8.3.14

Parkear un Maserati


Dónde carajos. Cosa de que no te lo guayen ni te lo rayen, o que vuelvas por él y no esté. ¿Cuántos Maseratis hay en Puerto Rico? ¿A cuántos niños o niñas le habrán puesto Maserati en Puerto Rico? Si yo tuviera un niño, le pondría Clemente por el pelotero y el poeta y por el hijo de otro poeta cuyo padre le puso Clemente because Clemente means merciful lee el poema que su padre le escribió. Yo le pondría Clemente a mi hijo por ese poema, que es lo mismo que ponerle un nombre de auto, en tanto los poemas y los autos se trabajan con las manos. Sonrío mientras escribo pues mi amigo Eddie— padre, poeta, aficionado a los carros— sonreiría también.

Si esto fuera un ejercicio de taller y el reto sería escribir un texto que conecte carros con poesía, escribiría que José María Lima echó todos los ejemplares de Homenaje al Ombligo en el baúl de su carro y le pegó fuego. Esto no es un hecho verídico, pero casi. Homenaje al Ombligo es más difícil de conseguir que un Maserati. Yo le pondría a mi hijo José si no fuera porque a nadie se le ocurriría pensar que es por un poeta. Le pondría Ombligo de no ser casi tan feo como ponerle Maserati. Decidido, se llamará Fuego—un pequeño homenaje a la poesía, los carros y todo aquello que los humanos trabajamos con nuestras manos como un lujo para luego destruir. Digo su nombre y siento que me quema la lengua. 

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