31.10.13

Oh happy day


¡No hay Super! ¡Hay pari! El criminal es criatura de la oportunidad. Y de sus circunstancias. Pero la policía no maneja circunstancias. Responde a incidentes según reportados por radio, 10-4. Escuché en la radio que renunció el superintendente de la policía. Hoy puede ser un gran día. En agenda: robar un banco, dormir en un banco, desesperarme en la fila del banco y causar un disturbio.
Mis circunstancias al día de hoy son de extrema felicidad ante la renuncia de Héctor Pesquera, luego de cerca de un año de especulación acerca de si quería el Super quedarse de Super, y por cuánto dinero. La industria de la seguridad pública es criatura de la criminalidad, que a su vez es criatura de las ganas de guisar cómo se pueda. Y de las circunstancias. Las circunstancias bajo las cuales las personas típicamente renuncian a sus empleos son: falta de remuneración adecuada, falta de reconocimiento por la labor realizada, falta de consideración para con su persona y sus circunstancias. Pesquera renunció por ninguna de las anteriores.
La seguridad pública y la criminalidad en Puerto Rico son industrias del misterio. El misterio es criatura de la falta de transparencia en los asuntos del bajo mundo y en los asuntos del gobierno. Cuando el funcionamiento del Estado se asemeja al funcionamiento del bajo mundo, podríamos decir que vivimos bajo el control de un Estado criminal.

Típicamente, cuando pensamos en criminales, no pensamos en ellos como profesionales del delito, capaces de renunciar a sus labores en cualquier momento, por cualquier motivo. Admito, sin embargo, que las razones por las cuales renunciaría un criminal son un misterio para mí. ¿Acaso problemas con la policía?

No es fácil adivinar lo que pasa por la mente de un criminal. Quizá por eso la policía aquí tiene tan poco éxito combatiendo el crimen. A veces no sé si el crimen aquí se combate o si hace tiempo que la policía y los criminales se pusieron de acuerdo y declararon empate.

30.10.13

La Secta de los Perros


i.

“¿Conoces de Manuel Abreu?” Por lo general, los emails que envía mi tío sólo contienen enlaces a artículos que, piensa, serán de mi interés. Un ejemplo: “Don't burn your books-Print is here to Stay” del Wall Street Journal. Otro: “You won't believe your eyes.” Ese nunca lo abrí. A veces me envía citas de personas famosas— ex-presidentes americanos, for the most part. Subject: “A notable quote.” O chistes: “Fw: A pastor's ass.” Casi nunca contesto. Hoy es la excepción:
-¿Adorno?
-Sí.
-Seguro. ¿Por qué?
-Era de mi clase. Ignaciano.
Casi todos los hombres de mi familia estudiaron en San Ignacio. Dos tios y dos hermanos. Cinco primos. Y yo. It's like a thing with them/us. Este año son los cuarenta años de la clase de mi tío y de
-¿Adorno? ¿Ignaciano? ¿En serio?
-Yes sir.
Una cita notable de Manuel es: “dramatizaba en exceso sin comprender, sin haberme adentrado a los mecanismos secretos que regían mi propia vida.” En San Ignacio su vida, como la mía, estuvo regida por Jesuitas (y elitismo y macharranería, entre otras cosas). Murió en Paris a los 29 años. Cuando conocí este dato, yo tenía 25 y me di cuatro años más para escribir algo verdaderamente significativo. Sigo en esas.
Le pregunto a mi tío qué recuerda de él. Me lo describe físicamente a los 16, 17. No dice más. ”Era pequeño.” ”Y Grande,” respondo yo.
Me pregunta cuán importantes son sus libros.
-Rigen mi vida.
-Qué dramático.

(4/17/13)

ii.


Hace unos años un poeta joven local se copió la foto de portada de Invitación al Polvo. Hizo una “reintepretación,” me corrige un amigo en común. En la portada original aparece Manuel Ramos Otero vestido de negro toqueteando la escultura fúnebre de un ángel. “Aferrado a,” me corrige de nuevo mi amigo. En la portada del primer libro del joven poeta, aparece el poeta descamisado a punto de besar a otro ángel funerario. Le toca una “boobie” además. Confieso que “boobie” me hace reír. Ramos Otero no.
La tercera sección de Invitación al Polvo se titula “La nada de nuestros nunca cuerpos.” Es una línea del poema “La Nada” de Julia de Burgos. Julia de Burgos murió de pulmonía en un hospital en Harlem. Ramos Otero murió de Sida. Lo único feliz en Invitación al Polvo es el cuerpo de José—sus manos, dedos, brazos, hombros, labios, besos, ojos, su pelo todo en las manos del autor. Y sin embargo todo eso quedó en nunca, nada.
Cuando uno es poeta joven, uno muere por escribir como sus escritores favoritos y se encierra en el cuarto a hacer reinterpretaciones de sus trabajos. “Plagios,” dice mi amigo. “Plagas,” digo yo.
“Ábreme la puerta, que vengo bordado de alacranes, que anoche soñé.” A quién se le ocurriría tocar a una puerta de polvo. ¿José también murió? Confieso que pensarlo me hace sufrir.
Digo “boobie” y me río.

(6/7/13)

iii.


Lunes, primer día de clases en la universidad. Río Piedras está gris. El hombre se detiene frente a la sección de poesía en La Tertulia. Sorprende porque no hay novedades en la sección de poesía de La Tertulia desde que La Tertulia abrió sus puertas. Sorprende además porque el hombre lleva gafas y boina y chaqueta. Y nada combina. Pero su mala combinación es perfecta.
Pide un café y toma asiento.No se ha quitado las gafas, ni la chaqueta, ni la boina. Sorprende porque parece sacado de una novela de Francisco Velazquez. Sospecho que es escritor, pero pienso que si le pregunto caigo en la trampa que me tiende con su atuendo.
Es curioso. Ningún escritor que conozco se viste así, mas si me invitaran a una fiesta de disfraces y optara por disfrazarme de escritor, me vestiría idéntico al hombre. En La Tertulia no hacen fiestas de disfraces. A diario se reúnen escritores a tomar café. Si me los encontrara en una fiesta de disfraces, dudo que irían vestidos de ellos mismos. Bueno, hay par que sí.
El hombre termina su café, se levanta. Parece sacado de las mentes de niños de escuela cuando imaginan a un escritor, sólo que vivo. Lo sigo con mi mirada hasta que sale, y le pasa por el lado a Rafael Acevedo como si nada. Los mejores escritores pasan desapercibidos.

