22.7.13

For whatever it's worth


El que se va podrá ser un traidor desde la perspectiva del más retrógrada espíritu patrio-cómico, pero no es pendejo. Es pendejo quien se queda, teniendo quizá la oportunidad de salir. Dicen los que saben— ausentes todos— que es un riesgo innecesario el que se corre, o “un lujo” que se gasta, el sujeto, que a saber cómo o por qué, posee una fijación en extremo extraña con los deleites y desesperos del desolado patio patrio que habitamos. De paso, es curioso cómo quienes se cantan expertos en materia del día a día en la Isla no residen en la Isla desde el 2012 o el 1992. Y sí, un día más o un día menos hace la diferencia cuando se trata de calcular el balance de nuestra cotidianidad compartida (por siempre en construcción, convenientemente). Y no, vivir la isla a través de Facebook no cuenta, no importa cuantas de tus amistades sean fieles voceros del acontecer isleño, ni cuanta literatura local te eches al cuerpo. Hay que hablar con la conciencia de donde tenemos el cuerpo metido al momento de dictaminar sobre la vida de los demás. [Mi cuerpo está metido en un cómodo apartamento en el área de Río Piedras, y escribo durante mis vacaciones, con la buena fortuna del bien nacido y del docente a tiempo completo y sí, esto hasta cierto punto explica mi regreso y estadía extendida en el País. Y no abundo porque ya aburro con tanto disclaimer y disclosure, pero propongo que me gustaría ver más disclaimers entre comentaristas].

Ayer leí en Facebook que quien se ha quedado viviendo aquí no sólo está conforme sino que es cómplice con la debacle económica, ética, gubernamental del País. Que si no te buscaste una salida “forzada” es porque muy probablemente te la has pasado busconeando, forzando a otros a lanzarse a la mar. O porque permaneciste callado ante semejante naufragio. Y así, el que se queda no sólo es pendejo, sino que traiciona la ley de la patria al echar a perder tanto talento radical. El comentario ofende por su espíritu patrio-cómico, en tanto migrar se presenta como la única opción de los verdaderos hacedores de la patria, que ahora asumen la ardua tarea de forjarla desde sus afueras, en el afuera izquierdista, academicista y acomodado. Desde esta perspectiva, la Isla ha quedado presa del caco y del bully, del buscón y el retrógrada, del fundamentalista, el conforme y el pendejo. El problema es que en la Isla también vive gente en las afueras de estas categorías y en clara oposición a ellas, o que simplemente bregan con ellas, cómo pueden. Algunxs desde muy adentro. Y difícilmente. ¿Procederá la empatía?

Todos los días, muchos de nosotros y nosotras aquí nos sentamos a re-trazar nuestro plan de vida en el País con un plan de escapatoria en el bolsillo de la camisa o pantalón. Es cierto. Algunxs otrxs nos echamos mucha literatura local al cuerpo. La leemos como manuales de supervivencia. Y sobrevivimos con un pie adentro y otro afuera, dispuestos a buscárnoslas en otros lares en cualquier momento. Se vive así. Se escribe así. A manera de riesgo asumido. De gasto gradual, “lujosa” o “lujuriosamente.” Como quieran. Y esto es lo fundamental— “los que quedan” y “los que se fueron” tienen un inventario compartido de escenas de ansiedad, desesperación y escapatorias imaginarias que deberían servir de puntos de contacto para discusión, colaboración y empatía. Procede dejarnos de pendejadas y entendernos. Mostrarnos las marcas de ese gasto gradual, con sus matices y contradicciones. Practicar la cercanía.

4 comentarios:

  1. (La babe me prestó una de sus palancas)

    Para mi lo mejor es el final. Entendernos es un comienzo siempre irresuelto y conflictivo. He escrito sobre este tema pero desde otro ángulo: Ir(se) y De la queda(era), este último fueron tres entregas en Cruce.

    Creo saber a qué (quién) se refiere, y las generalizaciones y juicio sumario a las que puede estar reaccionando no los comparto. Lo que leo asedia muy bien la simplificación que se lee en el texto de otro, pero comparte su binarismo, replica o hereda esa imagen del afuera. Academia no es igual academicismo, como cáncer no es igual a Cheo Feliciano, o izquierda es igual a Julio Muriente. (Qué buen apellido). Y sí, muchos de los que persisten en la isla no han dicho esta bocaesmía ante la realidad que "expulsa" a algunos puertorriqueños. Una realidad que no es meramente partidista ni ideológica. Como tampoco salir es automáticamente des-responsabilizarse ante la comunidad. En lo personal, traté y expuse las razones por las que me tenía que ir o podía quedarme, pensando, que algo se podría hacer allá. La respuesta fue una sonrisa y un gesto con los hombros, mientras el Director de ESHI agarraba el Claridad con el sobaco.

