29.12.13

Guaya Guaya: la novela reggaetón de la revolución


En la novela Guaya Guaya de Rafael Acevedo “[u]n grupo autodenominado Comando Nacional de Liberación Armada acaba de tomar el Banco Popular de la Avenida Barbosa y han tomado al menos seis rehenes. Fuentes cercanas han informado que el grupo pide la excarcelación de los llamados presos políticos.” (73) “Eso no es lo que pasó realmente pero a quién le importa lo que pasó realmente.” (68-69) Cito de la novela y yo que la leí puedo dar fe de que eso no es lo que pasó. Aunque lo del robo al banco es verdad y lo de los rehenes y Comando Nacional de Liberación Armada fue el nombre que el líder de la pandilla de asaltantes utilizó al ser contactado por las autoridades. ¿Entonces? Volvamos atrás. 
En la novela Guaya Guaya de Rafael Acevedo, Wiso, El Flaco, y Yakichán intentan robar el Banco Popular de la Avenida Barbosa con la ayuda de Maripili, que no se llama Maripili de veras, sino que se parece y durante el transcurso del robo, toman rehenes, utilizan la palabra Comando, intervienen los estatales y el FBI y el ATF, El Flaco muere, a Maripili la interrogan en el cuartel y habla de todo menos de la verdadera razón para el operativo criminal (Detalles sobre este particular más adelante). En el ínterin, un duo de reggaetoneros aficionados, que son parte del corillo de asaltantes, pero que no están asaltando, están grabando en un estudio de Bayamón. Se hacen llamar Bonzo y Seso. El nombre verdadero de Maripili es Rosa Nieves. Pero eso es sólo un detalle. No tiene nada que ver con la trama de la novela realmente. Con la trama de la novela tienen que ver el movimiento avasallador del capital global, la segregación de clases en Puerto Rico, el polvo del Sahara, el sol, la corrupción gubernamental, el colonialismo, la desesperación del hombre promedio, los prejuicios, la música urbana. Con la trama tiene que ver una línea de un poema del poeta alemán Bertolt Brecht que Wiso leyó, que habla sobre cómo los bancos son los verdaderos criminales. De su corillo, Wiso es el único con estudios universitarios. Wiso le escribe la letra a Bonzo o a Seso, no recuerdo. Ni Bonzo ni Seso entienden lo que Wiso escribe. Wiso tira drogas frente a la casa de la mamá del Flaco. Wiso se tiró a robar un banco por una mujer llamada Zoé. Por ella y por culpa del capitalismo global. Por ella y por haber sido Wiso el único en su barrio que estudió en universidad. Por ella y por recordar una línea de un poema de un poeta alemán que lo hizo ver una conexión entre su lugar en el mundo tirando drogas frente a la casa de la mamá de su amigo luego de haber dejado la universidad, y el rol que juegan los bancos y los gobiernos en la distribución desigual de riquezas internacionalmente.
Esto no es exactamente lo que pasó tampoco pero se asemeja más a la trama que, como dije, no tiene nada que ver con Rosa Nieves, a quien llaman Maripili, porque se parece, y quien con su parte del dinero, pensaba hacerse las tetas, pero la pillaron y terminó contando todo excepto los verdaderos motivos del robo porque jamás entendería los motivos de Wiso, quien tampoco los entiende, pero los intuye y cito:
Ella no va a decir que la idea de Wiso viene de un poema de Bertolt Brecht que leyó una vez. El plan le viene de los miles de millones que creó del aire la reserva federal para salvar a los bancos. La indignación callada le viene de que a los bancos no hay quien los toque y que uno paga por los crímenes de los bancos. Yo tampoco lo voy a decir. No es una idea muy articulada. No es un plan muy bien concertado, es una especie de locura, pero lo demás es más locura.” (122)

Lo demás son los medios que desinforman en vivo desde la escena del crimen, y los agentes locales y federales que los tienen rodeados, y el fallido intento de escapatoria en el Mercedes rojo de la rehén, Paula Marte, quien seguro no entiende a Wiso cuando Wiso le dice:
Y eso es la vida de nosotros, Paula. Es esto o irnos a Kissimmee. Se lo llevan todo, Paula, se lo llevan todo. Pero la gente protesta si en los caseríos ponemos piscinas plásticas para aliviar el puto calor. Se encabronan si tenemos celulares mientras los ricos se lo llevan todo.” (114)

