7.8.13

El Simpático Ayer


En la librería, escucho a dos chamacos de escuela superior discutir sobre literatura puertorriqueña. Uno agarra una copia de Simone y le dice al otro, “la primera es mejor.” Éste contesta con los hombros que no le importa. Desvía la mirada hacia la mesa de novedades y luego pasa al área del café, molesto.

Me acerco al primer chamaco, y sonriente, le digo que a mí también me gustó más la primera novela. En particular la parte de Paris. Le pregunto cómo llegó a sus manos—a saber las trayectorias que toman los libros “invisibles” entre la gente para formar una comunidad de lectoras y lectores inesperados, bienvenidos, ¡qué felicidad!

Me dice que por obligación en su escuela, pero que la disfrutó. Más sacó A en el examen. Me sorprende. Sonrío grande y me dispongo a preguntar por la escuela, pero rápido añade “mi parte favorita es la de Benny con su ferrari.”

Encojo los hombros, desvío la mirada, “ya,” como si no me importara.



¡Qué buen momento para ser puertorriqueño! ¡Qué buen momento para la literatura local! ¡Qué buen momento para conocer la obra de un autor desconocido en su propio País, descontando el corillo que lee y que escribe, como él, aunque no necesariamente sean del mismo corillo, porque el hecho de que la literatura local sea invisible en una isla tan pequeñita, no quiere decir que la gente que lee y que escribe sea un todo armonioso, un “todito,” nada que ver, mucha de le gente que lee y que escribe en el País, en la mayoría de los casos los que leen son los mismos que escriben, aunque eso no quiere decir que sea mutuo el aprecio y el apoyo y la lectura entre claques, todo lo contrario, pues los corillos no mezclan entre sí, pero se conocen y con gran probabilidad se leen entre ellos, aunque jamás lo aceptarían, en fin! ¡Qué buen momento para usar signos de exclamación!



No sabía que Eduardo Lalo era un seudónimo.
(Nombre: Eduardo Rodríguez).
Le da caché, misterio.
A ver: Roberto Rebollo.
Uff, yo pagaría por leer algo de él.


Ahora el único autor invisible que nos queda es Che Melendes. Y Gallego. Más Gallego que Che, pues Che es fácil de encontrar. A Gallego hay que buscarlo bien. Una vez, dando vueltas por Río Piedras buscando a Gallego, me encontré a Che par de veces. Me preguntó “oye, ¿dónde está Gallego que no aparece?”

No es por nada, pero hoy día la cara de Lalo es infinitamente más reconocible que la del gobernador, al menos en el plano internacional. Nomino a Lalo para Ministro de Bretes Externos. O para Gobernador.  ¡El ELA mejorado será letrado! Todo lo demás se quedará más o menos igual.



¿Ya pasó la caravana de bienvenida a Lalo desde el aeropuerto?



En su discurso El Hermoso Hoy, ofrecido en la ceremonia de entrega del Premio Rómulo Gallegos, Lalo dijo que Puerto Rico era el único País latinoamericano conquistado dos veces. Dudé por un momento y busqué online. Se refería a la colonización española. Me tranquilicé. Porque, vamos, si nos hubiera tocado vivir bajo el yugo gringo otra vez, ahí si que se iba a formar.

3 comentarios:

  1. Un placer leer esta entrada. El párrafo de la nominación es una joya.

    Siempre (de hecho desde antes de empezar a escribir) me ha intrigado el tema de los corillos y la visibilidad literaria en nuestra geografía. No conozco ni entiendo a los corillos, sus afiliados, sus fronteras, pero de vez en cuando espío sus sombras internáuticas. Un abrazo.

    rb

    ResponderEliminar
  2. Hola Rima! Gracias por leer. Sí, es curioso, por no decir nefasto, como la dinámica de corillo dificulta, cuando no imposibilita acoger críticamente las obras de compas. Se torna en una cosa de o te gusta del todo porque sí, o lo rechazas wholesale, sin más. En fin.
    un abrazo grande,
    g

    ResponderEliminar
  3. Pero es divertido espiar. :-)

    ResponderEliminar