23.11.13

La marcha


El gobe no llegó. Ni Oscar. Oscar estaba excusado. La excusa de Oscar es que había un nene marchando de la mano de su mamá con una pancarta chiquitita en construction paper verde, pegada a un palito de payco que decía “Libertad para Oscar” con dos a. Y Oscar decidió que había más que suficiente belleza sobre la brea en este sábado de sol y que mejor pasaba el tiempo a solas considerando cambiarse el nombre a Oscaar.

Brillante idea esa de sumarle una “a” al nombre del hombre que el chico escribió como nadie ha escrito nunca. Con una demasía necesaria. Bienvenida, para que el nombre mismo del hombre que deseamos tener cerca albergue la urgencia de gritarlo en las calles hasta que vuelva.

Yo le sumaría una “a” por cada año de cárcel. Le sumaría una “a” por cada año de vida. Una por cada año mío, y una por cada paso que dimos cada uno de nosotras y nosotros en la marcha de hoy, hasta hacer de su nombre un grito agónicamente largo, plural, esperanzador.

El nene tenía tenis que encendían una luz pequeñita cuando pisaba. 

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