3.5.14

Dios y Discordia en la Lucha LGBTTQ

En mayo 17 del año pasado el Comité contra la Homofobia y el Discrimen convocó a una marcha desde la Fortaleza hasta el Capitolio en conmemoración del Día Internacional contra la Homofobia. Dicha manifestación ocurrió al día siguiente de la aprobación del proyecto 238 en el senado— la primera medida legislativa en la isla dirigida a atender la discriminación por orientación sexual en el empleo. El escritor David Caleb Acevedo asistió a la marcha y causó conmoción debido a la consigna plasmada en su pancarta. La misma leía “Mantén tu cabrón dios fuera de mi cuerpo.” Para muchos, el tono agresivo y el lenguaje burdo empleados por Caleb Acevedo no eran cónsonos con una manifestación que buscaba reunir representantes de diversos sectores e ideologías, incluyendo funcionarios públicos, celebridades, líderes religiosos y miembros de comunidades de fe. Lo cierto es que el contenido de la pancarta de Caleb contrastaba brutalmente con las consignas del resto de los y las manifestantes, cuyas expresiones estaban orientadas hacia la igualdad derechos y la justicia social. Por tanto, el auto-denominado “performance” del autor ofendió a muchos y muchas por ser la nota discordante en una manifestación muy linda. De hecho, recuerdo cuando durante una presentación artística en las escalinatas del Capitolio, algunos intentaron dialogar con él para que se apartara de los y las performeras, pues estaba arruinando la foto. Recuerdo que Caleb se resistió a hacerlo. Recuerdo que el compañero que estaba a mi lado observando el intercambio dijo “éste se cree que la manifestación es de él. Que puede hacer lo que le dé la gana.” Recuerdo que no respondí. Al poco rato, el público comenzó a disiparse. Esto, luego de que globos prendidos en fuego fueran a parar en las ramas de los árboles y nos preguntáramos por qué seguían encendiendo más globos y soltándolos si ya dos, tres amenazaban con crear un incendio. Yo también aproveché esa coyuntura para hacer mi salida, no sin antes preguntarme: ¿se puede venir a una marcha y hacer lo que a uno le dé la gana? ¿cómo leer la pancarta de Caleb? ¿cómo distinguir entre protagonismo, antagonismo, expresión individual y colectiva? A ver. 

II
A raíz de las diversas críticas que generó su participación en la marcha, debido sobre todo a la amplia difusión que recibió una foto de él mostrando su pancarta, Caleb Acevedo publicó un artículo titulado “Un Trapo de Cartel” en la revista digital El Post Antillano. En su escrito, Caleb Acevedo explica el motivo de su cartel y su participación en la marcha en el contexto de la lucha por los derechos de la comunidad LGBTTQ en Puerto Rico. Según el autor,

MANTÉN TU CABRÓN DIOS FUERA DE MI CUERPO es un mensaje que busca varios objetivos. Primero, que se entienda que no podemos lograr una separación de Iglesia y Estado bajo el subterfugio de “Todos somos iguales porque dios nos ama a todos por igual” (nótese la minúscula “d”). Reza nuestra hermosa Constitución: “No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado”. Tomo I, Carta de Derechos de la constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Artículo 2, § 3 (ed. 2008). Segundo, debe quedar meridianamente claro que la diversidad reina en el país, no solo en la comunidad LGBTTQQIA, sino en el macro del país. En este punto, quedó manifiesto un díptico de nuevas facciones en nuestra propia comunidad: el fundamentalismo religioso LGBTT y la nueva comunidad atea-humanista-secular de alianza heteroqueer. Tercero: tenía que
demostrarle a los bullies fundamentalistas que el bullying duele, y no hay mejor forma de hacerlo a veces que el Talión. En esta vida hay gente con quienes la diplomacia y el tacto simplemente no funcionan. Es la misma gente que solo entiende cuando uno los obliga, así, a la mala, a ser solidarios. Después de todo, si hablamos de una diversidad de puntos de vista, debemos hablar también de una diversidad de disposiciones, capacidades intelectuales y lenguajes. Cuarto: mi plan también pretendía tenderle una trampa a todo aquel que tuviera máscaras, e invitarlos a que cayeran sobre sus espadas. Es precisamente éste último objetivo el que causó mayor conmoción. Ese fue mi mayor acto de transgresión.

