21.12.13

Cinco días en lo que le quedaba de vida a mi abuela


Lunes. “Es parte de su proceso de muerte. Lo normal.” Se refiere a la temperatura de sus manos. Yo miro la foto sobre la mesita de noche: Él la agarra por la cintura, ella sonríe de manera coqueta. La coquetería es ajena a este proceso. La doctora mira, dice y se va. Gracias, doctora. Muy amable. “Muy amable la doctora,” repetimos todos apiñados en el cuarto. Yo le froto las manos intentando despertar su mal genio. Pero ella no responde. Sus manos primero estaban muy calientes. Ahora están muy frías. Lo normal. Tampoco abre los ojos, ni responde a su nombre, ni a una canción muy mal cantada por mi mamá que no sabe cantar, pero dice que a su mamá siempre le ha gustado escucharla cantar— así que Yvonne canta. Eso también es parte del proceso. “A que le saco una sonrisa,” dice mi madre con la coquetería de la mujer en la foto.Yo no sé cuál es mi parte en todo esto. Pienso que nadie extrañaría la foto si me la llevo. Preferiría pensar que es ella la que no me suelta.


Martes. Inventario relámpago de los topes de mesa en el cuarto de mi abuela:

Panadol
Peptobismol
Sertraline
Alprazolam
Risperidone
Temazepam
Dry Mouth Spray
Dologesic
Mineral Ice
Nivea Touch of Harmony
Neosporin
Nivea Extended Moisture
Cetaphil
Desitin
Zantac
Xanax


Miércoles. Si el celu no suena de madrugada quiere decir que mi abuela aún sigue respirando con no poca dificultad. Hago café. Pongo ropa a lavar. Riego las plantas. Ninguna de estas cosas me hace pensar en ella. Son las tres mejores cosas para hacer en el día de hoy. Las peores: respirar, abrir los ojos, cerrarlos.

Jueves.

Es cuestión de horas.
Días.
Es cuestión de días.

De horas nuevamente.


Viernes. ¡Ita no quiere morir! Pero cuesta entenderlo como algo bueno.


Sábado. Murió. A la 1:50am en el cuarto que compartía con mi abuelo. Él murió en la casa también, pero en otro cuarto—donde los nietos jugábamos a no estar tan aburridos visitando a los abuelos. Cuando mi abuelo se enfermó, dormía en el último cuarto a la derecha. La casa tiene cuatro: en el que murió mi abuelo, en el que acaba de morir ella, y dos más en los que nadie ha muerto. 

Cuando mi abuela murió es una frase nueva en mi vida, una manera de traer a memoria un suceso que aún no comprendo del todo porque acaba de pasar. Está pasando. ¿Qué me pasa?

Se llamaba Annie. Escribía muy lindo. Cuando mi abuelo murió, colocaba toda su correspondencia en el lado izquierdo de la cama y dormía en el derecho. Tuvo tres nenas y dos nenes. Completó sus estudios universitarios durante la segunda guerra mundial. Cuando salió mi primer libro, compró diez ejemplares. Tuvo un convertible a los 16 años y muy mal carácter. Y yo la amaba mucho. Cuando optó por no salir de su cuarto y esperar a morir, era muy fácil olvidar que existían otros cuartos en la casa y en el mundo. Era muy difícil entrar a ese cuarto en particular. Pero hoy ella sale. 
 
Domingo. En la fiesta hubo ron, whiskey, cerveza y un ataúd donde antes había una mesita con dos butacas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario