10.9.13

Sinsemilla, pero con autonomía


Yo sólo he fumado marihuana un puñado de veces, cuando joven. Mi juventud culminó ayer en la noche. Hoy comencé el día con Forever Young de Bob Dylan. Uno de los beneficios de ser joven por siempre sería poder meter la pata una infinidad de veces y tener una excusa ready-made para cada ocasión. Por eso, supongo, existen los mínimos de edad para ocupar puestos electivos en el servicio público. Hay algo, sin embargo, en extremo juvenil en el debate en torno a la legalización de la marihuana en Puerto Rico. Pregunto: ¿A qué vienen al caso las admisiones de legisladores de haber experimentado con la sustancia en sus años juventud por error? ¿Qué hay con utilizar a Clinton y Obama como perfectos ejemplos de títeres que se metieron droga cuando jóvenes y no obstante, llegaron a ser grandes hombres de bien? Por la tangente: Hay que estar bien arrebatao para llamar a Clinton y Obama hombres de bien. No estoy seguro, pero en mi juventud, el bien era un concepto relativo y para atenderlo había que utilizar frases como “depende del cristal con que se mire” y matizarlo hasta la saciedad en conversaciones y debates pues de no hacerlo, uno se corría el riesgo de llamar a matones hombres de bien, cuyo único error fue meterse pasto o perico, según sea el caso. Al punto: La legalización de la marihuana nada tiene que ver con la experiencia de particulares de cómo, cuándo, dónde y por qué se metieron lo que se metieron. Esos son cuentos de pasillo en la escuela. Comentario al margen: No hay necesidad de llevar a las y los chamaquitos de nuestras escuelas públicas de gira al Capitolio pues la única diferencia es que el plantel escolar en Puerta de Tierra está en excelentísimas condiciones. Bueno, y la comida es mejor. Y una infinidad de otras cosas que no vienen al caso ahora, sino para decir que gran parte de la vida de nuestra juventud está severamente marcada por una infinidad de carencias a nivel estructural para perder el tiempo escuchando a legisladores recordando viejos tiempos, cuando el tema de la legalización de la marihuana es uno bienestar social: menos violencia, menos gente en prisión, menos control estatal de la población.


La peor parte de un proyecto de ley para despenalizar el consumo de marihuana es “proyecto.” Suena a demasiado trabajo.


Things to do on weed,
qué diga, Wed.
Hoy es lunes,
(Mon.)
Se me olvidó qué tenía que hacer.


Mitos sobre fumar marihuana:
A mí me decían Mito,
de Guillermito.
A diferencia de Guillermín
de los Pitufos.
Los pitufos eran bien cool.
Míticos,” se podría decir.


La mejor parte de un proyecto de ley para despenalizar el consumo de marihuana es “consumo.” Significa fumar.


Participantes del programa de recuperación de Hogar Crea se congregaron frente al capitolio durante la mañana de ayer para manifestar su oposición al proyecto de ley que busca despenalizar el consumo de marihuana en Puerto Rico. En la radio, uno de los directores del programa indicó que fumar pasto casi invariablemente llevaba al usuario a experimentar con otras sustancias ilícitas más nocivas. Indico además que dios nos bendice. Como parte del programa de recuperación ofrecido por Hogar Crea, adictos con tiempo limpio suponen invertir su tiempo vendiendo bizcochos bajo los semáforos. Bajo un semáforo a las dos de la tarde uno puede encontrar a: un adicto pidiendo dinero, un adicto en recuperación pidiendo que le compren bizcochos, un chamaco repartiendo boletines promocionales para un sinnúmero de servicios (planes de telefonía, lavados de carro etc.). Tengo un amigo que gusta decir que la diferencia entre un adicto en recuperación y uno activo es que el cuento triste del primero termina con las ganas de volverse a meter, mientras que el del segundo termina con él metiéndose. Mi amigo es un cabrón. Al mirar las imágenes de los manifestantes frente al Capitolio se me hacía difícil pensar en los miembros de Hogar Crea como sujetos políticos, exigiendo algo. Lo cierto es que la protesta lucía forzada. No obstante, mi compañera lanzó las preguntas precisas, sentada con su café frente al televisor: ¿por qué la principal actividad pública del adicto en recuperación lo coloca a la merced de la “caridad” de los y las automovilistas, en los mismos lugares que quizá fueron escenarios principalísimos durante su adicción activa? ¿Será posible una radicalización de los procesos de recuperación del adicto? ¿Procederá hablar de su agencia como sujeto político? ¿Cuál sería la consigna?


El lema de muchos de mis contactos en Facebook que están a favor de la despenalización de la marihuana es “autonomía personal”—eso de que uno es libre para decidir qué sustancias se mete al cuerpo. Otra forma de practicar el autonomismo es vender comida los días de semana en la universidad, agua, chocolates, refrescos, artesanías, broches de pelo hechos con chapitas de cerveza etc. El narcotráfico es un muy buen ejemplo de autonomismo: “pasto, pali, perico y crack.” Si esto fuera un cuento para niños, escribiría que hay autonomismos buenos y malos, pero en el fondo se trata de una cuestión de libertad individual, dominio de tu propio cuerpo, cultivo del espíritu etc. Sería en extremo difícil escribir literatura infantil sobre el buen uso de sustancias controladas. Además, ¿quién lo publicaría? “Todavía sueño con escribir un libro que se venda más que la marihuana.” (Barrunto, 2000). ¿Qué  se vende más, el pasto o el perico? Al momento, mis intereses se limitan a ley, drogas y literatura. Casi clasifico para la judicatura, pero leo demasiado. Es un chiste. Si esto fuera un cuento para niños, escribiría que la droga no es un chiste. La ley tampoco. Nuestro sistema legal sí. Es broma. El humor también es una forma de autonomismo. Recién escuché decir a un compañero: en este país, o te ríes o te jodes. Curioso como una elección entre dos alternativas no es una muestra de libertad. Si me estoy riendo es por los nervios.

Dicen que fumar pasto ayuda a controlar los nervios.

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