Resulta acertado que Caleb haya titulado su texto “un trapo de cartel” en alusión al sonado incidente del “trapo de bola,” en el cual una joven madre expresó su insatisfacción con el regalo que recibió su hija en la tradicional fiesta de reyes del gobernador en enero 2013. La expresión de la mujer fue repudiada de inmediato por amplios sectores de la población y ella se convirtió la “posterchild” de todos los males de la sociedad isleña (consumerismo rampante, maltrato infantil, falta de valores, busconería etc). Esta reacción virulenta impidió un acercamiento crítico al incidente y dejó vedados los motivos de nuestra actual administración de gobierno para con la entrega de regalos; particularmente, con el tipo de regalos que se iba a ofrecer y a qué segmento de la población se les ofrecerían. Según el gobernador, su administración obsequiaría únicamente artículos deportivos y educativos para fomentar la sana convivencia y los buenos valores en nuestros niños y sus respectivas familias (aquellas “más necesitadas”). Se trataba pues no tanto de una celebración sino de una lección del estado. La reacción de la mujer, considerada ahora desde la distancia temporal, podría ser interpretada no como indicativa de una falla en su carácter como persona y/o como madre, sino como en repudio al gobierno que convoca para una fiesta a los sectores más vulnerables de la población en términos socio-ecnonómicos para recibir a sus invitados con una lección/acusación sobre moralidad (de la cual, curiosamente, quedaron exentas aquellas familias con los recursos necesarios para comprar regalos a sus hijos).

De forma semejante, Caleb con su trapo de cartel sacó a relucir las contradicciones latentes en una lucha que entre otras cosas, supone promover la diversidad del ser y sus múltiples haceres, pero que a su vez, desde la perspectiva de este autor al menos, también busca impartir una lección de moralidad a sus integrantes. Acerca de este particular, y con énfasis en los vuelcos cristianos que a menudo da el discurso en pro de los derechos para la comunidad LGBTTQ, Caleb señala:

Como parte de la respuesta política de mi comunidad LGBTTQQIA al frente unido de
predicadores del odio cristiano y el fuego consumidor de Jehová, se ha creado una fuerte facción cristiana que predica el “Todos somos iguales, porque Dios nos ama a todxs”. Me parece que, políticamente, es una movida peligrosa para nosotrxs. La lucha por derechos civiles es una lucha laica. Debe ser así. No se puede reclamar una separación de Iglesia y Estado desde el poderío cristiano mismo. Es un sinsentido. Crea falsas expectativas para nuestra comunidad de parte del macro: que siempre y cuando nos portemos bien, cristianamente bien, y nos andemos derechitos y derechitas, se nos aceptará. Es un mensaje que invisibiliza y devuelve al clóset a los LGBTT no cristianos, a los agnósticos, a los ateos, a los sidosos, a los que jamás podríamos caber dentro dese renglón. Es un intento innecesario de blanquear y desinfectar, sanear, esterilizar la lucha. Y yo no seré negado. No seré invisibilizado ni ninguneado con tal de que se logre una causa.

Un acercamiento crítico a la participación de Caleb en la marcha de mayo pasado y a las reacciones que su actuación suscitó, dejaría entrever que la lucha por los derechos de la comunidad LGBTTQ en Puerto Rico no puede ser descortés [ni atea, ni socialista, ni radical en sus posturas en torno al matrimonio o al sexo, o a la política o a la economía etc.] Pero, más que nada, no puede ser descortés. Y la palabra dios escrita en minúscula en una pancarta es descortés. Al igual que la palabra cabrón. Al igual que la palabra cuerpo toda vez que ésta, según el contexto, se refiere a la libertad sexual del individuo ante dios y ante el Estado. Bueno, ante el estado solamente puesto que tu cabrón dios no existe. Manténlo fuera de mi estado, leería mi pancarta. Y de paso, también quiero al Estado fuera de mí. Eso iría en otra pancarta. Me pregunto quién estaría dispuesto a marchar conmigo. Quizá Caleb. Me pregunto si estaría dispuesto a mantener su cuerpo junto al mío en una marcha. ¿Es posible hablar del cuerpo de una comunidad o un colectivo? ¿Cuántas pancartas harían falta?

