6.9.13

Educación con perspectiva de odio


i.

Dice el Dr. Ricardo Rosselló que en el debate en torno a la implementación de una agenda educativa con perspectiva de género en nuestra escuelas públicas se entremezclan dos asuntos que jamás de los jamases deberían cruzarse: “Un asunto es de derechos, que yo he dicho antes que los derechos civiles, los derechos ciudadanos deben ser iguales para todos. Otro es traer a la educación pública esta discusión que yo creo que no lo amerita. O sea que yo estoy en contra de ese proyecto.” Le faltó decir que en la escuela se aprende a sumar y a restar, y las tablas de multiplicación, por supuesto, para practicar en el círculo de oración en el recreo o durante el minuto de silencio al comienzo de cada día, “así nos ayude dios.” Importa poco que en muchas de nuestras escuelas, lo único que se aprende de género es que dios creó el género allá para los tiempos en que el hombre comenzó a ser hombre y la mujer mujer, que, de paso, fue después. ¿Acaso hace falta mayor explicación?, preguntaría Ricky a la oposición feminista, propulsora empedernida del cruce entre derechos civiles y educación pública. ¡A quién más se le ocurre! Una pregunta al doctor: ¿Qué son los derechos civiles? Explique. Como en un examen de secundaria, a ver si pasa. Me preocupa, pues como decían mis profesoras en la high, lo más importante en un examen de discusión es que usted demuestre dominio del material. En materia de religión es diferente, pues el pleno dominio es de dios y el género, se me ocurre estimado doctor, no es de dios. Es una creatura social, si se quiere. Como podrían ser los derechos y la educación. ¡Qué clase combo, papá! Digo, doctor. Estimado profesor, usted. Como parte de mi educación en mi casa me enseñaron a tratar a los hombres que ostentan títulos académicos y profesionales con mucho respeto. A las mujeres ni tanto. Tuve que ir a la escuela para aprender eso. Quiero decir, a la universidad. En la escuela me enseñaron lo mismo que en mi casa: mucho de dios y del hombre como grado cero de la humanidad, poquito de derechos, género y mujeres. Yo quisiera que las niñas y niños de hoy no tuvieran que esperar tanto para aprender esa lección. Aprender, por ejemplo, que la educación es un derecho. Que la igualdad entre géneros también. Que todo a su alrededor es creado. Y que nada de ello fue obra de dios.



ii.



Yo estoy mirando al hombre que mira a la mujer caminar por la acera de la Avenida Universidad en Río Piedras. Llevo rato mirando al hombre desde mi carro detenido en la esquina de lo que era Café 103 debido a un accidente o un mal entendido entre el conductor del carro frente a mí que se disponía a cruzar y el conductor del carro que subía por la avenida sin interés de dejarlo pasar. Cuando primero me fijé en él, el hombre miraba al suelo y llamó mi atención por razón de que mi celular se había quedado sin batería y tenía que mirar para alguna parte. Mi mirada entonces antecede la mirada del hombre que se posa sobre la mujer, a quien logro ver en tanto sigo la línea que él traza con su mirada de un lado al otro de la avenida. El hombre está en la esquina del Ocho de Blanco. La mujer camina por la acera del lado del antiguo Café 103. El hombre que la mira, la mira de forma “penetrante,” podría ser la palabra perfecta para describir la mirada del hombre que parece haber depositado a la mujer que camina del otro lado de la calle en un vacío, donde sólo existe ella en su caminar. Otra palabra es “cortante,” pues luego de haber colocado a la mujer en el vacío, la mirada parece hacerla cantitos: “culo,” “tetas.” Como en una especie de dictado tabú en la elemental. Pero yo describiría la mirada como “puñetera,” debido al carácter perverso y casquetero del individuos que fuerza su mirada sobre una mujer que camina, entre otros y otras por Río Piedras. En cuestión de segundos, el hombre vuelve a mirar hacia el piso. Mientras espero a retomar la marcha, intento mirar al hombre de forma cortante—pescuezo mayormente—pero no lo consigo. O sea, yo sé mirar a otro tipo bien mal, pero nunca como él la miró a ella. ¿Por qué será? Me tocan bocina. Cruzo la avenida.



iii.



Introducción a las Ciencias Sociales, 3er periodo
Yo: En la sesión de hoy consideraremos algunos casos de discrimen por razón de género.
Estudiante: O sea, discrimen con razón.



