Ya me los imagino. Van volando.



[1] Mills, C. W. (2000). The Sociological Imagination: 40th Anniversary Edition. Oxford University Press: Oxford, UK.