Mi lectura de la pancarta de Caleb me lleva a pensar que no sólo habría que meter más cuerpos en la lucha, sino que habría que meter el cuerpo más en la lucha, muy a pesar de dios, y con muy poco amor. Me explico. Caleb, en su texto, se presenta como partidario de una filosofía y estrategia de activismo diametralmente opuestas a aquellas promovidas por Pedro Julio Serrano del colectivo Puerto Rico para Tod@s— quien es actualmente el activista más reconocido, vocal y visible en la lucha pro derechos lgbttq en Puerto Rico. La retórica de Pedro Julio, orientada hacia la aceptación y celebración de la diversidad, por un lado y hacia el reconocimiento formal del Estado de los derechos de las personas gay por otro (principalmente el derecho al matrimonio), está matizada por el lenguaje del amor. Este matiz es importante. Pues, según el activista, es precisamente el reconocimiento paulatino por parte de individuos particulares y por parte del Estado, de que las personas, aún cuando infinitamente distintas en sus cabezas, en sus preferencias y en sus costumbres y maneras, en el fondo aman igual, lo que llevará a la creación de una sociedad más justa y equitativa—un Puerto Rico para todos y todas. De ahí que se fomente el diálogo entre los diversos sectores, se celebren los pequeños despertares de conciencia y gestos cotidianos de cariño, solidaridad y empatía entre personas diversas (anécdotas que el activista regularmente comparte en su cuenta de Facebook, por ejemplo) y se busque establecer alianzas formales con funcionarios públicos y representantes electos. Acciones arriesgadas, se debe decir, en el contexto puertorriqueño cuando consideramos el carácter nefasto (y hasta criminal) de los comentarios y reacciones que recibe el activista cada vez que aparece una nota periodística acerca de sus ejecutorias en el espacio público, de su vida personal o de su estado de salud. Y ciertamente, acciones exitosas, cuando consideramos su rol en la aprobación del proyecto 238, por ejemplo.
Sin embargo, procede leer la retórica de Serrano y Puerto Rico para Tod@s, en clave de Caleb, precisamente porque su “performance” provocó discordia y la discordia a menudo permite breves momentos de alumbramiento. Escribe Caleb Acevedo:

Que no me mal-interpreten: admiro muchísimo la labor de Pedro Julio Serrano y todxs aquellos que se visibilizan de manera diplomática y con el respeto que no nos muestran a nuestra comunidad. Los admiro, pero ese nunca será mi acercamiento. Siempre deberá existir un individuo como yo contra quien cada 1,000 individuos como Pedro Julio Serrano se puedan medir en su diplomacia. No pueden existir ellos y ellas si no existo yo. Y ese es mi yugo autoimpuesto, aunque tampoco me sale del culo ser mártir.

Protagonismo aparte, repaso el texto de Caleb y pienso que su pancarta podría haber leído: “Mantén tu cabrón corazón fuera de mi cuerpo.” Puesto que Caleb no sólo se resiste a la idea de dios como dirigente de la lucha, sino que también se resiste a querer. El autor, me parece, correctamente señala que la lucha lgbttq según articulada por Pedro Julio Serrano ha asumido la obligación no solo de denunciar y transformar injusticias a nivel interpersonal e institucional, sino que también tiene la responsabilidad de querer a sus opresores. Obligación que Caleb interpreta como excesiva. Y podríamos añadir contraproducente, desde una perspectiva de cambio socio-político radical. Pues, como otros ya han señalado, la fijación con el matrimonio, sin más, por ejemplo, valida dicha institución social en vez de someterla a crítica y análisis y posibilitar formas diversas de organizar nuestras relaciones de pareja ante el estado. De igual forma, la fijación desmedida de parte de Serrano con el proceder de la religión organizada, o por lo menos con sus voceros mas conservadores en cierta medida ha servido para validar la posición de estos como hablantes principalísimos en el espacio publico (Representantes de PR por la familia ahora opinan y deponen en vistas sobre le legalización de la marihuana y sobre eduación con perspectiva de género) cuando lo más acertado quizá seria no reconocer su presencia y su voz hasta que al menos estos queden fuera del ámbito de protección que les provee el estado (mediante exenciones contributivas, por ejemplo).

