16.8.13

Lucha Light, Entrega Ni Tanto


i.

En la inauguración del Puerto Rico World Trade Center honrarán a las víctimas de las torres gemelas en Nueva York. Los bomberos y policías de aquí le rendirán tributo a los bomberos y policías de allá. Colocarán una placa en la entrada con un texto corto, quizás una sola frase alusiva a cómo la llama del intercambio económico y comercial sigue viva en el Caribe. El padre Darío hará la invocación. Será la combinación perfecta del comercio, la cultura, el chanchullo, la fanfarria y la espiritualidad.

Habrán protestas en áreas de expresión pública, a una distancia prudente de las festividades. Fuerza de choque por si las moscas. Habrán moscas. Y sol. Y Marc cantará Preciosa y/o God Bless America, depende. Y los y las manifestantes cantarán a coro “Si Nueva York reluce como el oro y hay edificios con 500 bares, aquí dejaré escrito que se hicieron con el sudor de todos los cañaverales.” Pero lo harán desde tan lejos que no hará diferencia puesto que para los efectos de los invitados de honor bien podrían estar haciéndole coro a Marc. Y se hablará del poder unificador de la canción Preciosa o de la universalidad del God Bless America, depende.

Entonces la poeta invitada tomará la palabra y proclamará en rimas muy muy lindas y caribeñas y urbanas y playeras que desde ese día en adelante seremos híper-visibles y hermosos. “¿Qué rima con hermoso? ¡Bochornoso!” Gritarán los y las manifestantes haciendo pleno uso de su libertad de expresión desde tan y tan lejos, que mirándolos desde la tarima, los invitados de honor pensarán que son moscas. Es el caribe, dirán. “It can't be perfect.”

Dice el poema: “El bananal es un infierno verde para que en Nueva York beban y bailen.” Aquí bailan también. Y beben. Y protestan. Y el Caribe, mirado desde adentro, es del tamaño de una mosca. En una mosca cabe el mundo. A la mala.

(8/13/13)

ii.

Hay más manifestantes que turistas en el Viejo San Juan. ¿Será eso bueno o malo para la economía? Pregunto porque los turistas no tienen cara de que se quedarán con las ganas de volvernos a visitar muy pronto. Debíamos haber hecho pancartas en inglés.

El guía les indica que pasen pegaditos a la derecha “without making eyes at nobody. And no worry, because this have nothing to do with you.” Y tiene razón: Obstaculizarle el camino al turista al pasar entre los y las piquetaras es frostin. No que nadie aquí necesariamente esté en contra del turismo, o de los turistas como tal, pero se siente bien ver el sol caer entre la gente reunida en las calles de la ciudad. Sentir por un par de horas que la calle aún es punto de encuentro para quien pueda llegarle a la protesta sin temerle a nada, esperanzado y no tener que preocuparse uno por ofrecer direcciones al gringo que pregunta a dónde los mejores “Panama hats.”

Creo que hoy al menos los gringos sienten un chispi de miedo y supongo que preguntarle a un socialista cómo se llega a Señor Frog's no es la movida política más acertada que la mujer con la pamela podría hacer en el día de hoy. Yo, si fuera socialista, le diría a la mujer, muy pegadito a la izquierda, que al contrario, “this have everything to do with you, so you better open your eyes with worry and look at everybody here.” Yo abro mis ojos maravillado con la cantidad de gente en un piquete a las 5pm hoy día miércoles y si fuera socialista, diría que los caminos que toman para llegar a la protesta son múltiples pero convergen.

El único camino es el fin del turismo. Es decir, vencer la costumbre de andar por las calles del País desprendido de todo menos del sombrero sobre tu cabeza. Yo una vez cometí el error de preguntarle a un socialista dónde consiguió su sombrero y me ofreció una charla larga y tendida sobre todo lo acontecido en la historia del canal de Panamá. Él está aquí hoy piqueteando conmigo, como de costumbre. ¿Será eso bueno o malo para la economía? Pregunto porque de seguro nos volveremos a ver todos y todas aquí muy pronto.

El Señor Frog's , creo, queda allá por las ventas del...

(2/6/13)

iii.

Tito Kayak estaba vendiendo abrazos en las Fiestas de San Sebastián. Aclaro: por un donativo—el que fuera— podías tomarte una foto con Tito. La gente lo abrazaba. Antes y después de la foto. En la foto le echaban el brazo, sonreían. Yo quise un poco llorar. Tito no es un Rey Mago. Ni un camello en la lomita. Tito de seguro se treparía en una grúa vestido de rey mago, con un camello a sus espaldas como estrategia de lucha. Exagero, creo. Pero no me burlo. Jamás. Sólo que me dolió un poco verlo posar para fotos junto a un jarrón repleto de pesos de a uno y menudo, como si fuera cualquier Tito de la vida vestido de Santa Claus. Tito jamás se vestiría de Santa Claus. I hope.