(8/12/13)

iv.


Acabo de moderar una charla entre un joven escritor puertorriqueño y más de una centena de estudiantes universitarios. El joven se formó como escritor en prisión. Tiene 32 años, 14 de preso. Hoy cumple 28 días en la libre comunidad. Tiene un libro publicado. Otros tres en proceso. Tiene planes de estudiar trabajo social, de escribir y criar a su nena. Tiene una lista de cosas para hacer con su vida un día a la vez. Tiene un sombrero que coloca sobre la mesa para leer sus poemas en voz alta. Tiene un poco de miedo.
En la mañana de hoy descubrí que tiene el don de hablar en un auditorio y que estudiantes universitarios lo escuchen; de leer poemas y que muchachos se prometan hacer algo con su vida—palabras del estudiante que me persiguió a mi oficina luego de la actividad para preguntarme por qué todos los demás poemas que ha tenido que leer en su vida no poseen la magia de los poemas de Aníbal. No me lo dijo así. Mi estudiante me preguntó por qué la poesía toda era una mierda, excepto la del hombre—el chamaco, dijo—que agarró el micrófono para leer en la mañana de hoy. “No es que toda la poesía sea mala—mierda, dije—menos la de Aníbal, sino que la poesía necesitaba de Aníbal para llegar a ti.” “Pero, a mí no me interesa leer a nadie que no sea él.” “Claro, es normal. Uno le quiere ser fiel al escritor que lo hizo querer leer por primera vez. Pero no le serás fiel para siempre. Ya verás. Leerás a otros. Es imposible resistirse.” (...)“Esta es la primera vez que me alegro de no haber faltado su clase.” “Yo no sé cómo tomar ese comentario, pero tu alegría me alegra, supongo.”
Esta es la primera vez que escucho la voz de mi estudiante. Se lo debo a un poema. Gracias, Aníbal.

(10/28/13)

v.

Me sentí tentado a empezar la oración al estilo de los statuses de Facebook, escritos al estilo de los viejos anuncios de Mastercard que terminaban en “no tiene precio.” Empiezo, en vez, por el final. No tiene precio conversar en la universidad con un querido profesor que saca de su tiempo para contarte acerca del tamaño de las manos de Manuel Ramos Otero, y de como era un cascarrabias querido y querible, y de como el título original de Página en Blanco y Staccato sonaba a título de tesis de maestría en creación literaria. Uno quisiera hacer un listado de preguntas, someterlas por escrito y que el querido profesor regrese al otro día con sus respuestas, pero transa por lanzar una a la carrera. La menos pertinente, y la más sincera: “¿Y mis manos, también son grandes, profe?”
“Lo importante es que no tengan precio.”

(10/10/13)

28.10.13

Apología a Luis Rafael Sánchez


Los escritores jóvenes ya no quieren escribir como tú—heriste sus sensibilidades. Ultimamente, la única sensibilidad susceptible a heridas es musical. Cuando llegue la hora de despedirme de la isla, yo quiero High and Dry de Radio Head en mis audífonos, quiero Cuentos en Cuerpo de Camisa debajo del brazo, quiero a mi amor a mi lado y el odio de mis colegas en las redes sociales. Quisiera, además, mi edición de la Guaracha autografiada. Y una foto contigo para mi perfil de Facebook. O quiero Creep porque cuando llegue la hora de mi despedida, el País lucerá tan hermoso como luce hoy, y me dará rabia conmigo y con él, al decir adiós.

Si ésta fuera una columna tuya, la palabra adiós abriría una ventana discursiva a un registro exquisito de composiciones musicales, que a su vez tendrían al lector sangrando por la herida. Mientras escribo, tengo La Palabra Adiós de Tite Curert Alonso (canta Rubén Blades) en mis audífonos y mis heridas de hoy en orden ascendente son: vivir, vivir en el País, creer que hacer una vida en el País es posible a largo plazo, aplazar mi salida, sonreír críticamente en el ínterin. Creo que tu columna de ayer tenía algo que ver con esto. Pero según algunos de mis colegas, tiene que ver con prejuicios, insensibilidad y rechazo de aquellos y aquellas que deciden partir del País.

Chico, Wico (así te llaman los hombres mayores en Río Piedras que más me acuerdan a ti), mañana hay una lectura sin pausa de la Guaracha en la universidad y me temo que la lectura tenga que pausar por falta de quórum. Resulta que en el País no se puede hablar mal de agrupaciones de salsa ni de los giros discursivos que comunmente se utilizan para hablar de la vida en el País. Cometiste la segunda falta. Y es grave. La pena es largarte y que te tilden de hipócrita. La pena es retractarte y que nadie olvide. La pena es que nadie más quiera escribir como tú o peor, que todos escribamos como tú, pero que tú no existas en nuestra imaginación literaria.

Nada, que me gustó tu columna. Que no dice lo que otros dicen que dice. 

26.10.13

En los países de ley y orden, 22 horas por reloj


Los familiares de los detenidos en el Cuartel de Río Piedras (Calle Georgetti #50) llegan al cuartel con bolsas de servicarro. Con abrigos. La retén de turno no deja pasar los abrigos. (Deja pasar el tiempo a duras penas). Lo único que funciona en el cuartel es el aire acondicionado. Y la celda. Las conversaciones entre los familiares de detenidos varios giran alrededor del frío que hace allá adentro, de cómo el guardia que intervino con el muchacho abusó del pobre muchacho, de cómo se confundió al hacer la orden en el servicarro y pidió el combo que no era, bendito. Hablan de fabricación de casos. Hablan de no dormir y de no saber a quién llamar. Hablan de que el muchacho no es un santo pero. Pero cuando los guardias la cogen con uno.
Los guardias siempre la cogen con alguien.
Con cualquiera.
Con más o menos los mismos la mayoría del tiempo.
El tiempo en el cuartel pasa bien lento.

