19.2.14

Diarios


Estoy leyendo el Antidiario de Prisión de Elizam Escobar (QeAse, 2013) y un librito de la sabiduría de Charlie Brown, por Charles M. Schulz. Ambos tratan en gran medida sobre la soledad. Pauso para echarle un ojo a una nota sobre los diarios de Phillip Seymour Hoffman encontrados en su apartamento. Fuentes anónimas revelan que en ellos escribió sobre los demonios de la drogadicción. No jodas.

En el 1988, Elizam escribía sobre los demonios del encarcelamiento. Lo asombroso es que escribió sobre otras cosas. Sobre la dificultad de pensar, por ejemplo. En su diario, transcribe poemas de Baudelaire además. Anota cuánto corrió, por cuánto tiempo le dio al saco. Cuenta cuando los guardias correccionales cuentan a los reos en su pasillo. Si la cuenta no da a cien, tienen que contar de nuevo. Cuenta que tiene tos, que ha estado pintando. Que le enviaron dinero. Que le cuesta pensar.

“How can we lose when we’re so sincere?” pregunta Charlie Brown luego de una monumental derrota en el terreno de juego. Cuenta Elizam:

“Es raro que el pensamiento juegue consigo mismo. Es tierno ver a un niño jugar solo. Es triste ver a un viejo hacer lo mismo. Cosas de la edad. Cosas de la tristeza y el dolor del ser. Pero cuando el niño y el viejo se juntan y pueden jugar surge la magia. No hay magia en el aislamiento.”

Hay agotamiento en el aislamiento. Hay una admisión de falsa sinceridad en ambos términos: miento. Aun así Elizam se atreve a afirmar: “mi pensar no me engaña.”
¿Y qué de su penar? “It’s hard on a face when it gets laughed in.” No me jodas, Charlie Brown.

“Hay torpeza en la escritura.” De acuerdo, pero lo que intereso saber es si hay algo más allá de su corteza.
¿Otras capas? Cuéntame cuántos barrotes en tu celda.

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