26.8.13

Domingo de diversión


Al finalizar el show de belly dancing, el Payaso Miguelín sube al escenario en el mal llamado “Mall de la Familia.” Mitad del público se ha ido. Lo acompaña el Payaso Rafael, vestido de negro y rojo socialista, tenis converse XX-Large. La tarima está en el sótano. Los poquitos que observan, lo hacen desde el primer piso donde el Payaso Coquito regala bombas en forma de jirafa a los pocos niños que se atreven acercarse. El Payaso Coquito mete miedo. Abajo, Rafael y Miguelín bailan bachata, reggaetón. Arriba, Coquito espera a que un niño le pida un globo. Entre el público se encuentra la Payasa Dulcerina, vestida de civil. Luce mustia. En la tarima, Miguelín y Rafael hacen chistes con la palabra “moco.” Par de niños ríen. Uno tiene la cara pintada del hombre araña. Coquito tiene la cara pintada de desolación. Miguelín tiene la cara pintada de cansancio. Rafael parece el payaso de la revolución. Dulcerina, así sin maquillaje, luce idéntica a cualquiera aquí, donde reír es un regalo que a menudo cuesta recibir.


El belly dancing goza de popularidad en Puerto Rico. En la presentación participaron agrupaciones de Bayamón, Guaynabo, Carolina, Caguas y Toa Alta. Las participantes tenían entre 7 y 25 años. En una bailaron al son de “moviendo la cadera” de Los Hermanos Rosarios. En otra, bailaron al son de la canción “El Tiburón” de Proyecto Uno. El baile proviene del medio-oriente. Una mujer en el público, a manera de crítica, me dijo que si yo quería ver belly dancing de verdad tenía que ir al sur de la Isla.


Cada vez que veo un payaso pienso primero en El Cantante de Lavoe, luego en la carátula de su disco Comedia. Entonces empiezo a tararear Payaso de Sammy Marrero con Raphy Leavitt. Tardo unos segundos en darme cuenta de mi error. A lo que voy es que todos los payasos sin excepción me provocan tristeza. Ya nadie quiere escuchar su pregón. 

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