Cuenta el fiador que su gran amigo—hoy policía retirado— allá para los tiempos de la mano dura, andaba con dos pistolas en un bulto en el baúl de la patrulla. Ambas pistolas tenían el número de serie borrado. Cuenta el fiador, además, que su pana—hoy ex policía, a quien recuerda con mucho cariño— guardaba junto con las pistolas en su bulto, unas bolsitas de perico y algunas cápsulas de crack. Cuenta el fiador, entre risas, que las razones para el bulto y su contenido, de acuerdo a su amigo del alma, eran varias:
“por si las moscas”
“por si alguien quiere joder conmigo”
“por eso de curarme en salud”
Comenta el fiador, al concluir su historia, “oye, es que ellos no la tienen fácil. Allá afuera no es como lo pintan acá en el tribunal.”

Si algo uno aprende en la sala de investigaciones del Centro Judicial de San Juan es que hay encubiertos en todas partes. Tienen cara de repartidores de periódicos, de piragüeros novatos en el Viejo San Juan, del hijo de la vecina, de estudiantes nocturnos, de aprendices de chef. Tienen cara de arrestados. Pero sonrientes. Si fuera aficionado al mar haría comentarios alusivos a la pesca de marlin e imaginaría las paredes de sus dormitorios cubiertas de fotos enmarcadas de ellos con sus respectivas “presas.” Mas no sé nada de la pesca. Sé que si te pilló un encubierto, seguro lo confundiste con tu compañero de clases en la Escuela de Estudios Técnicos. Según las estadísticas, seguro te habrás quitado a mitad de semestre. De ahí la confusión. Mas no tengo un buen manejo de la estadística. Reconozco algunas caras. El tipo que trajo a su hermano gemelo esposado reparte periódicos frente a mi lugar de trabajo.

23.10.13

Germán "El billetero" cayó víctima de un asaltante en las inmediaciones de la urbanización Garden Hills


Germán, el billetero.
Arcadio, el que vende flores.
José, el jardinero.

Bienvenido, el que pinta casas/ hace trabajos de construcción/
vela carros
cuando hay fiestas de cumpleaños en el gazebo/
tiene dos nenes, "bien mandaos",
que lavan y brillan los carros
que su padre vela.

Amalia, la muchacha que limpia/ que llegó a la casa por recomendación de José
junto a Amparo, la señora que limpia dos casas más abajo.
Y Anabel, la sobrina de la señora que limpia,
hermana menor de la muchacha que limpia,
que limpia en sustitución de alguna de ellas
y hace babysitting de último minuto los fines de semana.

(¡Buenísima la muchacha!)


Los residentes de Garden Hills, en cambio, sí tienen apellidos. Larguísimos.
Compuestos.
Con un guión entremedio. 

22.10.13

Macaroons


El corillo del cigarrillo frente a la uni es boys only. Sin mangas o con. Cortos o mahones, no importa. Gorras y/o gafas required. La conve entre los chamacos no es Chamaco’s Corner—demasiado anticuado. Tampoco hablan “como universitarios.” Llegan a la uni con pon, en tren o Tercel. Hablan de basket. Visten de Nike. No comparten los audífonos. No se los quitan para conversar. En sus mini-mochilas llevan todo lo necesario para sobrevivir media mañana de clases: libreta, lápiz, cargador del celular. Nacieron entre el 93 y el 95. En el 1994 salió Sin Parar de Wiso G. Pregunto y nadie lo ha escuchado. Pido un cigarrillo. Dejé de fumar hace un año casi. Lo pido para enterarme de la composición del cuadro de los Heat esta temporada. Suena un celu: bachata. Suena otro: Kendo Kaponi. Suena el mío: audio de Rafael Acevedo leyendo Guaya Guaya. En la clase hablamos de clase social.

Algunos colegas profesores en los Estados Unidos escriben sobre música y sociabilidad en Puerto Rico. Me pregunto si saben de la música que escucha la mayoría de los chamacos en el País. ¿Habrán siquiera leído Chamaco's Corner? Salió en el 1998 como intro al disco El Cartel de Yankee.

Yo no soy muy sociable. A menudo hago las preguntas equivocadas. En la clase de hoy, por ejemplo, pregunté a cuántos les gustaba la salsa. Coquí. En Puerto Rico, sin embargo, y según lo que uno lee en las redes sociales, la salsa está pegá. Al menos entre el profesorado. Y entre el corillo de la Avenida Universidad.

Estamos hablando de corillos distintos. Estamos hablando de diferencias de clase y de claque. Estamos hablando de que los Heat firmaron a Michael Beasley, míster, y los chamacos dicen que el campeonato se queda en Miami. Los chamacos jamás han puesto un pie en Miami. ¿Los chamacos de Miami serán más sociables que los chamacos de Cupey-Caguas-Caimito? ¿La salsa estará igual de pegá allá de lo que está acá? Porque el corillo de acá no escucha salsa. Escucha de gente que se va a vivir por allá, a donde queda Miami. Los despiden con una bachata. 

20.10.13

Drexler en Puerto Rico

Había tantos hipsters en el concierto de Drexler que parecía un concierto del Macabeo. En la tarde fui al cumpleaños número dos de mi primita. Tuve una conve con un primo lejano, médico de profesión. Le pregunté si se va o se queda. “Me quedo, al menos por hoy. Pero sólo si puedo vivir en burbujas como ésta.” Me tumbé dos snickers mini y un chicle bazooka de las bolsitas de cumple. “Burbuja” es una palabra punzante.

Al llegar al teatro de la universidad me di cuenta que dejé mi bigote y mi sombrero de Remi. Reconocí fácil 50 amigos de Facebook que no conozco. ¿Saludar o pichar? Piché. Todos tenían bigote y/o sombrero y/o chaqueta y/o chalina y/o lazito. Yo tenía una camisa amarillo pollito y ganas de ver al Macabeo y repartir sobrecitos de ketchup entre las y los presentes. Drexler canta bonito. Hasta ahí mi reseña del concierto. Yo tenía una canción de Jamsha pegá y no hubo forma de no soñar con su intervención sorpresa en cualquier momento.

No hubo sorpresas. En el cumple hubo bizcocho y chorrera de agua en la grama. Hubo conversaciones incómodas con familiares desconocidos a los que saludé por obligación o porque no los pude evadir a tiempo o porque me acorralaron. Todos tenían bigote y/o sombrero y/o chaqueta y/o chalina y/o lazito. Hablamos de cómo ninguno tenía al otro de amigo en Facebook. 

