5.2.14

Prisiones y Privilegio


Esta semana El Nuevo Día publicó un artículo sobre los costos anuales de mantener a una persona en prisión. Actualmente hay sobre 12 mil personas encarceladas en la Isla. El reportaje incluye una lista de los 15 artículos que recibe cada reo de nuevo ingreso. Entre ellos, un pantalón, una camisa, un mattress, una almohada, un cepillo de dientes, dos boxers. El Departamento de Corrección no provee medias ni zapatos. El reportaje, me parece, responde al repentino interés de la prensa en las prisiones locales debido a la encarcelación de Pablo Casellas  y la información que se ha diseminado en torno al supuesto trato preferencial que recibe.

El costo total de los 15 artículos es poco más de cien dólares. Lo más caro es el mattress. Repaso la lista y hago en mi cabeza el siguiente ejercicio: ¿zapatos o camisa? ¿mattress o libro? ¿cepillo de dientes o música? Me imagino en una isla desierta luego de haber optado por el libro o por un par de zapatos. Se me hace relativamente fácil imaginarme la vida allí, con tan solo el sonido del mar para hacerme compañía. Admito (estúpidamente, lo sé) que la imagen me provoca paz. Paso a la segunda ronda del ejercicio: ¿una isla desierta o una cárcel? Pierdo mi paz. Cabe señalar que el libro en cuestión es el manual del confinado. Que la música que se escucha tras la rejas es inevitablemente interna (no me consta, lo imagino).

En la cobertura mediática del encarcelamiento de Casellas, hay una pregunta que se repite: ¿Cómo podrá acoplarse una persona como él a la vida en prisión? Esto, en clara referencia a su procedencia de clase. La pregunta  me incomoda pues convendría hacérnosla en torno a cada una de las más de doce mil personas que viven tras las rejas en este país y sin embargo, no se hace. Quiero decir que en nuestro contexto socio-político actual es un privilegio ser objeto de semejante cuestionamiento, a partir del cual el espacio de la cárcel se abre para indagación y reflexión. Quiero decir que debe bastar con ser persona, para que alguien se preocupe y se ocupe de preguntar cómo podríamos acoplarnos a la vida en una prisión.

Hay 37 cárceles en Puerto Rico. Convendría preguntarnos ¿cómo y por qué nos hemos acoplado a la vida con ellas? Hago la pregunta desde el afuera de cada una de las cárceles de mi país porque intereso indagar acerca del tipo de vida que estamos dispuestos a aceptar (y/o fomentar) para los y las que residen allá dentro.

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