19.4.15

Café con el escritor

Llegué tarde, pues él ya se había tomado su café. Llegué tarde a mi clase además. La cita era para las 830AM. Mi clase es a las diez, los martes y jueves. Acordamos para desayunar un jueves. Entré con diez minutos de retraso al salón. Pasamos los primeros veinte minutos discutiendo la lista “top five shitty things not to do if you want to become a writer and still manage to not be an asshole”. Mi clase es en inglés. El desayuno fue en español. Excepto por las partes en que yo no supe muy bien cómo decir lo que quería decir en español, así que lo dije en inglés. En español dije  “un café, por favor”. Dije “hola”. Dije “adiós”. En la clase suponíamos discutir The Empathy Exams de Leslie Jamison. Escribe Jamison: “Empathy isn’t just something that happens to us—a meteor shower of synapses firing across the brain—it’s also a choice we make to pay attention, to extend ourselves”. Se me olvidó decir, en clase, que la escritura no es algo que simplemente nos pasa. Es la decisión que tomamos de prestar atención, de extendernos.
En el desayuno se me olvidó preguntarle al escritor si él coincidía con esta definición. No coincidimos para el café. Mientras yo me tomaba el mío, miraba su taza vacía para no mirarlo a él. Es más viejo y más bajito que yo. Era de mis escritores favoritos. Escribe mucho sobre escribir. En la clase dije, un poco a prisa y sin aire, que no hay tal cosa como “una vida de escritor”; uno escribe desde la vida que tenga. Yo tengo una vida de cinco a seis cafés al día. De “hola” y “adiós”. A veces, al leer, siento que las imágenes les llueven sobre las cabezas de algunos escritores y escritoras. Me pasé el desayuno imaginándome una nube negra sobre la cabeza del escritor. ¿Qué vida tendrá? Pregunto, con ganas de prestar atención y extenderme. Pero no pasa nada.
Al final, coloqué mi taza vacía frente a la suya. Así parecería que habíamos desayunado juntos. Escribir es un asunto solitario. Hacer parecer. Se me olvidó decir, en la mesa, que su escritura me hace sentir menos solo. Su compañía no. Mientras lo escuchaba se me ocurrió la idea de la lista. Sentí muchas ganas de ver a mis estudiantes para compartirla.

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