13.12.13

Perder


i.

A la entrada dice, por lo bajo, que sus síntomas son dolor estomacal, diarrea, vómito. Lleva puesto un hoodie, sin pantalones. Su pon le dio un beso en la cabeza y lo entregó al hombre en la recepción. Hace un frío violento en la sala. Se me olvidó decir que al bajarlo del auto lo acomodaron en una silla de ruedas. El asiento del pasajero tenía manchones de sangre. El dolor estomacal puede ser producto de un sinnúmero de cosas. En este caso, de tres impactos de bala que recibió el día anterior. Lo escucho conversar con pacientes y dolientes. “No todos sabemos coger consejo,” dice a manera de diagnóstico. Su pon le dio un beso en la cabeza y se largó.

ii.

Hay listas despiadadas. Anoche salí del trabajo con una en el bolsillo que incluía “café,” “comida-perros,” “comida-nosotros.” Pero entre medio del trabajo y el súper, participé en una vigilia donde leyeron una lista compuesta de nombre-edad-causa de muerte-asesino. Todos los nombres eran de mujeres. Todos los asesinos eran hombres: el esposo, la ex-pareja, el vecino.

Un listado de género en mi País leería así: 1. Masculino 2. Femenino. En estricto orden jerárquico, según la cadena de causalidad del delito. Entiéndase, “hombre acuchilla/degüella/balea a mujer.” Claro, hay otros detalles relevantes, pero la lista recoge lo suficiente para comprender la magnitud de la pérdida.

Cada vez que intentaba aprenderme un nombre, la edad o la manera en que murió o la persona que la mató me cogía desprevenido y lo olvidaba de inmediato y tenía que empezar de nuevo con el próximo en la lista, inútilmente. Era despiadada, les digo.

En este país, unos despedazan a otras. Nosotros y nosotras las despedimos.

iii.

En la universidad donde enseño, un mal día te percatas de tres, cuatro muchachos por salón que ya no están. Ni en tus secciones ni en los pasillos. “Se fue para la guerra,” te dice una estudiante, sin ironía, en respuesta a tu pregunta: ¿A dónde el chamaco que se sentaba detrás de ti, que contestó a la pregunta de dónde tenía su cabeza metida durante la clase con una rima tétrica acerca del ABC de las AK-47? Es hora de traerlos a casa, le quieres decir, pero “casa” también es campo minado. “La uni es como un refugio de la calle, míster.” Lo dice seria, sin un hálito de alivio. De inmediato se retracta: “como una pausa.”

iv.

Los nenes mueren en la calle. Las nenas mueren en la casa. A menos que hayan salido corriendo de la casa hacia la calle en busca de ayuda, porque al llegar de la calle a la casa, algún nene las quiso matar.

El género de esta violencia es la fábula.

v.

café
baterías (control televisor)
jugo china
cigarrillos (no puedo)
comida-perros
comida-nosotros
agua (botella)
leche (cajita)
velas (vigilia)

(11/24/13-11/28/13)

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