19.10.13

Acerca del Desfile de Modas de Mujeres Confinadas en el Teatro Tapia


 Yo no sé si el camino a la rehabilitación de las confinadas pase por una pasarela en el Teatro Tapia, pero ciertamente ellas pasaron de ser vigiladas a ¡qué bien se ven!, gracias a un cambio de ropa y escenario, cuando no de circunstancias. Lo que sí es que pasar de los pasillos de la Escuela Industrial para mujeres en Vega Alta a la pasarela en el Viejo San Juan no cuenta como una salida, en tanto no hay manera de escapar la mirada del guardia penal que ahora, se me ocurre, queda autorizado por el estado a mirar por placer, además de por control y sospecha. Porque de que hay confinadas que se ven bien, hay confinadas que hasta parecen modelos con un toquesito de maquillaje y auspicio comercial. Vaya mami.

Me da curiosidad el marco teórico. Interesaría saber cómo definen en el Departamento de Corrección la rehabilitación. Me pregunto cómo ésta varía dependiendo del género de la población confinada. ¿Cuál es la aparente carencia identificada en el carácter de las participantes que este tipo de actividad supone atender, remediar? ¿Acaso hay algo inherente en el tumbao con que se mueve el cuerpo femenino en una pasarela que es indicativo de una vida capaz de ser vivida dentro de los márgenes de la ley? ¿Cómo se traduce lo aprendido—lo ensayado—para el espectáculo de ayer en alternativas concretas de trabajo en la libre comunidad? ¿De qué manera este tipo de oferta formal del departamento a las mujeres que tiene bajo su cuidado afecta la visión que pueda tener la mujer confinada de sí misma? ¡Y qué hay de nuestras miradas! De las miradas de aquellos y aquellas presentes en la actividad. Qué hay con mi mirada al abrir la noticia en la compu y casi instintivamente examinar la foto para ver si hay alguna presa “linda.” Hablemos pues de la rehabilitación social necesaria para las múltiples miradas que se posan sobre los cuerpos de las mujeres tanto en la libre comunidad como en prisión y hablemos de la escasa libertad con que se mueven esos cuerpos adentro y afuera. Hablemos de la diversidad de espacios donde esos cuerpos son juzgados y controlados y sospechados por puro placer y dominación. Me parece que ese es el marco socio-político preciso dentro del cual debemos considerar este evento.

Por lo demás, la rehabilitación ayer vistió de Rebeca Tiago, Elier Albert, Miriam Budet, Sofia Arana y tiendas Gatsby. Entre los y las presentes estaban el Señor Gobernador y la Primera Dama. Ninguna de las participantes fue entrevistada. 

18.10.13

cuenta el valor


Ella empuja un coche doble. Él carga con una mochila a su espalda, un bulto cruzado al hombro, otro más pequeño, deportivo, en la mano. Viste uniforme de Colegio. Con minúscula. De un colegio cualquiera. Ella es la mamá. En el coche dos bebos idénticos, vestidos idénticos. El de la izquierda duerme. El de la derecha le sonríe al nene. El nene le está sacando la lengua. La mujer entonces busca atrapar la mirada del nene. Le saca la lengua. Él a ella. Sonríen. El bebo de la derecha aplaude. Ella también tiene una mochila a sus espaldas, otro bulto cruzado al hombro. Más el coche que empujó para entrar al tren. Ahora lo empuja para salir. Escucho al nene decir “mami, dame ese bulto a mí.”


Días de Perros (2)


Tengo un vecino taxista. A las 7am, cuando bajo a pasear a Wallace en días de semana, él está limpiando su taxi. Si vuelvo a pasear el perro a las 8pm, él no habrá regresado. Igual a las 9 o a las 10. Pero si bajo con Wallace a las 11pm es muy probable que el perro esté molesto conmigo y me encuentre a mi vecino sacando basura del carro antes de subir. Mi vecino taxista parece barbero. Esto es, me acuerda al hombre responsable de mis primeros recortes. Sus tres B: Bigote, Brillantina, Barriga. Otra: Bonachón. Tiene cara de. De largas horas de espera y disposición. De tener más temas de conversación que el hombre promedio. Los hombres, en promedio, hablan menos en el taxi que en la barbería. Especulo. Yo nunca he tomado taxi en Puerto Rico y en las barberías aprovecho para pensar en las cosas que no pienso cuando viajo en carro o en tren o cuando no puedo dormir o cuando me siento a comer solo o con un café. Hablo en otros momentos: cuando bajo a pasear el perro y me parece prudente practicar qué decir en la diversidad de situaciones imaginables. Como, por ejemplo, en ocasión de tomar un taxi en Puerto Rico por primera vez y encontrarme a mi vecino. Nos imagino hablando del tiempo de espera promedio para que un hombre encuentre a otro—el uno se ponga a su disposición, el otro a su merced. En ocasiones hablo sin parar. ¿Los perros entenderán?

17.10.13

Blueprints for a Nation

Pedro Pietri leyó penúltimo en la lectura anoche. Adál cerró con su Mambo Rhapsody. Antes de Pedro, leímos Nelson Rivera, Michelle R.O., Elizam, Hermes Ayala y yo. Antes de nosotros, Viveca Vázquez picó pan. Tiró unas piedras al suelo. Encendió la radio. Los ex-prisioneros políticos tienen pero no requieren apellidos. Pietri leyó El Spanglish National Anthem. Los y las presentes le hicimos coro en... ocasión de la apertura de la exhibición Blueprints for a Nation de Adál Maldonado. Adál no fue preso político. Es artista y junto con Pedro inventaron El Spirit Republic of Puerto Rico. Digo “inventaron” porque a las cuestiones espirituales es difícil reconocerles una existencia previa al momento en que el artista o el poeta se le ocurre decir que existen. Las repúblicas y la poesía son criaturas de la enunciación, efectos de sonido. Pedro Pietri murió en marzo del 2004. Leyó en una grabación. Hay cosas que sí tienen existencia previa. Pedro Pietri nació en marzo 21 de 1944. Contrario a Pedro, todos los que leímos anoche aún podemos hacer una distinción entre nuestra vida espiritual y lo vivido. Nelson leyó sobre cabinas telefónicas. Michelle leyó sobre una bala. Elizam leyó sobre una nube. Hermes leyó sobre un mar de excusas. Yo leí sobre súper héroes. Según la historia, Pedro entró a la cabina, se ajustó la capa, alcanzó las nubes, evadió la bala, murió a medio vuelo sobre el mar: “I know/ I know I know/ I'll reach Puerto Rico.” Iba para Nueva York. Los espíritus son difíciles de encontrar en un mapa. Para eso están los poemas. Las voces de los poetas. Luego de encender la radio, Viveca comenzó a bailar. Al ratito salió de la galería. Las y los presentes nos quedamos esperando su regreso, indecisos sobre si su intervención había culminado: “And so/ And so And so/ Almost misplaced my soul/.../I know/ I know I know/ I am being followed/ (by my destiny).” La muerte es una intervención demasiado larga en la vida espirtual y en la vivida.
¿A quién se le habrá ocurrido?

