3.2.14

Phillip Seymour Hoffman, actor


Soy freak de las edades de muerto de mis héroes. A manera de ejemplo, cumplo 36 el año próximo—la edad que tenían Alejandra Pizarnik y Bob Marley cuando murieron. Mis 40 serán de Frank O’Hara. Los 46 de David Foster Wallace, Héctor Lavoe y ahora, Phillip Seymour Hoffman. Maelo murió con 55. Cuando mataron a Tupac Shakur, a sus 25 años, el reconocido productor, músico y compositor Quincy Jones dijo:

The tragedy of Tupac is that his untimely passing is representative of too many young black men in this country....If we had lost Oprah Winfrey at 25, we would have lost a relatively unknown, local market TV anchorwoman. If we had lost Malcolm X at 25, we would have lost a hustler named Detroit Red. And if I had left the world at 25, we would have lost a big-band trumpet player and aspiring composer--just a sliver of my eventual life potential.”

Con dos años más, Tupac hubiera muerto demasiado temprano junto a Jimi, Janis y compañía. Ante la muerte de Hoffman—quien tuvo dos décadas más de vida que Tupac, una más que Pizarnik y Marley, y seis años más que O'Hara—siento que veinte años hacen que uno haga las paces con la vida en tanto y en cuanto uno, con el tiempo, aprende a reconocer que ella te ha hecho posible vivir en comunión con las obras, los proyectos y haceres de gente talentosa y bella. Pero entonces la muy sucia te los quita y uno comienza a desear— a saber por cuánto tiempo—no haber llegado a la edad de Jimi, de Janis y compañía. De momento, llegar a tener la edad de Maelo se torna en algo de muy mal gusto. Descabellado.

A mí me gustaba cuando Hoffman se rascaba la cabeza o cuando sus personajes pasaban trabajo para decir algo que supone ser muy sencillo de articular pero que a la mayoría nos cuesta hacerlo. De eso consiste el arte, supongo—de diminutos actos de solidaridad, seguidos de algo maravilloso. La vida es el opuesto al arte. Consiste en diminutas pérdidas, seguidas de una más grande.


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