Lo demás es que adentro y afuera del Banco Popular de la Avenida Barbosa todo suceso es sacado de proporción. No es un comando, son tres tipos random robando un banco. No son seis rehenes, son dos. No son artistas urbanos, es un par de infelices en un estudio de grabación en Bayamón. No es Maripili es Rosa Nieves. Pero todos la miran porque se parece. Porque bajo este sol, cualquier cosa que nos distraiga del sinsentido de vivir sin poder llamar al capitalismo global (o al aparteid o al colonialismo) por su nombre es bienvenida, aunque no tenga sentido tampoco.
De ahí que Guaya Guaya recuerde a Un Pequeño Lugar de Jamaica Kincaid, donde según la autora, “todo nativo de toda parte del mundo vive una vida de una banalidad sobrecogedora, de aburrimiento y desesperación y depresión, y cada acto, bueno y malo, es un intento de olvidarse de ello.” (18) En particular, olvidar el hecho de que no pueden vivir adecuadamente en el lugar en que les ha tocado vivir. La autora dirige esta hermosa y contundente diatriba al turista americano/europeo, al turista blanco que insiste en visitar islas como Antigua (como Puerto Rico) para mirar a los y las nativas en su banalidad y su desesperación, que al fin y al cabo son mucho más coloridas y simpáticas que las propias, y le pregunta si alguna vez se ha preguntado por qué gente como ella y ellos, de lugares tan pequeños como ese, ponen bombas (o, en este caso, roban bancos). Y Kincaid, que no contesta la pregunta así como así, habla de la inhabilidad de los y las habitantes de su pequeño lugar en el mundo a llamar las cosas por su nombre—de no poder decir racismo, corrupción gubernamental, opresión, colonialismo, capitalismo global. Habla de cómo en un pequeño lugar, y cito, “ las personas cultivan eventos pequeños. El evento pequeño se aísla, se saca de proporción, se le da vuelta, y se absorbe dentro de la cotidianidad, cosa de que en cualquier momento pueda salir de la boca de los habitantes. Para las personas en un pequeño lugar, todos los eventos son domésticos; las personas en un pequeño lugar no pueden ver que podrían ser parte de una cadena de algo, de cualquier cosa.” (52-53)
Robar un banco es un evento pequeño cuando se le compara con los grandes robos de personas y países y riquezas en la historia de la humanidad. Ni El Flaco, ni Maripili ni Yaquichán, ni Wiso realmente saben de la historia de la humanidad. Digo, son humanos. Digo, son parte de la historia de esta novela que narra una parte pequeña de la historia de un pequeño lugar en el mundo cuya historia incluye montones de robos más grandes que el robo del Banco Popular en la Avenida Barbosa. No obstante, el narrador opta por narrar el robo del banco como si este pequeño evento tuviera su raíz en una cadena de eventos mayores, que conectan a personas y países y riquezas. Quiero decir que el robo del banco es un evento pequeño pero político. Que Guaya Guaya es una novela pequeña y política y reggaetonera. E histórica, para colmo. En tanto trata de un robo en la larga cadena de robos. De un robo y una revolución. Me explico.
En ella, Rafa Acevedo narra los infortunios de una súbita y desarticulada radicalización política. A la mala. Ausente de proyecto a corto, mediano y largo plazo. Sin hombre nuevo, con los tipos y tipas que estén [Wiso, El Flaco, Maripili, Yakichán]. Sin importar las razones de cada cual para estar. Importa que están ahí. Sepan o no en qué se hayan metido. Encuentren o no una forma de salir. Es una radicalización libre de la retórica, de la consigna y la pancarta. Se trata de la instancia de activación política más pura, que surge de la molestia, y desesperación de un tipo cualquiera a partir de su lectura de una línea de un poema que no pega con nada de lo que sus secuaces tienen en la cabeza porque no tienen nada en la cabeza y un poema es más que nada, es la nada sumada a la idea loca que aparece en la cabeza de ese tipo de que él no habita un simple pedazo de tierra, un trocito de país aparecido, a saber cómo, en el medio de la nada que podría ser el mar. La idea loca de que las cosas que suceden en su país de origen no suceden porque sí, aisladamente, sino que son parte de una cadena de eventos a nivel mundial, diseñados para joderlo a él y a gente como él. ¿Cómo no robar un banco?
La novela es, en efecto, el tratado literario más divertido y contundente—aunque disimulado— de las posibilidades que tiene la oposición política en el País en tiempo presente. Parecería sugerir, con su atractiva mezcla de humor y hastío, que la revolución será un al garete, o una muy mala idea puesta en función por un grupúsculo de títeres y atorrantes sin ideal político alguno, o un error fatal en el sentido de que morirá gente, inocentes y culpables, muy valiente y estúpidamente, o un evento pequeñito en un país pequeñito que acaparará la atención de sus habitantes por unas breves horas en un día de sol y polvo para luego quedar en nada, no obstante será—el difícil fruto de la banalidad, y la desesperación y el humor y el hastío. Salga como salga, aunque jamás tenga posibilidad alguna de triunfar. Pues no se trata de obtener una victoria. Desde Zizek, se trata de repetir la hazaña fracasada una y otra vez . Cada vez más y mejor fracasada. A lo Samuel Beckett. Aunque Beckett no era alemán. Era irlandés.
En palabras de Wiso, “Hay que dar un golpe que quizás se reciba en la propia cara. Despertar.” (155)  

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