15.10.13

La Soledad de los Noventa


Antes, en las discos no dejaban entrar a los nenes con camisas de cuadritos. Antes, Brava era Babylon. ¿O era Egipto? No, Egipto era lo que hoy es Stargate. ¿Se llamará Stargate aún? Sería genial hacer una cronología de los nombres de discotecas en San Juan, Santurce, Condado, Isla Verde. La prohibición de los cuadritos no tenía nada que ver con moda; la intención era dejar fuera a los cacos. Antes, a los cacos les llamaban compis. El otro día en la estación de Río Piedras, un caco me dijo “compi, regáleme una peseta.” Recuerdo que haciendo fila para Babylon hace muchos años atrás me percaté de los cuadros de mi camisa. Estaba a punto de salir de la fila triste y desdichado cuando un amiguito del colegio me paró y me dijo que esa regla no aplicaba a nosotros. Tenía razón. Entré y la pasé miserable. Tocaban música de los noventa. Porque eran los noventa. Para ese entonces, a mí me gustaba mucho el under.

Cursaba el noveno grado cuando Wiso G sacó su primer cd. Al dorso de la carátula del disco, aparecía el cantante vestido todo de blanco con una pistola 9 milímetros. El chamaco que trajo el disco al colegio para lucirse lo perdió—confiscado por la missy de inglés. A Wiso lo botaron de San Ignacio. Era dos clases mayor que yo, pero nunca coincidimos en el colegio. Cuando murió Raúl Juliá tuvimos que ir a una misa de recordación.

Tuve beeper en la high. Estaban prohibidos. Solía borrar los mensajes que recibía de mi mamá porque no era cool tener tu beeper lleno de mensajes de tu vieja. Me mandaba mensajes a mí mismo para rellenar. También recibía algunos por error. ¡Esos sí que estaban bien cool! Mi mamá aún piensa que los hombres con beepers venden drogas.

Por mucho tiempo pensaba que “La quince” era una movida de lucha libre como la figura cuatro. “A éste lo metemos en la quince y no sale más nunca.” (Risas). Todos los fines de semana miraba las súper estrellas de la lucha libre a ver si alguien hacía la movida. Nada que ver.
De la cuatro me salgo fácil.

14.10.13

Vulnerability and the Protestor Desired

i.

            In September of last year, Charlene González, a University of Puerto Rico undergraduate student removed her top in the University plaza as part of a performance/protest against institutionalized gender discrimination in the university and in Puerto Rican society at large. In a matter of minutes, campus and state police were alerted and upon refusing to cover herself, Charlene was arrested on charges of offending public morality. In the days subsequent to her arrest, she appeared on a number of local television talk shows where she both detailed and expanded on the motivations of her protest. Her comments took the form of emotionally charged, tearful rants that somehow managed to intertwine gender discrimination with the treatment afforded to Puerto Rican students compared to exchange students in regards to housing facilities, to her past and present relationships with family members and romantic partners. A few days after she made the news again, on account of a similar performance staged in a neighbor's property. Media outlets, political pundits and social media users called her everything from emotionally disturbed to a show-off to a drama queen to a second rate political activist with no clear cut idea as to what a serious protest entails. In the end, her claims were too broad and too tangled up in her own private affairs, they said; her actions not politically charged enough, they posited; and her public demeanor and behavior too erratic for her protest to be taken seriously. The consensus seemed to be that this was not a person made vulnerable by institutionalized patterns of gender discrimination, but more a confused “girl” desperately seeking her fifteen minutes of fame, and in a sense taking advantage of the viewing public by using a “political issue” as a subterfuge to advance her own personal agenda. She was a drama major, after all.

            In light of the disparaging character of these reactions, philosopher and University of Puerto Rico professor Bernat Tort, wrote an insightful article in defense of Charlene as a protestor. To those who were so quick and eager to dismiss Charlene's protest on account of her perceived inability to coherently explain her motivations and expected goals in clear cut political terms, Tort replied:

 

            Whoever follows that line of argumentation fails to grasp the fact that the political or the ethical   in art or in activism is not defined by the artist nor by the author of the acts, but rather by the             public’s reactions, by the social context in which the performance or the gesture are immersed;          it's the spectators that make it meaningful.[1]

 

According to Tort, insomuch as Charlene was successful by way of her performance in bringing to light the stark contrast in treatment afforded to men and women's bodies as it regards the lack of liberty women in Puerto Rico have when it comes to displaying their breasts in public; insomuch as through her performance she interrupted the regular everyday relations between members of the university community in the plaza; insomuch as the occasion created by her gave us the opportunity to converse about the manners in which gender informs, influences and shapes our interactions and our sphere of action as political subjects, Charlene's refusal to put on her top was eminently political. Therefore, in Tort's reasoning, it was ultimately irrelevant whether she was successful in articulating the political reasons behind the act, what made it political was our reaction, her arrest, the debate it inspired. Tort writes:

 

            We must distinguish between Charlene González the person and the immortal political subject      that she incarnates...Our incapacity to make this distinction creates distractions that threaten to      sink Charlene's feminist gesture in a gossipy wave of trivialities. Before publicly criticizing   what she says or what she writes, her academic preparation or her merits as an actress,           performance artist or activist, remember that it's not about Charlene, our commitment is not      with Charlene, but with keeping that symbolic space that she pried open with her gesture, open    at all times. 