De hecho, bien mirado, rara vez el estado es un problema en la retórica de Pedro Julio. Por lo general, es su interlocutor en el diálogo y la otra parte en acuerdos y alianzas. De ahí que sus críticas más severas vertidas por las redes sociales no vayan dirigidas a los haceres de actores políticos, sino en torno a cada acontecimiento relacionado a un cura pederasta o a un incidente de maltrato o perversión dentro de una familia tradicional que haya pasado desapercibido por fundamentalistas. Esto es preocupante en tanto es una manera de decir a nosotros nos importa la moral más que a ustedes. Nosotros somos los más dignos representantes de dios en la tierra. Nosotros los podemos sustituir como guardianes de la moral etc. Copio uno de sus status recientes de Facebook:

Esta noticia del abuelo que violó - por años - a su nieta y la preñó dos veces - en contra de su voluntad y sin su consentimiento, me tiene indignadísimo.

Este "abuelo" viola a su nieta por años, la preña 2 veces y dónde está la familia de esa niña? Y la denuncia de PR por la Familia, dónde está?

Sobre todo, me indigna el silencio cómplice y bochornoso de estos grupos fundamentalistas y la hipocresía que ni vergüenza les da.

Ante estos abusos sexuales a niñ@s, callan, no hacen marchas, ni conferencias de prensa. NI tan siquiera se expresan.

Pero hacen marchas, conferencias de prensa y ponencias en el Capitolio para oponerse a los derechos humanos de adultos que consienten, mientras callan ante abusos a niñ@s que no pueden consentir.

Esta gente denuncia el amor CONSENTIDO entre parejas de mismo sexo, pero CALLA ante abusos sexuales a niñ@s por parte de heterosexuales.

HIPOCRITAS de marca mayor. HIPOCRITAS!!!


Por otro lado, los y las aliadas de la lucha según Pedro Julio son múltiples. Y la multiplicidad, para ser sincero, preocupa. Puede ser casi cualquiera. Por ejemplo en enero el activista compartío con la alcaldesa de San Juan durante las Tradicionales Fiestas de San Sebastián, luego de que ésta intentara establecer protocolos de seguridad en clara violación de los derechos civiles de todos y todas. No por ello sin embargo la alcaldesa deja de ser una “aliada” pues (a saber cómo) una cosa no tiene que ver con la otra o valen más los esfuerzos formales e informales de Yulín a favor de la comunidad LGBTTQ, como si decisiones como esa no incidieran directamente en la vida de miembros de dicha coumunidad. Por ende “errores” de juicio, como el cateo patrio, se le pueden dejar pasar. Por eso de no crear enemigos, supongo. Lo cierto es que el movimiento desde Pedro Julio, valora la armonía por sobre todas las cosas menos la equidad que es la condición sine qua non para vivir en armonía. Pero, ¿y si la meta es el reconocimiento de la igualdad de derechos con el fin de provocar desde un ámbito de protección jurídica la desarmonía social y política, tal como tendría intencionado Caleb? ¿Habría espacio para esas personas en el llamado Puerto Rico para todos y todas? Mi impresión es que no. Pues hay una premisa inarticulada en la retórica y en el proceder activista de Serrano de que el movimiento de cambio social culmina en cuanto personas lgbttq puedan participar en el ámbito político en condiciones de igualdad, sin más.

Ante esto, conviene regresar al trapo de cartel de Caleb y considerar el lugar del cuerpo en la lucha. Ese cuerpo que irrumpe en un espacio y que incomoda al sostener pancartas con consignas como
Mantén tu cabrón cuerpo en mi cuerpo, ambos sujetos al estado, cómo no, pero capaz de escondernos en ocasiones y por sobre todas las cosas mantenernos libres para resistirnos a la idea de dios.” Claro, esa consigna es demasiado larga para una pancarta, pero quizá si cada uno escribe en su pancarta un fragmento y nos ponemos de acuerdo para marchar juntos. O quizá no. Quizá las manifestaciones de protestas más esperanzadoras son aquellas que exhiben discordias y conflictos internos. En ese ánimo, propongo anteponer el cuerpo de Caleb al corazón de Serrano. Ese corazón que según el activista“ama tanto.” Prefiero el cuerpo que marcha más y hace disque lucir mal a todos los demás que van marchando alrededor de él. Pues la armonía no es un valor en sí mismo. La discordia tampoco. Pero quizás hay un valor en reconocer que es imposible llegar a un acuerdo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario