14.5.15

La distancia del cariño

A ver si entendí. Música coral frente al capitolio, bien.  Mover la valla frente a la policía estatal en la Calle Fortaleza, muy muy mal. De que pésimo. ¿Cómo se hace una molotov? ¿Eso lo enseñan en la Escuela de Derecho? En la Escuela de Derecho enseñan a hacerle caso omiso a los paros y demás acciones concertadas de colectivos estudiantiles.También enseñan a hacer listas de estudiantes revoltosos para el beneficio de futuros patronos. Pero esa historia es vieja.
La escena frente al Capitolio en la mañana de ayer parecía Clamor a Dios. Lo digo por la gran cantidad de gente, y los port-a-potties y las guaguas y  la tarima [había una tarima, ¿no?]. Y porque, claro, era una protesta coordinada desde arriba. Aunque no por un poder celestial.
El presidente esta mañana reprochó  las acciones de algunos estudiantes luego de que las miles y miles de personas que marcharon desde el capitolio llegaran a Fortaleza. Bueno, no a Fortaleza. A la esquina desde donde puedes apreciar los portones y la fachada de Fortaleza al final de la calle, si no tienes el sol  y/o efectivos de la uniformada de frente, como era el caso ayer. Quizá por eso las y los estudiantes encontraron preciso remover la valla con la que la policía estatal pretendía impedir el acceso de las y los manifestantes a los portones de la Fortaleza. Bueno, con la valla y con sus cuerpos, y los cuerpos de sus compañeros de la división de operaciones tácticas que no tardaron en colocarse tras ellos. En fin. Que es difícil marchar desde el Capitolio hasta la Fortaleza si uno no puede llegar a la Fortaleza como tal. En ese sentido, nuestras marchas son como una gran marcha interrumpida que empieza desde cero cada vez y deja siempre una última gran [aunque cortísima] distancia por recorrer.
¿Cómo llamar a esa distancia? ¿La distancia del cariño? Estoy citando de un poema.

La policía recibió a los y las estudiantes que intentaron recorrer ese último tramo con gas pimienta. Al rato un muchacho leyó por el megáfono el juramento de la policía de Puerto Pico. No decía nada de cariño. En la acera a pocos pasos de la valla y los guardias y los y las profesoras que se colocaron entre policías y estudiantes, un muchacho le hacía compañía a otro, con la cara roja y los ojos llorosos a consecuencia del gas. Estaban sentados con las piernas cruzadas. Sus rodillas casi tocándose. ¿Cómo se le llama a esa distancia?  
Hoy hay paro en la universidad. No importa que le llamen receso. La distancia entre esos dos nombres es insalvable. De que ni un poder celestial.

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