20.9.13

Close encounters


Me siento como Pedro Julio Serrano, adorado por cristianos random que me paran en la calle para abrazarme y brindarme palabras de aliento: “Guillo, tranquilo, mi dios está contigo.” Que alguien me diga: ¿Quién no se siente queer y querido entre tanta heteronormatividad rampante y despiadada? No me malinterpreten, no es tiraera contra el reconocido activista pro los derechos de la comunidad LGBTTQ. Ni mucho menos a las causas que impulsa. Como tampoco supone ser esta nota una apología a la religión cristiana. Para estar claros: el cristianismo mata. Bueno, al menos así comenzó todo. Me lavo las manos.

¿Por dónde iba? Yo, como muchos, sigo a Pedro Julio en Facebook. Yo, como muchas, creo en la igualdad de derechos para todos y todas. Y yo—¿como muchos/pocos/casi nadie fuera de la derecha cristiana?-- me desespero al leer tanta anécdota de viejita, de don, de reverendo que cotidianamente le declara amor y admiración al activista, según documentado en su perfil a diario. Por supuesto, entiendo la razón de las publicaciones: estas anécdotas dan fe de la gran cantidad de aliados y aliadas de la comunidad LGBTTQ en Puerto Rico y más allá. O bueno, al menos dan fe de la gran cantidad de fans del activista político--fanatismo que uno supone interpretar como apoyo a la causa de la comunidad en general. Y es quizás esa equivalencia la que me desconcierta. A menudo presiento que el activista se traga la causa o que bien define sus contornos para todos y todas. No sé. El caso es que en ocasiones leo los statuses y un poco me frustro y me pongo bitter y digo así entre dientes: “Oye, qué tal si enmarcamos la crítica a la homofobia dentro de una crítica mayor a las diversas fuerzas de opresión según operan dentro de la comunidad LGBTTQ” o “Por qué hay que exigir una disculpa como única pena imaginable para cualquier afrenta verbal en contra de la comunidad” o “Idol Puerto Rico no es ni tan importante, ponte algo de Siria o de Breaking Bad, al menos” o “Qué tal si como resolución de año nuevo, optamos por menos protagonismo y más praxis política.” Cositas así. Boberías. 

Por otro lado, una buena anécdota le hace el día a cualquiera. Hoy cuando me bajé en la estación de Cupey, una viejita me apretó los cachetes porque le ayudé a recoger unos aguacates que se le habían caído. 

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