Introducción a las Ciencias Sociales, del salón a la cafetería
Estudiante: Profe, ¿usted es gay?
Yo: ¿Por qué me pregunta?
Estudiante: Como que le gusta hablar mucho de temas de nena.



Introducción a las Ciencias Sociales, 1er periodo
Yo: ¿Quiénes aquí quieren terminar sus estudios y comenzar una carrera profesional?
[todos y todas levantan la mano]
Yo: ¿Quiénes aquí ya tienen o desean tener hijos?
[un buen número de muchachos y muchachas levanta la mano]
Yo: ¿A quién le preocupa cómo va a hacer para tener su carrera profesional y criar a sus hijos?
[un solo muchacho levanta la mano, el resto son muchachas]



Introducción a las Ciencias Sociales, en el pasillo frente al salón de clase
Estudiante: Yo quiero saber si es discrimen que enseñen la pinga del tipo en la porno cuando no está teniendo sexo con la tipa ni na.
Yo: ¿Discrimen contra quién?
Estudiante: Contra mí. Que me baja la nota.



Introducción a las Ciencias Sociales, 2do periodo
Yo: Entonces, la diferencia entre sexo y género es...
Estudiante: Uno es de dios. El otro viene en el examen.



iv.



After Brainard, Black



Diez recuerdos aleatorios de mi educación sentimental:

La falda no puede quedar a más de dos dedos por encima de la rodilla. Le dice mi papá a mi mamá antes de salir para “una actividad.”

Le escupes en la espalda y entonces cuando se vire te le vienes en la cara. Escuela Superior, en la cancha, antes del timbre de salida.

Me salió pato. Re: petardos en despedida de año.

No se dice “crica” en la mesa, Guillermo. Re: Irme a la cama con hambre.

¿Segunda base es tocaíta por encima de la ropa o tiene que ser por debajo? Pregunta que me moría por hacer pero que nunca le hice a mi amigo “cool.”

Si sabe más de sexo que tú, no le creas nada de lo que te diga; si dice que todo lo que sabe de sexo se lo enseñaste tú, que te lo demuestre, ¡ja! Consejos de un viejo poeta en el callejón.

Tu madre está loca. Tu madre es imposible. Tu madre no entiende. Con tu madre no se puede hablar. Explicaciones de mi papá para todo.

Papi dice que es así. Últimas palabras de mi vecinito al tratar de metermelo mongo en su cuarto mientras escuchábamos Bon Jovi New Jersey.

Los hombres con pelo largo son patos. Re: En la barbería, en contra de mi voluntad.

Te hará falta un hombre en tu vida. Un cura del colegio, en ocasión de la separación de mis padres.



v.



Formas de violentar el género

Hacer café. Mover las manos. “Partirse.” Sentir orgullo. Amar a un hombre. Coleccionar algo. Jugar. Mirarse mucho en el espejo. Salir de la casa sin peinarse. Irse lejos. Regresar, o no. Alzar la voz. Interrumpir. Cuidar el peso de las palabras sobre los y las demás. Escupir en la acera. Pedir permiso. Arreglarse el maquillaje. Arrebatarse. Arreglárselas cómo pueda. Tener sexo. Gozarlo. Hablarlo. Perder las ganas. Morir de miedo y de frío y de pánico a insectos varios. Buscar el roce. Evitarlo. Ensimismarse. Hablar malo. Hablar en plural. Amar a una mujer. Ser valiente y sentimental y más que el promedio. Hacer memoria. Cambiar de opinión. Resistirse a la idea de dios. Ser libre. Cuidar su figura. Echarla a pérdidas. Tener fe. No querer morir solo. Estar dispuesta. Botar las instrucciones. Pedirlas. Subvertir un orden. Ordenar libros por correo. Estirar el cuerpo. Acariciar el cabello del hombre que recién era mujer. Decirle “él” desde siempre, hoy por primera vez y tan de cerca. Recopilar historias. Discutir apasionadamente sin nada que temer. Ser sumiso. Dejarse llevar. Aplicar presión. Dejar a alguien ir. Empezar de nuevo. Ser irracional. Agarrarle la mano a la mujer que nació hombre y se perdió o se encontró, no importa. Lo que importa es no soltarle la mano, a menos que ella lo requiera. Lo que importa es mover las manos en señal de que nos queremos más cerca o más lejos, según sea el caso. Y está bien. Está muy bien pedir más café o que ya, por favor, no más.

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