15.9.13

El concierto anoche


En otras noticias, era el Electric Daisy Festival y tomaba 42 minutos llegar de la luz del McDonald's de la Roosevelt a la luz del Hiram Bithorn. Yo no estaba al tanto de esas noticias por lo que hice el tiempo en el tapón contento, maravillado ante el poder de convocatoria de Oscar López entre los jóvenes de 15-19 años, en tank tops y trajes de baño y gorras de Bora Bora. Oscar aún recuerda el olor del mar, pensé. Y si la lucha es vida toda, por qué no se puede bajar la lucha del carro en la avenida a hacer la última pata del trayecto hacia el coliseo a patita con glowsticks y paletas. El carro al frente mío tenía un bumpersticker de “Con mi Colegio Siempre.” Abrieron sus puertas traseras y se bajaron dos nenitas en cortos, tenis y camisillas tie dye. Tenían además bobos de dulce en la boca. Tenían flores en el pelo. Tenían una copia de Llegaron los Hippies debajo del brazo. ¡Un carajo! Tenían fanny packs de diseñador y iphones.

Fast forward al concierto: Lucecita Benitez cantará una canción decididamente mala de Tito Auger y sonará tan bella como una declaración de guerra o un indulto. Pensarás que en el mundo sólo existen Oscar López, el olor del mar y la voz de Lucecita; que el mundo cobrará sentido el día en que el universo conspire con ellos para un café al atardecer. Escucharás un poema muy malo en la voz de la exprisionera política Alicia Rodríguez. Confirmarás una verdad sospechada de la poesía: los versos no son más que una invitación a prestar atención. Luego Don Rafael Cancel Miranda llamará a su hijo al micrófono para demostrarle a la audiencia que el imperio no pudo ni podrá romperlo. El hijo le pasará la mano por la cabeza al viejo, sonriendo y por tu cabeza pasará la singular idea de que el universo diariamente conspira a favor de las y los perseguidos, que sólo es una cuestión de contar los días con Oscar al unísono hasta su regreso. Más tarde, una decena de exprisioneros políticos subirá al escenario para saludar a la audiencia.Decidido: Todos y todas somos parte de una gran conspiración universal. No nos romperán.

En otras noticias, había un festival de música electrónica en los predios adyacentes al Coliseo Roberto Clemente. Esa era la razón del tapón. A los 27 minutos de espera, frustrado, apagué el aire, bajé las ventanas. Olor a muffler, y gasolina.

Olor a mar además. 

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