2.8.13

Próceres (2)


Yo quiero ser Rubén Berríos cuando viejo (y patético y brillante y retrógrada y elitista sin remedio hasta el momento en que la historia se lave las manos de mí de una vez y por todas, sin demasiada fanfarria puesto que moriré un 27 de julio con todo el mundo en la playa, en medio de un fin de semana largo y festivo y en extremo violento, para convertirme en apenas la sexta o séptima noticia en el noticiero del lunes luego de la primera pausa comercial al momento en que la mayoría de los puertorriqueños prepara su café en la cocina y el ruido de los niños o la avenida o la construcción no le permite escuchar que partí a mejor vida mientras Ricky anunciaba su candidatura a la gobernación frente a una multitud en Bayamón un sábado de sol, en fin, que todo tiene su final y éste será el de Rubén, no obstante, yo quiero ser él cuando grande) para sentarme frente a tres miembros de la Comisión de Energía (¿de Energía?) y Recursos Naturales del senado federal y en una vista para discutir el status de Puerto Rico, decirle a los honorables miembros de la comisión que dejen el show; que yo muy bien sé que ellos saben que nada de lo dicho ahí vale lo que vale sentarme frente a ellos como máximo representante de un movimiento anquilosado, homogéneo y sin promesa política alguna fuera del espurio valor de comparecer para exigir el derecho inalienable de los pueblos a auto-determinarse, con la confianza inacabable de quien no tiene nada que perder ni pedir, pues para eso están los representantes de los otros dos partidos sentados a mi derecha, quienes pierden infinitamente cada vez que abren la boca a pedir. Yo miro a Rubén en pantalla, y un poco me vomito; pero siento orgullo.

Además, él habla mucho mejor inglés. Pipiolo al fin. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario