31.8.13

On policing (2)


No sé ustedes pero yo me siento tan bien de tener a Pesquera como superintendente de la policía que casi cometería un delito tipo 1 para probar lo rápido que se esclarecería el crimen, pero jamás lo haría puesto que desde Pesquera ocupa la Superintendencia ha habido una merma considerable en la comisión de delitos tipo 1 y en asesinatos, cómo no. A esto, en materia criminológica, se le conoce como prevención. A la instalación de Pesquera en la superintendencia bajo el título de asesor del gobernador en materias de seguridad por medio de un contrato de servicios profesionales se le conoce como un subterfugio—una manera de incumplir con los preceptos legales sin que nadie se dé cuenta o sin que nadie pueda hacer nada al respecto. A eso, en la literatura pop, se le llama un crimen perfecto. La moraleja es que a veces para hacer valer la ley hay que violar la ley, lo importante es que la ley que se quiera hacer valer no sea la misma ley que se viola, puesto que eso derrotaría el propósito de tan delicado estado de derecho como el nuestro. Paréntesis: Es en extremo extraño evaluar la gesta de la policía única y exclusivamente a partir de la incidencia de determinados crímenes dado que los factores que inciden directamente en la incidencia criminal poco tienen que ver con mayor o menor patrullaje en las calles, por lo que un número menor de asesinatos en lo que va de año no es para nada indicativo de cuán bueno es el superintendente en su trabajo. Cierro paréntesis. Yo soy bien bueno no cometiendo delitos. Y doy fe: cada vez que me cruzo con un guardia en la gasolinera al lado de casa, le digo “No tengo nada. No he hecho nada.” De esta forma, los agentes de orden público saben que están haciendo bien su trabajo, y yo vivo con la conciencia tranquila de ser un ciudadano más, culpable de nada, sano y salvo, con un miedo demente de salir a la calle. ¡Gracias, súper!

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