17.7.13

Libertad para Oscar (in English, más o menos)


Yo no quiero a Oscar López gratis, lo quiero libre. Pero las consignas en inglés me cogieron desprevenido y me turbé. “Obama, listen to me. I want Oscar López (for) free.” Con Romero es más sencillo: “¡Romero, asesino!” Esa consigna es facilita.

Antes de la llegada de Romero al Conservatorio de Música, llegó Carmen Yulín, que saludó a los y las manifestantes al otro lado de la Ponce de Leon. Apretó manos. Repartió besos. Tomó fotos. Y prometió, además, mostrarle las fotos de la manifestación a favor de la excarcelación de Oscar López al expresidente Bill Clinton, invitado de honor en la tarde de hoy. Romero, en cambio, no saludó a nadie. Tras que asesino, antipático. Para colmo.

Eso sí que nadie podría decir de Bill Clinton. Fue un presidente simpático. La palabra “presidente” uno la puede intercambiar por “asesino” en cualquier momento. Es un juego de lenguaje. Y de política. Yo digo una cosa queriendo decir otra: “I want Oscar López for free.” Lo quiero libre. Listen at me.

Ahora bien, más simpático que Obama, nadie. Más asesino tampoco. Excepto los tipos esos que los presidentes y los gobernantes a menudo envían a matar disidentes. “Carlos Soto Arriví tenía 18 años cuando junto con Arnaldo Darío Rosado murió víctima de un operativo policíaco en el Cerro Maravilla el 25 de julio de 1978...El gobierno de Carlos Romero Barceló de inmediato exoneró de culpa a los policías y los declaró héroes alegando que actuaron en defensa propia ante un ataque terrorista.”

“¡Romero, asesino!” A uno le gustaría que se le hubiera olvidado algo en el carro para que tuviera que salir y volver a entrar. Y todo el mundo podría volver a gritar, más duro, con más ánimo. Uno quisiera que Obama acogiera el reclamo de libertad para Oscar. Uno quisiera compartir su ánimo. Uno quisiera mucho amor de gratis, libremente dado y recibido. 

“Obama, listen to me I want everybody I love for free to be free.”
Libertad para Oscar.

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