28.8.13

Salvajes


i.

Mamá, yo quiero saber de dónde son los reos en Guantánamo. Y qué leen. Recién leía que en la biblioteca de Gitmo tienen para uso y disfrute de los prisioneros las historietas del Capitán América. Si buscas “Gitmo” en Google Images, obtienes fotos de detenidos de rodillas, vestidos de naranja, con mascarillas de hospital. Si escribes “Captain America” + “Gitmo” en el buscador aparece una verja de alambre de púa y una bandera americana de fondo. La próxima imagen en línea es un meme del Capitán América “punching Hitler in the face.” Le sigue una de un McDonald's, otra de unos pies encadenados, un mapa de Cuba, una manifestación en Washington.

Mirar imágenes en la compu no cuenta como leer. Leer cómics tampoco. Tienen demasiadas imágenes. Recién escuchaba a un autor de cómics decir que él no se consideraba escritor pues lo que escribía eran cómics, no libros. Si escribes “comics” + “prisión” en el buscador, la segunda imagen que aparece es la página de un paquín a colores con el título “Whatever you do, stay out of prison in Africa.” Pero si haces scroll down, encuentras una portada de un antiguo número de Marvel titulado “Captain America behind bars.” Imagino que éste es un libro prohibido en prisión.

Mamá yo quiero saber qué idioma hablan los detenidos en Guantánamo y si prefieren los “libros” con muchas imágenes para entender la trama. En la imagen de portada, el capitán parece estar a punto de romper los barrotes con sus manos. Sin embargo, si haces una búsqueda para “gitmo” + “prison break” obtienes la mismas fotos de detenidos de rodillas, vestidos de naranja, con mascarillas de hospital.

Mirar imágenes en la compu no cuenta como sufrir. Leer mucho tampoco. Pero si observas las imágenes cuidadosamente, sí, esas son lágrimas. Esas otras son de sudor.

(4/21/13)

ii.

Su nombre es Ben Urich. Va tras la pista de Daredevil. Mi nombre es Guillermo y estoy loco por saber quién es el hombre de tez oscura con mochila y sudadera que figura como Persona de Interés en la investigación policial que gira en torno a un ataque terrorista en Boston. Yo estoy en Puerto Rico. Urich es un reportero del Daily Bugle. Leo el paquín #5 de una serie especial de ocho. De vez en cuando levanto la vista y miro la televisión. Al menos tres detonaciones de bomba. Cientos de heridos. Un nene de ocho años muerto. En los cómics, los responsables de crímenes terribles son súper-villanos. En el caso de Daredevil, el responsable de su desaparición y presunta muerte es Bullseye. Según la información difundida en los medios esta noche, los responsables en Boston son terroristas de tez oscura, visten sudaderas, cargan mochilas. Presuntamente.

Me siento mal por leer un cómic frente al televisor cuando las imágenes muestran heridos, humo, caos, confusión. Yo también amo a Boston. Escribí eso medio forzao. ¡Amo a Daredevil! En eso, al menos, soy sincero. El debate en Facebook gira en torno a cuán crítico puede uno ser en momentos de evidente dolor generalizado y pérdida de vida humana. A ver. Amo a Bagdad. Amo a Palestina. Amo a cualquier punto en el planeta donde alguien hoy pierde una pierna. No es cierto. Me importa Boston más. Es una cuestión ideológica. No hay nadie Súper por esos otros lares. Villanería sin más.

En la televisión dicen “it's like a war zone.” Acaban de arrojar a Urich de un piso diez. La historia continuará en el próximo número donde confío aparecerá Daredevil. Los buenos nunca mueren. No es cierto. Es ideología de paquín. Como llamar a Boston zona de guerra. Como si fuera Bagdad o Palestina. En las zonas de guerra mueren todos. Gente inocente sobre todo. De tez oscura. Típicamente.

(4/16/13)

iii.

(paz para Santa Rita)

Sacaron a un amigo mío en comillas del lugar de los hechos. Le habían arrugado su caricaturaen la cara. La historieta se repite: otro villano amarra a la amada del chamaco a las vías del tren.

¿Y ahora quién podrá desamarrarnos a todos por igual?

(12/17/12)

iv.

