9.2.14

Historias de Padres e Hijos


El hijo tenía intencionado quitarse la vida, pero al día de hoy sobrevive a su padre, quien murió de un disparo en el pecho. Según la nota periodística, el muchacho, quien sufre de trastornos mentales, sacó un revolver. El padre intentó quitárselo. Recibió un impacto de bala y murió. Todo empezó cuando el hijo preguntó a su novia y a su padre: “¿Quieren ver algo espeluznante?” Todo empezó antes cuando el padre del muchacho y la novia coordinaron para hablar con él acerca del comportamiento del joven de 21 años. Luego de matar al padre, el muchacho se propinó un disparo en la cabeza. Se encuentra en Centro Médico. “Su pronóstico es reservado.”

Previo a ser sentenciado, un convicto declara en corte abierta: “Ante ustedes, ante Dios, ante las cámaras de Puerto Rico, pero sobre todo ante mi padre, mis hijas, mi hermano y mi cuñada,...yo no maté a mi esposa Carmen.” Llama la atención el orden de quienes él escoge como testigos principalísimos de su declaración. ¿Por qué el padre sobre todas las cosas? ¿Por qué sería ese el vínculo definitorio de quien, próximo a perder su libertad por el resto de su vida, comparece ante la comunidad de la cual es parte para declararse inocente una última vez? Se trata de un hombre de 49 años, viudo, padre de familia. Y, sin embargo, quien habla ante las cámaras de Puerto Rico no ha dejado de pensarse como el hijo de su Padre, sin más.

La primera historia debe leerse desde una perspectiva de salud mental. La nota periodística lo sugiere. La segunda también. No me refiero a si se debía o no atribuirle responsabilidad criminal a Pablo Casellas por el asesinato de Carmen Paredes, sino a cómo el “Caso Casellas” es la historia de un padre y su hijo—de dos hombres adultos que a todas luces no pudieron (o no quisieron) reformular/transformar/romper ese vínculo a través de los años y el vínculo se hizo vicio. Es una historia de poder y privilegio, de violencia de género, de discrimen racial, de interferencia indebida con procesos policiales y de la supuesta venganza del sistema y de la gente. Pero, más que nada, es la historia de una relación no saludable, que cobró una vida, captó nuestra atención, fue (sobre)castigada y aun así pasa desapercibida. De ahí que mientras las acciones del hijo eran ampliamente repudiadas por la mayoría, las ejecutorias del padre para “sacarlo” fueran justificadas por muchos. Pues, al fin y al cabo, “es su papá. Yo también haría lo mismo.”

No es lo mismo arriesgar la vida propia para salvar la vida de un hijo, que vivir la vida dispuesto a arriesgar todo y todos los que abunden en ella para que el hijo nunca asuma responsabilidad, no corra ningún peligro. 

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