 

            Now, in order to contextualize, Charlene's performance in the University of Puerto Rico last year, occurred in the midst of what has been a very fertile epoch for political protests on the Island. Since 2009, citizens have staged sit-ins, walkout, national work-stoppages, marches, acts of civil disobedience, occupy movements and student strikes. These in response to the diverse austerity measures implemented by both past and present governmental administration: layoffs, tuition hikes, increased taxes, increased privatization of governmental facilities and services, etc. Many of these protests garnered wide support across the Island population. And many, as well, were met by unduly police force and violence as well as by amendments to the Island's penal code in order to more effectively curtail people's ability to make informal claims and demands on their elected representatives. An intriguing aspect of these protests and the support (or lack thereof) that protestors and political activists have received from the citizenry at large has centered on the perceived vulnerability of the political actor. You see, when it comes to the public's reception, political protests in Puerto Rico must be perfect— they must arise out of a set of valid complaints, they must have clearly articulated and reasonable goals, they must be totally inclusive and tolerant of ideological difference both among those protesting and between protestors and society at large, and ultimately they must not be too much of a bother, should be extremely mindful of others' rights and quite frankly, not offensive or vulgar or disrespectful to authority. Protestors, on their part, must be perfect too. In this regard, the perfect protestor is the one who has been made vulnerable to or actually suffered through some type of injustice that leads him/her to protest, but also who in the political act itself appears before the viewing public so willing to accept his/her fate at the hands of police, for example, and so polite and considerate with the very authorities that have harmed him/her, that one cannot but be wooed by the actor, even as the actor's political act fails to bring forth any actual socio-political change.

            An example of this is the public's view of the two phases of the University of Puerto Rico student strike, which took place between April and June of 2010, and December 2010 and March 2011, respectively. The first phase of the student strike, which was made possible by students' occupation of the University campus, found widespread approval among the Island population; whereas the second phase—marked indelibly by the state police's occupation of the campus— was widely rejected among all sectors of the citizenry. The main difference between the two was the manner in which students confronted police violence: while the first phase is marked by lines of strikers holding up flowers to a platoon of operatives from the special tactics unit, the second phase is marked by crowds of strikers with garbage can lids and wooden shields, and smoke bombs ready to face up to police. Both phases were marked by police violence (the second more so than the first), and we are basically talking about the same students, but in the second phase of the strike they were much less willing to take the blow. Thus, they were seen not as serious political actors, but rather as throngs of rowdy kids looking to act out and disrupt university business—which, in a different but related context, is exactly what Charlene was thought to be doing: Acting out, being disruptive. And those who are vulnerable to injustice do not act out, they do not disrupt. For the more violent their acts become or the more coarse their language turns, the less believable they look as political activists and the less serious the injustice that moves them to protest (imagine that). And so they make a clear cut claim or demand. They are considerate of others, because they have suffered through others lack of consideration for them. And as such, they are willing to accept whatever response their protest produces, for that is the type of protestor one could really look up to; the one we wait for and desire.

ii.

            On January 6th of this year, Puerto Ricans celebrated Three Kings Day. As is customary, the Island's first couple held a free gift giveaway for children. Year after year, thousands of parents wait in line with their kids for them to receive dolls, board games, toy cars, etc. The idea is that where the parents cannot provide on such an important holiday, the state gallantly, triumphantly does. As could be expected, during past administrations the annual celebration has been used as a shameless ploy to garner voters' favor by giving away computers and other high-tech devices. This year however, the newly elected governor had vowed that under his administration, children's gifts would be educational and/or otherwise skill building in nature.[2] Also, in order to foster among young Islanders' the value of earning whatever good you might receive in life, children would be required to paint a picture of the Three Kings to turn in, in exchange for their gifts. And thus, the Three Kings Day giveaway was turned into a gift exchange, and the governor and other high ranking members of his cabinet did not waste an opportunity to express to the media how the gift that was ultimately being offered to the Puerto Rican population-- particularly its poor-- was a lesson in old fashioned family values. Contrary to years past, parents were not waiting in line with their children to get a government handout. Parents were there to learn how to be better parents to their children. And to learn to love it-- which was certainly a perverse ideological shift insomuch as now the “needy” families that would line up to receive their gift were no longer simply found to be lacking the financial resources to cover their gift giving obligations to their children, but they were now apparently in need of a moral compass that only the government could provide.

            This notwithstanding, all reviews of the activity were positive. With the exception of one. A local television reporter interviewed an unidentified woman who had brought her sick daughter to get a gift and was noticeably upset and took advantage to the camera time being granted to her to complain because after waiting in line all that time, all her daughter got was a “lousy ball.”[3] The interview unleashed a torrent of comments on message boards, Facebook and other social media. Political pundits, local celebrities, government officials all weighed in on the matter. Her comments were considered to be “inhumane and undesirable.” She was initially deemed as an ingrate and a bad mother, for exposing her supposedly sick child to the outdoors and also, for failing to instill in the child the correct values of gratefulness.[4] Quickly, however, as the backlash intensified she became the poster-woman of all that is wrong with Puerto Rican society.[5] And some critics even characterized her actions as tantamount to moral treason, insomuch her lack of regard for a basketball demonstrated her ignorance as to the manner in which so many of her compatriots made a career for themselves in sports and brought glory to the Island. The more progressive critics—mostly academics-- viewed the woman's comments as perhaps the most poignant example of the rampant consumerism that wreaks havoc among the Island population, particularly among the Island's poor, so dependent on government handouts. In the end, the woman's complaints proved the governor right. Islanders-- particularly the poor-- were in deep need of a lesson in morality.

            Following Tort, however, I wonder if it were possible to consider the woman's comments not as simple complaints (products of her greed or selfishness), but rather as a political act; and the woman not as a bad mother or an ingrate or a traitor, but rather as an unwitting political protestor. If Tort is right, and the actor's intentions are irrelevant, then we should consider the fact that her comments opened a symbolic space of opposition and the moment her complaints were repudiated by government representatives and private individuals, it became a political issue. As such, these, to use Zizek’s terms could have been taken in as the “metaphoric condensation of a demand”[6] whereby that “lousy ball” stands not for the speaker's lack of manners or values, but rather that “lousy ball” stands as an indictment of the government's condescending treatment of its citizenry by way of this thinly veiled attempt to establish a public discourse of shared responsibility for the ills of Puerto Rican society as a whole; of which the people who are willing to stand in line for a handout are the most responsible. Her comments in fact presented the opportunity to creatively challenge the discourse of merit, collective sacrifice and fiscal austerity that determined both the object and manner of the gift giveaway.     