Yo iba en busca de un machetito para colgar de mi cuello, pero salí con marrayo y jabones de almendra y leche de cabra. La lucha es dulce a veces y bien oliente. Qué lucha ni lucha, a las fiestas grandes se viene para decir que viniste.

Mientras miraba a la gente tomándose fotos con Tito, un chamaco se acercó a preguntarme, excitadísimo, si ese en verdá era él. Yo asentí y el muchacho llamó al resto del corillo para que se tomaran todos una foto con Robi que pedía donativos para su lucha contra el cáncer. Las luchas muchas veces son así. Accidentadas.
Robi tampoco se vestiría de Santa Claus. Ni sé realmente qué hacíamos allí a su nombre (este año le dedicaron las fiestas a Draco). Pero el cáncer es lucha toda y me alegro millones por él. Por lo demás, creo que estoy un poco viejo pa esto. A las fiestas grandes se viene para sentirse joven. Parte de sentirte joven es hacer las cosas para decir que las hiciste. El muchacho y su corillo ahora pueden decir que abrazaron a Robi Rosa. Tienen una foto para probarlo. Quién sabe, quizás el año que viene le dedican las Fiestas a Tito a manera de donativo para la lucha.

Lo que no darían esos muchachos por una foto con él.

(1/21/13)

iv.

“Me siento como una revolucionista.” La muchacha no debe tener más de 15, 16 años. Llama por teléfono, “Mami, pon Univisión. Voy a salir en la tele.” A los quince minutos tiene calor, tiene hambre, se quiere bañar. Lo sé porque se lo dice a su amiga que grita Pena de Muerte Sí, Justicia No. Se confundió. Se da cuenta. Corrige. Pena de Muerte No, Justicia Sí. No es la mejor consigna del mundo, cierto. Pero lo importante es participar. Se confundió de nuevo. No importa. Le pasa a las mejores revolucionarias.

“¿Si yo digo Justicia Sí, eso es a favor de nosotros verdá?” me pregunta y yo le contesto como un verdadero pendejo. “En teoría,” digo. Y me siento mal, así que coreo con ellas un rato hasta que se cansan, se despiden y se van. Al rato me voy yo, sin despedirme de nadie.

Mi teoría es que Justicia, Nosotros y Verdad son tres términos que difícilmente coinciden en la misma oración sin hacer a alguien reír o llorar. Quiero llorar. En el día de hoy un jurado federal considera mandar a matar a un hombre desconocido por mí. En el día de ayer el Tribunal Supremo nuevamente se rehusó a reconocer una familia compuesta por dos madres y su hija. De seguro demasiado revolucionista para el gusto de los jueces. Las mejores familias lo son.

¿Si yo digo Justicia Sí, se entenderá que estoy en contra de la mayoría de los jueces del Tribunal Supremo en la teoría y en la práctica? Días como hoy, yo practico permanecer parado largo rato sosteniendo una pancarta. Días como ayer, practico no llorar. En teoría, yo formo parte de un nosotros abolicionista. Pero, en verdad se trata de un conjunto de gente diversa con ideas disímiles acerca de la vida en comunidad. Muchas veces se siente como un disparate. No importa. Lo importante es que resistimos. Mierda es, lo próximo es dinamitar la corte federal. Secuestrar a los jueces del supremo. Si ya nunca será la revolución, pues ¡que viva el revolú!

Esta es la parte del ensayo donde supongo dejar claro que mis palabras no son de riña, sino de risa o de llanto, dependiendo del nivel de desencanto del lector. No es una incitación a la violencia, es una insinuación de que la violencia sería bienvenida para el bien de las familias puertorriqueñas. De seguro debe haber algo en los cánones de ética que prohiba a los abogados abogar a favor de la violencia social. Yo saqué B en mi clase de ética. Pasé la reválida. No he pisado una corte en dos años de carrera. Pero he pisado la acera y la brea afuera y deberían haber cánones de ética para los jueces del supremo que se lo exigieran.

Hoy un jurado optó por no mandar a matar a un hombre llamado LaShaun Casey. Ayer, el supremo determinó que su visión de la familia puertorriqueña es mandato de dios y por lo tanto ley entre los hombres. En teoría, una cosa no tiene que ver con la otra. En la práctica, uno tiene que decidir entre la riña, la risa o el llanto. Debemos hacer la revolución. Mierda es, debemos formar un revolú. Hacen falta más revolucionistas. Alguien que secuestre a un juez y lo saque a la calle para que practique permanecer parado en espera de una decisión. Que le de hambre y calor. Que escuche a la gente común y corriente hablar sobre la justicia. Que se sienta mal y le den ganas de largarse sin despedirse. Que no lo dejemos ir.

