18.3.14

Sinceridad y Política


El joven representante llega al campamento sin prensa ni escolta. Se une a un pequeño grupo que escucha a Jesús Cepeda hablar sobre la lucha cultural, sobre Arturo Alfonso Schomburg y una ley que requeriría la enseñanza de derechos civiles en nuestras escuelas. Cepeda se despide del modesto público y cuando se dispone a bajar de la tarima improvisada, ahí está el joven representante para ayudarlo con su tambor. Al rato posan para una foto. Luego el joven se sienta a jugar dominó con las y los amigos del mar en el campamento de Playas pa’l Pueblo en Carolina.

Yo lo observo a corta distancia y me parece…sincero. Me asusta mi primera impresión e intento pensar en otra cosa: ¿Cuántos años tendrá Cepeda? ¿Habrá trepado ese tambor solo? El cigarrillo es inofensivo porque el don está más sólido que todos los presentes. Excepto Erizo. Erizo está solidísimo. ¿Será la lucha? ¿O vivir en la playa? ¿Cuánta gente aún duerme aquí? ¿Y Tito? ¿Por qué nunca he aprendido a bailar bomba?

Miro de nuevo y hay una especie de mesa redonda improvisada a unos pocos pasos de la playa. Opto por ir a mirar el mar. Reflexiono acerca del daño aproximado que me ha causado ver la segunda temporada de House of Cards de un tirón. “No todos son Frank Underwood,” me digo, como un mantra. Frank Underwood mataría por oportunidades así: Llegar de imprevisto a un espacio de protesta social, “conectar” con la gente, lucir selfless mientras posa para selfies grupales. El mar es inmisericorde. No me deja pensar en nada más.

De vuelta al campamento, escucho a Benito hablar sobre un posible viaje a Cuba. Un muchacho afina una guitarra. Un don le dice a Erizo que la bandera en la tarima está al revés. Me ofrecen comida. En el interior de la caseta están hablando de Cepeda, de todos nosotros: “primero muere por culpa de un político, que por el cigarrillo.”

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