            This, sadly, is not what happened. Instead, entire cross sections of the Island society turned the woman's comments against her and the segment of the population she was taken to represent. And in essence aided the governor in establishing personal responsibility and values (or lack thereof) as the primary threats to Puerto Rican's society's success in the economy, security and communal living. As was the case with Charlene, she too was misrecognized as a political actor.  Her level of “ungratefulness” denoted not a vulnerable subject that unable to provide gifts for her children on Christmas must turn to the this particular form of public assistance; but rather her comments proved her to be a manipulative subject who is taking advantage of the government and therefore of citizens' hard earned tax dollars to get a freebie.

            I look back at the incident and the reactions it generated and I cannot help but feel that a political moment was lost, simply because we were unable as a collectivity to identify with the sense of disenchantment and dissatisfaction of the speaker, solely because she was not the desired interlocutor of our collective angst. The truth is the political moment cannot wait for neither the perfect or even for the conscientious objector. It must be generated from the events as they take place, be the individuals involved who they may be. Thus, it is her rejection of government policy that is significant, never mind her intentions. In that regard, it was incumbent upon Islanders, particularly those of the left, to be in solidarity with the dissatisfaction communicated by the woman at the Three Kings Day Celebration, where the ideologically heavy content of the activity was a great cause for concern; more so than anything she could have communicated about the content of her character. The political moment then, while not explicit nor necessarily ideal could have been exploited and used to articulate serious critiques against the state.

            In fact, one could make the argument that the ideal political moment as it concerns protest and opposition is that which is crafted from difficult and/or unattractive and/or unwitting and/or purely personal manifestations of dissent-- for totally the wrong reasons-- insomuch as the ability to recognize and discursively turn those manifestations into opportunities to call out, protest against and/or resist state action is indicative of the collective will and desire for social and political change. And also, because they require the most out of us, as activists, in terms of artistry and creativity, to arrive at the precise metaphor through which to communicate our dissent.

            Thus, in the spirit of solidarity, was it in fact a lousy ball? Well, it depends on the ball. And what you can play with it. And how many players you need to play. And if you need a glove or a racquet or a set of clubs. It depends on how you're supposed to hold it and where do you throw it to. Or if you have somewhere close where you can play and it's more or less safe for you to play there. It depends on the ball. If it's enough just to bounce it off a wall. If you can pass the time watching it bounce and roll. If you have somebody to look over you and practice with you, somebody to bounce it and roll it for you, faster, with more grace and style. It depends on whether you can hold it with one hand or two. If you need a country club membership to play or if the drug pushers moved in on the court and the baskets are closed indefinitely. .

            It depends on who throws it and what for. If that ball is supposed to be a hobby or your life's work. It depends on the ball. And if that ball, when you look at it from a certain angle reminds you of world globe map and if you feel that when you hold it you're holding the world with one hand or two. It depends on whether your classroom has enough world globe maps to spin and spin and if thinking and learning about the world is as accessible as stepping on the court and grabbing a ball. It depends on what hands. If you know about the hands of the greats that grabbed that same ball and threw it or dunked it or hit it over the fence. If you know about how they managed to go around the world with that ball under their arm. It depends on whether somebody had the time and the love and the knowledge to tell you the stories of greats and made you feel like you were the greatest thing in the world with that ball under your arm.

            It depends on the ball and on the circumstances in which it falls in your hands. From whose hands, for example. In the occasion of what, for example. You being who exactly in the eyes of the world. And being the world exactly what in the eyes of whomever gives you the ball as a gift for a kid like you in the world. It depends on what that ball represents as a gift in your hands. On how much that ball is worth. On whether or not the ball is worth more than you.

13.10.13

El Fenómeno perdió. Y ganó. Pero, perdió. Y también ganó.


¿Quién sabe más de boxeo, un activista LGBTTQ o un homofóbico empedernido con HBO? Esa podría ser la premisa para un episodio de Celebrity Death Match. Eso lo daban en MTV.
HBO es Home Box Office.
MTV es Music Television.
LGBTTQ es otra victoria moral para la causa en la forma de un knockout sufrido por el primer boxeador abiertamente gay en subir al cuadrilátero. ¡Victoria para la Historia! Excepto la parte en que lo tumbaron. Todo lo demás fue gloria para la patria y el deporte, argumentan activistas aficionados y demás cibernautas, con razón. “¿De cuando acá la patria es pata?” le pregunta un fan a otro esperando para cruzar la Ponce de León en Miramar. “Mariana Bracetti se estará revolcando en su tumba.” “Mariana Bracetti es el nombre de la calle en Río Piedras donde escupí ayer,” me siento tentado a decir, envalentonado por media cartelera de box en el sistema. Pero callo, porque para defender al Fenómeno Orlando Cruz no hay porque recurrir a palabras de riña. Aunque los boxeadores usan palabras de riña todo el tiempo. Corrección: Mariana Bracetti hizo la bandera de Lares, no la de Puerto Rico. Rewind: ¿De cuando acá la patria es pata?” le pregunta un fan a otro esperando para cruzar la Ponce de León en Miramar. “Mariana Bracetti se estará revolcando en su tumba.” “Morones, de acuerdo a Wikipedia, la autoría de la bandera puertorriqueña ha sido objeto de un 'acalorado debate.' Ilústrense antes de ponerse a hablar mierda entre ustedes.” Pero callo, porque para defender al Fenómeno no hay que saber todos los detalles de nuestra historia como pueblo. Basta con gritar “¡mátalo!” en su próximo combate y aplaudir cuando gane. Y ondear su bandera en el coliseo y en la cancha y en el parque y en el capitolio y en fortaleza. Hay que no ver boxeo, o verlo. Después de todo, desde una perspectiva de activismo político, el boxeo es lo de menos. Otro escenario para la lucha. Pero desde una perspectiva de aficionado, el boxeo es todo. Así que más le vale al Fenómeno que gane la próxima. Y que venga el próximo fenómeno. Que no lo dejen solo.