El papá de Bolaño era boxeador. El de Daredevil también. Battlin’ Jack Murdock murió a manos de gangsters. Muchas veces, cuando escribo la palabra “gangsters” dejo fuera la g y lee “gansters.” Otras, me despisto por completo y escribo gasto, o ganso o gas, sencillamente.

En uno de mis poemas favoritos de Bolaño dice “la poesía chilena es un gas.” Hay una canción de los Stones que dice “but it’s all right now, in fact, it’s a gas.” Así supe que gas era positivo.
Mucha gente piensa que leer los poemas de Bolaño no es leer a Bolaño. Que para leer a Bolaño hay que haber leído Los Detectives Salvajes y 2666. Leerse las novelitas cortas tampoco cuenta. Así dicen, “novelitas.” Entre ellas, mi preferida es Amuleto. Aunque para mí lo mejor es un poema donde leer a Bolaño es como leer a Frank O’Hara y a Ted Berrigan en español. Hay un poema de Berrigan que dice “Hello. It is 5:15 a.m.” Hay otro de O’Hara que dice “It is 12:20 in New York” el día que murió Billie Holiday. En Los Detectives Salvajes, hay un personaje llamado María que lee poemas de Sor Juan Inés de la Cruz y escucha discos de Billie Holiday. Eso es casi casi una cita textual. Los personajes en los libros son casi casi como personas. En los cómics un poco menos porque los cómics son casi casi como libros. Cuando me preguntan si leí 2666 contesto que casi casi.

Muchas veces siento que la literatura es puro tanteo. También las personas. A veces, cuando escribo “personas,” me extiendo y escribo “personajes.” Muchos de mis favoritos terminan muertos a manos de gangsters o se convierten en gas, sencillamente. Y no, no está nada bien.

Son las dos en punto. Desconozco la mayor parte de la poesía chilena. No sé lo que es leer. Ni a Bolaño ni a nadie. A menudo siento ganas de entrar a un cuadrilatero y morir de un golpe. En ocasiones, siento que me muero de ganas. Desgastado, salgo a la calle y pregunto a quién golpearon hoy. ¿Murió? ¿Estará dispuesto a intercambiar conmigo?

(4/4/13)

v.

(free comic book day)

Me desesperé y abandoné mi lugar en fila. “Lo perdiste,” dice el que estaba atrás. “Lo cedí,” respondo. No hace diferencia. Me voy a oler el popcorn frente a la taquilla del cine en el segundo piso. Me voy para la luna. “Pa'l carajo,” escucho a un chamaco exclamar luego de también ceder su lugar. “Lo perdió.” Me digo, indiferente.

En materia de pérdidas, a la noche asistí a una lectura de poesía en la azotea de dos compas poetas. Hubo un show de magia. El mago era un niño con capa de Superman y varita. Su madre, la poeta, le explicaba al público lo próximo en acontecer: “Y ahora el gran Nicolini.” Y el gran Nicolini adivinaba el color de la bolita que desapareció en el interior de una cajita con compartimientos secretos. “Creo que hemos perdido la magia,” le comenté a un amigo que también traía papeles debajo del brazo. “¿Nos la cederá, tú crees?”

Más tarde, otra compañera leyó un poema que hablaba sobre una cáscara; o más bien sobre la manera en que ella—el cuerpo que le correspondía a la voz en el poema que uno tiende a asociar con la poeta— era una cáscara. Y me pareció tan hermoso cómo ella—la poeta— decía cáscara que tuve ganas de cederlo todo, darme por perdido y desaparecer, pero entonces era mi turno y no quise ceder mi lugar.

Cáscara
Caparazón
Carroza
Capota
Carcacha

“Este calabozo, practico decir” comienza uno de los poemas leídos anoche en la azotea. El resto es magia con palabras, lo que una poeta alcanza con tan solo apuntar a un niño con una capa. Hermosura. Cesión total. A uno casi ni le dan ganas de tirarse al vacío, aunque bregaría brincar de techo en techo en la noche santurcina tras el olor del popcorn. O, vamos, de lo que sea. Algo perdido y grandioso, próximo a acontecer.

Continuará

(5/5/13)

No hay comentarios:

Publicar un comentario