25.1.14

Otro Comentario acerca del Veredicto en Pueblo v. Casellas


¿Qué asesino convicto es más detestable: Pablo Casellas o Alexis Candelario? ¿Qué jurado estará más al garete: el único individuo que optó por no responsabilizar a Casellas del asesinato de su esposa o la solitaria mujer que se rehusó a condenar a Candelario a muerte?

En atención a la primera pregunta, cuatro más: ¿Por qué Casellas nunca ha servido de vivo ejemplo de la supuesta crisis de valores en la sociedad puertorriqueña? ¿Por qué los hijos de juez aún somos vistos como niños bien en lugar de sospechosos a priori, a partir de nuestra crianza, nuestro contacto previo con armas de fuego, autoritarismo, macharranería, racismo etc? ¿Cuánta gente de Torrimar se sentó a la mesa con Pablo previo a su arresto? ¿Cuánta se hubiese sentado con Candelario aunque el hombre se hubiera dedicado a la sanación de enfermos en lugar del narcotráfico?

En atención a la segunda pregunta, sólo una observación: disentir en Puerto Rico es una tarea híper-arriesgada, incluso en espacios donde la ley necesita y por tanto exige de los ciudadanos que piensen por ellos mismos.

Cuando me toca pensar acerca de los procesos judiciales en mi País, cuento los jueces y abogados con los que me senté a la mesa durante mi niñez, recuerdo que en la casa donde me crié había un revolver encima de la nevera, otro debajo de la cama de mis padres. Hablo de mí. Y sospecho que de Casellas también. De Candelario sólo sé lo que leí en la prensa cuando su juicio y condena. Aquí, entre líneas, hay un comentario sobre la administración de la justicia en Puerto Rico: la historia de la justicia en Puerto Rico se escribe sobre topes de mesa en espacios íntimos, privados, donde sólo los jueces y los hijos de jueces son invitados a pasar y sentarse.

Pregunto: ¿Hay algo más detestable que eso? 

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