(4/11/13)

v.

Habría que cambiarle el nombre a la desobediencia civil. Habría que sentarse en la acera a mirar la llamada oposición estadista congregarse frente al Centro de Convenciones a hacer qué exactamente, ¿rezar porque la legislatura no le cambie el nombre a la cosa? El nombre no hace la cosa dirían en la escuela de derecho. La cosa es un edificio “público.” El nombre le pertenece a un exgobernador ofensivo en extremo. Pero más me ofende el fragmento del discurso inmortalizado a la entrada del edificio bajo el cielo azul, donde el exgobernador habla de la patria como valor y sacrificio sin citar a nadie.

Nadie, en este caso, sería Albizu. El cielo que se intenta tapar con la mano en dicho discurso es el discurso de la oposición política en el País. En este País, la oposición tiende a desobedecer y los estadistas tienden a hacer discursos, tergiversando las palabras de la oposición. Ejemplo: llamar dizque a la desobediencia civil estúpidamente en respuesta a un estúpido proyecto de ley. Los estúpidos no desobedecen, simplemente no saben cómo actuar. Ejemplo: la legislatura que mediante ley nombró un edificio “Pedro Rosselló.” Otro: la legislatura que considere seriamente cambiarle el nombre a la cosa.

Uno se preguntaría a dónde el valor y el sacrificio, a dónde la desobediencia, a dónde la oposición. En todo caso, el llamado de los estadistas debió ser a la obediencia extrema, a toda costa, a mantener la cosa igual pase lo que pase, llámesele como se le llame. La cosa, en este caso, es la condición de sentirse uno rodeado por la gente más pendeja sobre la fas de la tierra y buscar maneras grandes y pequeñas de oponerse a la estupidez como condición política permanente. La otra opción sería cambiarse el nombre, hacer cualquier cosa para distraerse, tapar el cielo con la mano, pensar en nada.

La otra opción es la muerte, diría el maestro, desde la oposición. La oposición, en este caso, está en el más allá. ¿O acaso tapo el cielo con la mano?

(1/24/13)

vi.

Yo no quiero a Oscar López gratis, lo quiero libre. Pero las consignas en inglés me cogieron desprevenido y me turbé. “Obama, listen to me. I want Oscar López (for) free.” Con Romero es más sencillo: “¡Romero, asesino!” Esa consigna es facilita.

Antes de la llegada de Romero al Conservatorio de Música, llegó Carmen Yulín, que saludó a los y las manifestantes al otro lado de la Ponce de Leon. Apretó manos. Repartió besos. Tomó fotos. Y prometió, además, mostrarle las fotos de la manifestación a favor de la excarcelación de Oscar López al expresidente Bill Clinton, invitado de honor en la tarde de hoy. Romero, en cambio, no saludó a nadie. Tras que asesino, antipático. Para colmo.

Eso sí que nadie podría decir de Bill Clinton. Fue un presidente simpático. La palabra “presidente” uno la puede intercambiar por “asesino” en cualquier momento. Es un juego de lenguaje. Y de política. Yo digo una cosa queriendo decir otra: “I want Oscar López for free.” Lo quiero libre. Listen to me.

Ahora bien, más simpático que Obama, nadie. Más asesino tampoco. Excepto los tipos esos que los presidentes y los gobernantes a menudo envían a matar disidentes. “Carlos Soto Arriví tenía 18 años cuando junto con Arnaldo Darío Rosado murió víctima de un operativo policíaco en el Cerro Maravilla el 25 de julio de 1978...El gobierno de Carlos Romero Barceló de inmediato exoneró de culpa a los policías y los declaró héroes alegando que actuaron en defensa propia ante un ataque terrorista.”

“¡Romero, asesino!” A uno le gustaría que se le hubiera olvidado algo en el carro para que tuviera que salir y volver a entrar. Y todo el mundo podría volver a gritar, más duro, con más ánimo. Uno quisiera que Obama acogiera el reclamo de libertad para Oscar. Uno quisiera compartir su ánimo. Uno quisiera mucho amor de gratis, libremente dado y recibido. “Obama, listen to me I want everybody I love for free to be free.”

Libertad para Oscar.

(7/16/13)

vii.
Lo mejor de ver a dos hombres besándose en las escalinatas del Capitolio es que a uno le da por pensar que aún vale la pena prestarle atención a lo que sucede allí. Como parte de las festividades del día internacional contra la homofobia, tocaron la internacional socialista, izaron la bandera del arcoiris frente a la casa de las leyes, prendieron un árbol en fuego. Mientras, tres dragas se vacilaban el peinado de Pedro Julio Serrano. No lo llamaban por su nombre. Decían El Celebrity formerly known as Pedro Julio.

