20.6.15

Andar y Mirar (Prólogo para A Puño y Letra de Aníbal Santana Merced)


Hay 37 instituciones correccionales en Puerto Rico. Hay, fácil, más de una decena de sellos editoriales. El género literario que más se cultiva en el país es la poesía. El que menos se lee también.  Según las estadísticas, Puerto Rico es un país carcelero.  Hay debates en torno a si es un país lector. ¿Qué leen los y las confinadas en nuestras cárceles? ¿Sobre qué escriben? ¿Un poema que entra y sale de la celda cuenta como contrabando? ¿Cómo más se podrán comunicar las personas adentro y afuera de una prisión? En Puerto Rico hay 37. ¿Cuántas personas por celda? ¿Cuántos poemas en sus cabezas? Yo tengo estos versos en mi cabeza: “Te escribo este poema con el pecho inflado de vida/ y algunos fragmentos de plomo en la espina dorsal”. Son del puño y letra de Aníbal Santana Merced. Los escribió en el adentro o en el afuera de la cárcel de Guayama. Precisar las coordenadas no importa. Importa que los versos llegaron a mí. Importa que Aníbal es poeta. Importa que se formó como escritor en prisión. Importa que hoy me lo puedo encontrar en el afuera de cualquier prisión y que podemos caminar, libremente:

Caminemos por Camarones, un barrio donde los niños no se duermen
y aun así se los lleva la corriente criminal.
Caminemos por la Pama
donde sus jóvenes se gradúan de asesinos
para terminar muertos pagando el precio de su pobreza.

La poesía de Aníbal es así—una dura invitación a andar y mirar. Se trata de poemas escritos desde la indignación y el dolor, que juntos quizá componen un inventario de exclusiones, violencias e injusticias cometidas en Puerto Rico día tras día: “Tenemos acceso controlado con vigilancia 24 horas/ protegiéndonos de unas visitas que no quieren llegar”. Quien escribe—desde las calles de Guaynabo [City?] y/o desde la cárcel de Guayama— hace poesía con los datos más tenebrosos de nuestra cotidianidad compartida. Lo hace como las y los mejores poetas, asumiendo el riesgo de siempre exponer demasiado de sí al intentar conectar con sus posibles lectores y lectoras:

Mi profesora me dice que esto ya lo escribió una poeta que metió su cabeza en un/ horno…pero yo lo repito.
Papá te debí haber matada hace mucho tiempo atrás,
cuando me pegabas y me enrollabas con el cable de teléfono,
el mismo que te servía de fuete.


A Puño y Letra responde a una ética de la escritura mediante la cual se hace posible pensar al poeta y a su público lector como cómplices, que se velan y se cuidan desde ambos lados del portón o la verja o la celda. Hasta que no hayan más portones o verjas o celdas. ¿Los poemas que se comparten adentro y afuera de una prisión cuentan como asomos de revolución? Díganme que sí. ¿Cuántos más poemas en tu cabeza, Aníbal? Ando con tu libro debajo del brazo. Espero encontrarte en el camino para juntos mirar el panorama, hacer un inventario y transformarlo.



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