13.10.13

El Fenómeno perdió. Y ganó. Pero, perdió. Y también ganó.


¿Quién sabe más de boxeo, un activista LGBTTQ o un homofóbico empedernido con HBO? Esa podría ser la premisa para un episodio de Celebrity Death Match. Eso lo daban en MTV.
HBO es Home Box Office.
MTV es Music Television.
LGBTTQ es otra victoria moral para la causa en la forma de un knockout sufrido por el primer boxeador abiertamente gay en subir al cuadrilátero. ¡Victoria para la Historia! Excepto la parte en que lo tumbaron. Todo lo demás fue gloria para la patria y el deporte, argumentan activistas aficionados y demás cibernautas, con razón. “¿De cuando acá la patria es pata?” le pregunta un fan a otro esperando para cruzar la Ponce de León en Miramar. “Mariana Bracetti se estará revolcando en su tumba.” “Mariana Bracetti es el nombre de la calle en Río Piedras donde escupí ayer,” me siento tentado a decir, envalentonado por media cartelera de box en el sistema. Pero callo, porque para defender al Fenómeno Orlando Cruz no hay porque recurrir a palabras de riña. Aunque los boxeadores usan palabras de riña todo el tiempo. Corrección: Mariana Bracetti hizo la bandera de Lares, no la de Puerto Rico. Rewind: ¿De cuando acá la patria es pata?” le pregunta un fan a otro esperando para cruzar la Ponce de León en Miramar. “Mariana Bracetti se estará revolcando en su tumba.” “Morones, de acuerdo a Wikipedia, la autoría de la bandera puertorriqueña ha sido objeto de un 'acalorado debate.' Ilústrense antes de ponerse a hablar mierda entre ustedes.” Pero callo, porque para defender al Fenómeno no hay que saber todos los detalles de nuestra historia como pueblo. Basta con gritar “¡mátalo!” en su próximo combate y aplaudir cuando gane. Y ondear su bandera en el coliseo y en la cancha y en el parque y en el capitolio y en fortaleza. Hay que no ver boxeo, o verlo. Después de todo, desde una perspectiva de activismo político, el boxeo es lo de menos. Otro escenario para la lucha. Pero desde una perspectiva de aficionado, el boxeo es todo. Así que más le vale al Fenómeno que gane la próxima. Y que venga el próximo fenómeno. Que no lo dejen solo.

Oye, no es por na, pero El Fenómeno se veía fenómeno en el pesaje. Eso no es un comentario homoerótico porque es boxeo y en el boxeo los hombres pueden mirar y apreciar los cuerpos de los boxeadores, si no el deporte sería no más que una gran excusa para que hombres straight se liguen a otros hombres straight—¡vaya dulce ciencia o ciencia de la dulzura, ampárame señor!-- y el deporte es tanto más que ese hombre posando en una tanga arcoirisada. ¡Siento que se me eriza la piel! ¿Eso se puede decir?
Al día siguiente, cuando lo tumbaron, sentí ganas de levantarlo y curarlo.
Dichosas las manos del médico.
De su entrenador.
Del masajista.
Hasta de su contrincante.
¡Alabao!

Ver boxeo con gente gay tiene que ser terrible.
Todo lo que le grites al otro es “discriminatorio.”

Ver boxeo con gente gay tiene que ser una maravilla.
Nadie sabe más de boxeo que tú.

El boxeo tiene una larga historia de activismo político. Y de daño cerebral. Y de tristes historias de superación. Y mucha corrupción. Y de lucha de razas. Y de esperanza. Y de breves momentos de visibilidad para países irrelevantes a escala mundial. Y de nacionalismos pendejos. Y de machismo y violencia. Y de dinero para quemar. El boxeo tiene una larga historia de deseo. Y de fortunas. Y de las ganas de ver un hombre desplomado sobre la lona. De ver a un hombre triunfar. De enviar un mensaje con el cuerpo. De callar y ver el cuerpo caer. De abrazar al cuerpo en victoria. De mirar. De decir que lo que ocurrió en el cuadrilátero trasciende el cuadrilátero. De que cada golpe contra el cuerpo del contrincante es un golpe contra el sistema. El boxeo tiene una larga historia de hacer historias y celebridades a las que aferrarse. De dar ganas de luchar. De impartir lecciones de disciplina y dolor. El boxeo tiene un gran dolor como Historia malamente repartido entre países y razas y poblaciones dispersas. Y de belleza. Y de una pelea en la cartelera que lo cambiará todo dentro y fuera del ring. Y todo se queda igual. Excepto

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