1.8.13

El Refugio


“La Librería, refugio de misoginia, pero venden buenos libros.” De hombres, mayormente. Eso no quiere decir que los hombres escriban sólo para otros hombres, sino que las mujeres que se resistan a leer ¿leerán qué? ¿Revistas? La Librería no vende revistas. Las páginas glossy son de nena. Eso no quiere decir que la clientela es hombres solamente, ni que fuera un putero. Es una librería.

Leer es un ejercicio de libertad. Yo como hombre me siento libre de leer lo que me salga de los cojones—una expresión que dependiendo del contexto podría ser en extremo misógina. Pero nunca en La Librería, porque apenas hay mujeres para que se ofendan. Hay hombres en su tiempo libre, hablando de mujeres, con referentes literarios. Eso se llama improvisar un congreso sobre la invisibilidad de la literatura en el País. Pero yo veo a mis autores favoritos a cada rato. No que cualquier hombre que escriba es bueno. Escribir de por sí no es de hombre. Es humano. ¿Quién habrá sido el macho que dijo eso?

A mí de La Librería me gusta que los hombres que uno se encuentra allí no hablan de carros. Las conversaciones sobre carros siempre me hacen sentir como la única mujer en un congreso literario local: incómodo, presionado. Por eso no las invitan. Para evitarles el mal rato. ¿Quién dijo que los hombres que leen no son sensibles? Una mujer de seguro. En alguna revista.

A saber qué carajos leerá. En La Librería no venden eso. 

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