31.3.14

Sobre la yal y el mediocre


El Mediocre es una obra teatral escrita y dirigida por Jorge González. Subió a escena el pasado 27 de marzo en El Shorty[1] (antiguo teatro El Josco) en Santurce. La obra, según la promo, trata “de un hombre que está dispuesto a lo que sea por su familia y su país.” El hombre hizo 25 años de cárcel por conspirar contra el gobierno federal. Es un expreso político, de regreso a su casa en el viejo barrio, dispuesto a reanudar la relación con su hija Cristina (estudiante de derecho  y futura esposa de Ricardo, un joven empresario). Cristina y Ricardo comparten un lujoso apartamento en el área metropolitana. El hombre necesita de su ayuda para dedicarse al cultivo del café. Cristina y Ricardo necesitan de la ayuda de Janet para limpiar la casa. Janet necesita de Yadiel para el hookeo en las mañanas cuando el novio de Janet, Papo, no está. Yadiel necesita del narcotráfico para sobrevivir. No todos sobreviven. Sobrevive Juan, el mejor amigo y subcomandante del exprisionero político, alias El Mediocre, pero este breve escrito es sobre Janet, que no sobrevive, y sin embargo.

Tres Aproximaciones:

Janet es una yal.  Véase Llamo collect a mi amiga Jeanette de Falo (c. 1994). Véase el personaje Frenchy la Caballota[2], de Natalia Lugo. Véase este excelente artículo[3] de Teresa Córdova sobre el tema, donde, entre otras cosas, critica la mofa cotidiana, comercial y artística a las mujeres pobres y trabajadoras. La canción de Falo dice: “Llamo collect a mi amiga Jeanette,/chica atrevida darse guille otra vez.” El personaje de Frenchy dice “la cosa está mala.” Janet, en la obra, dice cabrón y pendejo y que mañana sí quiere sexo pero ahora no, aunque cuando Yadiel le canta ella baila porque el cuerpo de la yal manda sobre la cabeza y el corazón de la yal, aunque no sobre Papo, porque Papo le da bien duro a Janet. Janet, en cambio, la da a Yadiel pero no le da como Papo le da a ella ni como Yadiel en ocasiones parecería capaz de darle a Janet, sino que la da desde una vulnerabilidad cabrona, diría ella, que hace al público reír como el personaje de Frenchy hace a la gente reírse. O como la canción de Falo cuando uno la escucha ahora, veinte años más tarde. Aunque Janet no se reiría. Janet se empezaría a mover, porque el cuerpo de Janet solo sirve para bailar. Y para limpiar. Aunque, según Cristina, ni eso hace bien.

Janet es una víctima. No en el abstracto, sino de la violencia de género. Total de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas desde el 1992: 606. Eso es sin contar las de este año y el año pasado. En la obra Janet muere víctima de dos disparos a manos de su pareja. Ella describe el suceso como algo “cabrón” y como es ella la que lo dice, con su cara y su cuerpo y sus manerismos de yal, pues se hace difícil entender que lo que dice Janet cuando relata cómo la mataron es serio, y algunos no podemos contener la risa.  Entonces uno empieza a reflexionar acerca del uso y el valor de los diversos cuerpos de los personajes en la obra: el del exprisionero político, el de la blanquita y el blanquito, el del tirador de drogas y el de la yal. ¿Para qué sirven y cuánto duran? ¿Cómo y quienes llegan a tocarlos? ¿Qué significa bailar para cada uno de ellos? ¿Quién los manda? Al exprisionero político lo mandó la ley de la patria. Al blanquito y la blanquita los manda el blanquito. Al tirador de drogas lo mandan las condiciones sociales o el blanquito, que es lo mismo. A la yal la manda quienquiera que tenga una canción para cantarle. Hasta en la cárcel se puede cantar.

Janet es una revolucionaria. Hace el único comentario políticamente esperanzador de la obra cuando le dice a Cristina “Tú y yo somos la misma cosa.” Es esperanzador debido a la indignación que lo inspira, uno. Y dos, porque en una obra donde se entrecruzan y se malinterpretan los motivos y mensajes políticos una y otra vez, el comentario de Janet demuestra una conciencia política cabrona, diría ella. Al momento de  enunciación, Cristina botaba a Janet y a Yadiel de su casa. Janet la manda pal carajo. Al hacerlo, la yal hace un comentario acerca del control de los cuerpos de dos mujeres que no suponen tener nada en común fuera de los contornos del trabajo doméstico, el cual depende del paso imperceptible del  cuerpo desvalorizado y sumiso de una de ellas, por la casa que habitan los cuerpos que verdaderamente cuentan y valen y mandan. Solo que el cuerpo de Cristina ni vale ni manda tanto como ella pensaba. Eso le dice Janet al salir, fuera de broma, desde la vulnerabilidad extrema de una mujer que se las juega todas, abandonando el único trabajo que tiene. Se va y se va a morir, cierto. Pero sale de la casa dispuesta a lo que sea, motivada por una musica interna.  En la obra suceden otras cosas, pero casi nada más importa.

Importó ella.



[1] Ahora que todo el mundo se refiere al teatro El Josco como El Shorty, ¿no sería más cool volver a llamarlo EL Josco? #Terrazoforever #nun-kkambies

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