20.10.13

Drexler en Puerto Rico

Había tantos hipsters en el concierto de Drexler que parecía un concierto del Macabeo. En la tarde fui al cumpleaños número dos de mi primita. Tuve una conve con un primo lejano, médico de profesión. Le pregunté si se va o se queda. “Me quedo, al menos por hoy. Pero sólo si puedo vivir en burbujas como ésta.” Me tumbé dos snickers mini y un chicle bazooka de las bolsitas de cumple. “Burbuja” es una palabra punzante.

Al llegar al teatro de la universidad me di cuenta que dejé mi bigote y mi sombrero de Remi. Reconocí fácil 50 amigos de Facebook que no conozco. ¿Saludar o pichar? Piché. Todos tenían bigote y/o sombrero y/o chaqueta y/o chalina y/o lazito. Yo tenía una camisa amarillo pollito y ganas de ver al Macabeo y repartir sobrecitos de ketchup entre las y los presentes. Drexler canta bonito. Hasta ahí mi reseña del concierto. Yo tenía una canción de Jamsha pegá y no hubo forma de no soñar con su intervención sorpresa en cualquier momento.

No hubo sorpresas. En el cumple hubo bizcocho y chorrera de agua en la grama. Hubo conversaciones incómodas con familiares desconocidos a los que saludé por obligación o porque no los pude evadir a tiempo o porque me acorralaron. Todos tenían bigote y/o sombrero y/o chaqueta y/o chalina y/o lazito. Hablamos de cómo ninguno tenía al otro de amigo en Facebook. 

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