Nota editorial: para las crónicas hace falta muy buena memoria y un poco de imaginación.
Esta parte es pura imaginación. En parte. Lo de las dragas vacilándose el peinado de Pedro Julio es verdad. Más o menos.

En las escalinatas también, un colega escritor sostenía una pancarta con el mensaje “mantén tu cabrón dios fuera de mi cuerpo.” Hoy, la foto del colega es una sensación en las redes sociales. Mucha gente molesta. Mucha gente de acuerdo. Todos la comparten.

El colega aprovechó la ocasión para recordarle al público lector que su más más reciente libro está disponible para la venta aquí: http://erizoeditorial.com/216459338.

En otras noticias, el carro de mi vecino tiene un bumpersticker que dice “Mi dios está pasao.” Yo prefiero leer “mi dios está pajeándose.” Aún así, me la paso dándole gracias a dios por cada cosa buena que me pasa.
Al ver al colega con su pancarta, me pasó por la mente decirle que recién hojeaba su libro en la librería y me aburrí infinitamente, pero gracias a dios habían muchos otros para escoger.

¿Qué más? Cuando llegué de la marcha tuve una muy mala conversación con mi vecino:

-Mano, ahora no se le puede decir pato ni farifo ni maricón a nadie. Nos están quitando las palabras. ¿Te das cuenta?
-Se llevaron el oro y nos dejaron el oro.
-...
-Es una cita de Pablo Neruda.
-No empieces con las paterías.
-Neruda no era gay.
-¿No? ¿Y quién era el de los jueves de verde?
-Lorca, pero es verde que te...
-'pera, ¿loca tampoco se puede decir?

No hemos hablado desde entonces.

Nota editorial: para escribir crónicas es crucial saber distinguir entre lo que meramente pasó y lo verdaderamente importante.
Eran bellos, ambos.

En fin. ¿soy yo o lo mejor de la bandera del arcoiris es que no tiene estrellas? Eso quiere decir que Andrés Jimenez nunca le podrá cantar.
¡Súper!

(5/19/13)


viii.


“Esto no es lo mío y yo no creo en ninguna de esta gente, que quede claro. Llámeseme vendío, melón, populete, lo que quieran, pero había que estar aquí,” se excusa sin la menor provocación un hombre querido, amado casi, por mí, a la entrada del Parque. “Este hombre es socialista,” pienso. “Fue socialista, porque si el don está aquí...” Entonces siento una voz que me dice: “Tú también estás aquí, populete de mierda.” “Cierto,” contesta otra voz interior en mi defensa, “pero nadie espera gran cosa de los socialistas de Caparra.”

Me acomodo lo más cerca posible de la tarima principal. En las bocinas, Silverio vuelve a narrar la vida campesina y yo me quiero matar por acceder a venir, por convencerme en camino de que iba en pos de cronista, sin libreta ni grabadora, ni interés real en comentar las festividades, fuera de que es la primera vez en años que entro al Parque Luis Muñoz Marín, y la palabra “funicular” acaba de salir de mi boca como un regalo.

“Hay más independentistas que en Claridad,” le comento a un amigo fupista y me quiere matar. Pero primero tendría que matarse él, por populete, por vendío, por melón. Seguimos.

En la tarima, una mujer de Nueva York dice que la alcaldesa fue el eje de “algo” muy parecido a la Primavera Árabe y a Occupy (primera noticia). Antes de eso, hubo plegarias, clamor a Dios. Antes de eso, entró René y los populetes en tarima gesticulaban extrañamente, hacían señas aprendidas de documentales de gangas en Discovery para llamarle la atención. Antes de eso, cuando llovía, la alcaldesa tomó el micrófono y dijo que de Aquí No Se Va Nadie, que en los piquetes le enseñaron a decir Lucha Sí. Yo rezo porque no nos vuelvan a sacar de contexto, pero la voz más militante en mí me cuestiona el uso de la primera persona plural. Luego cuestiona mi necesidad de rezar. Luego me quiero matar.

“Soy peor que Silverio, mano,” me digo, lo suficientemente alto como para que el compa a mi lado me diga, inconsolable, Aquí Todos Somos Silverio. En la tarima, la alcaldesa promete la devolución de tierras al Fideicomiso de la Tierra, ordenanzas y reglamentos en contra de la homofobia y la xenofobia, mayores servicios de salud, defender la universidad en los portones etc. Yo la escucho “esperanzado,” me atrevería a decir. Digo “esperanza” como digo “funicular.” Como un regalo.

¿Tendrá vuelta? ¿Habrá vuelta atrás?

(1/15/13)

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