Oye, no es por na, pero El Fenómeno se veía fenómeno en el pesaje. Eso no es un comentario homoerótico porque es boxeo y en el boxeo los hombres pueden mirar y apreciar los cuerpos de los boxeadores, si no el deporte sería no más que una gran excusa para que hombres straight se liguen a otros hombres straight—¡vaya dulce ciencia o ciencia de la dulzura, ampárame señor!-- y el deporte es tanto más que ese hombre posando en una tanga arcoirisada. ¡Siento que se me eriza la piel! ¿Eso se puede decir?
Al día siguiente, cuando lo tumbaron, sentí ganas de levantarlo y curarlo.
Dichosas las manos del médico.
De su entrenador.
Del masajista.
Hasta de su contrincante.
¡Alabao!

Ver boxeo con gente gay tiene que ser terrible.
Todo lo que le grites al otro es “discriminatorio.”

Ver boxeo con gente gay tiene que ser una maravilla.
Nadie sabe más de boxeo que tú.

El boxeo tiene una larga historia de activismo político. Y de daño cerebral. Y de tristes historias de superación. Y mucha corrupción. Y de lucha de razas. Y de esperanza. Y de breves momentos de visibilidad para países irrelevantes a escala mundial. Y de nacionalismos pendejos. Y de machismo y violencia. Y de dinero para quemar. El boxeo tiene una larga historia de deseo. Y de fortunas. Y de las ganas de ver un hombre desplomado sobre la lona. De ver a un hombre triunfar. De enviar un mensaje con el cuerpo. De callar y ver el cuerpo caer. De abrazar al cuerpo en victoria. De mirar. De decir que lo que ocurrió en el cuadrilátero trasciende el cuadrilátero. De que cada golpe contra el cuerpo del contrincante es un golpe contra el sistema. El boxeo tiene una larga historia de hacer historias y celebridades a las que aferrarse. De dar ganas de luchar. De impartir lecciones de disciplina y dolor. El boxeo tiene un gran dolor como Historia malamente repartido entre países y razas y poblaciones dispersas. Y de belleza. Y de una pelea en la cartelera que lo cambiará todo dentro y fuera del ring. Y todo se queda igual. Excepto

10.10.13

Freed Tempo


Tempo también fue preso político. Por aquí algunas de sus ideas en materia de igualdad de género: “en el reggae mandan las mujeres/ son las que dominan / sin discusión ninguna.” ¿Qué digo? Tempo no estuvo preso por sus ideas. Más bien por sus negocios ilícitos. El rap es buen negocio (era). Lo mejor del rap como negocio era que no tenías que tener talento para destacarte como rapero. Véase, Tempo Game Over (1999) y New Game (2000). Véase, cualquier rapero no llamado Tego. (Tampoco así). Véase Tego post- El Abayarde. (¡Atuqui!).

A raíz del encarcelamiento de Tempo en prisión federal, se articuló una campaña por su liberación bajo la consigna Free Tempo. La misma surgió como un calco fácil de la campaña para la excarcelación del rapero americano—compinche de 50 cent—Tony Yayo. En materia de género, Yayo, contrario a Tempo, deja mucho que desear: “Ladies tell the truth you know I'm cute /But what really turns you on is the rims on my coupe.” Seria en extremo difícil hacer un argumento a favor de Yayo como ex-prisionero político. Estuvo encarcelado por incumplimiento con los términos de su fianza. No obstante, miles de personas en EU compraron camisas de Free Yayo. No sé cuántas camisas de Free Tempo se vendieron. Menos que las de Oscar. (¡Más vale!).

Nada contra Tempo, pero Oscar lleva una carrera contra el tiempo. Eso es casi un verso de mi rapero favorito. Mi rapero favorito primero estuvo preso, luego murió. El contenido de su trabajo es eminentemente político y liberador: “And still I see no changes. Can't a brother get a little peace?/ There's war on the streets and the war in the Middle East./ Instead of war on poverty,/ they got a war on drugs so the police can bother me./ And I ain't never did a crime I ain't have to do./ But now I'm back with the facts givin' 'em back to you.” Viste, el tipo estuvo preso por agresión sexual, so…

Ay, cada vez que pienso en rap me turbo entre lo político, lo meramente provocador, lo puñetero y lo trivial. ¿Importa que Tempo regresa a casa?¿Se unirá a la campaña por la liberación de Oscar? ¿Acaso no son todos los presos políticos?¿Cómo saber qué es trivial en materia de privación de libertades?¿Acaso hay gente que aún escucha rap?¿Sugerencias?¿Tego tendrá algo nuevo?¿Qué pasa que no ha sacado una canción para Oscar? 

7.10.13

Chicago


Salir de Puerto Rico brinda perspectiva. Perspectiva: punto de vista, forma de considerar algo. La gente en Puerto Rico considera que Puerto Rico está jodío. La gente que sale de Puerto Rico también. Cambiando el tema: Estoy en Chicago. Hoy pelea Miguel Cotto en Florida. Intentará revivir su carrera luego de dos derrotas. Ojalá salga al ring con “OSCAR LIBRE” escrito con magic marker en el vendaje de sus manos como hizo Tito para Vieques. Antes de salir de Puerto Rico, leí un artículo de un escritor local que cuestionaba el silencio de los y las organizadoras del Festival de la Palabra en torno a la excarcelación de Oscar López . Pedía que se expresaran. De acuerdo a él, de esa expresión dependía su relevancia social, política y cultural. Cotto no es relevante. Nunca lo ha sido. Pero ganó. Tampoco ha dicho nada con respecto a Oscar. No le dedicó la pelea. La pararon en el tercer asalto. El boxeo y la literatura tienen en común que un confinado puede practicar ambas en su celda. A falta de oponente, su sombra. A falta de editor, una segunda y tercera voz. Comienzo a plantearme la posibilidad de las múltiples voces de Oscar con su sombra, luego de pensar en la maravilla del boxeo y su literatura y lo cierto es que no hay nada hermoso que la prisión no pueda joder completamente. Excepto Oscar. Es evidente en sus cartas. Uno comienza a esperarlas como si esperara por la apertura de un festival. El Festival de la Palabra comienza este fin de semana. Cambiando el tema: Estoy de vuelta en Puerto Rico. Busco imágenes de Tito con sus vendajes de PAZ. Su sombra tumbaría a Cotto en el primer asalto. Sería hermoso. Ojalá pronto podamos verle de cerca las manos a Oscar. Ojalá pronto su sombra se confunda con las nuestras bajo el sol. Ojalá que entre un coro de voces, juguemos a identificar la de él.