    Hay, sin embargo, una realidad que apenas se menciona entre los que piensan este problema y es un gesto que Fanon, quien ha pensado demasiado bien la envidia y el resentimiento colonial, podría ayudarnos a pensar. Me refiero al resentimiento y pequeñez ética que se genera entre los seres más cercanos cuando alguien anuncia que se va. La roña casi respirable que le levantan a ciertos puertorriqueños que apalabran un afuera como posiblidad, incluso estando en la isla.

    Esta es una situación con una historia larga en Puerto Rico, pero la emigración reciente rebasó la emblemática del ELA cincuentoso. A lo que voy es: la conversación siempre gravita hacia modos de demostrar cómo o quién pueder ser Más puertorriqueño. Ahí mismo se acabó el partido. De hecho, eso está pulsando soterradamente en la discusión sobre Simone y es la marca misma del carimbo colonial.

    La empatía no va a bregar si no lidiamos con las manías del que guisa con la cultura del poder del ELA, su interpelación y su eterno remendar y hacerle empates a lo que ya no camina. Entre muchos de los quedados en la isla, esos que andan haciéndole pruebas morales y de identidad a los que se fueron, hay coincidencias con la peor cultura de la mediocridad del ELA y le deben y cómo. Estar afuera no salva a nadie. La cosa, creo, echará a andar cuando estemos más allá de la pérdida, cuando perderse o la perdición no sea un problema moral sino un modo político con los demás.

    Atajar los "eso es lo que hay", "mijo y qué tu esperabas" o "¿tú eres de aquí?". La extranjeridad pese a ser una de nuestras mejores herramientas, no gusta cuando exhibe su ficcionalidad y la de los otros.

    Practicar también la lejanía, que no es igual a irse, para mirar a la distancia, sacar la cabeza del cubo o leer el Coloquio con Juan Ramón Jiménez de José Lezama Lima: El poder de la resaca.

    Juan Carlos Quintero-Herencia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Saludos Juan Carlos! He leído y releído tus columnas en Cruce sobre este tema y estoy de acuerdo contigo, hace falta matizar todo y todxs lo que es "afuera" y todo y todxs lo que es "quedarse." Y sí, el discurso aplastante de la puertorriqueñidad al que a menudo se recurre para abordar este tema es nefasto y terrible. Y entiendo que aún domina la discusión. Sin embargo, mi crítica a los comentarios del compañero en torno a expulsados y expulsadores, responden a otra cosa. Entre mis contemporáneos y entre compas de generaciones más jóvenes la conversación sobre irse y los y las compas que se van es frecuente. Se habla con una mezcla extraña de frustración y esperanza. De longing e incertidumbre. En esas conversas, no está en juego la puertorriqueñidad, están en juego la compania, la cofradía, la cercanía. Se habla de la frecuencia de fiestas y get togethers de despedidas, de planes para visitas y eso. Creo que podemos ver esto en la literatura-- Días de Omar Banuchi/Rosaura Rodríguez y Restos de Lumbre y Despedida de Xavier Valcárcel son dos muy buenos ejemplos,

      Mi issue con determinados aspectos de la conversación acerca de las dinámicas y procesos de expulsión en el País (que son reales, claro) no parte por tanto de bretes identatarios. Mi preocupación y malestar giran en torno a un tono autoritario que noto entre algunos (no sólo uno) intelectuales del patio (ahora out there somewhere) que teorizan y pasan juicio sobre la cotidianidad en la Isla, desde espacios privilegiados (sin asumirlos), y que definen desde la distancia lo que se vive aquí day to day. A esto se le suma, una tendencia a hablar y teorizar desde un lugar difuso-- sin matices de clase, raza etc— que tornan esa voz en una amplia-amplísima capaz de hablar por todxs lxs migrantes posibles,. Y eso no me brega para nada.

      Tienes razón, habrá que practicas la lejanía también. Y para esa conve estoy dispuesto.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Recuerdo esas actividades pre y durante la salida. Esa es la comunidad de afectos, ese es mi Puerto Rico diminuto, que estructuralmente ha sido desalojado por los partidos, las claques, la mediocridad institucional, las ideologías y los discursos del "compromiso". Esa mezcla de emociones es ya, me parece, un signo de despedida y de cansancio ante la mismidad.

    Asumir nuestra especificidad, de clase e institucional, es decisivo pero corre el peligro de devenir acto de contricción o de "autocrítica" para darse "autoridad" ante ciertas comunidades nimias.

    Gracias y otro,
    jcqh

    ResponderEliminar
  3. Eh, no, diferimos. No me refería simplemente a actividades, juntes. Me refiero a la conversación sobre la migración y cómo se experimenta desde la diversidad de espacios. Y me refería también a que se está escribiendo buena literatura desde esos espacios. Te mencionaba dos excelentes ejemplos. Fantásticos, de hecho, por su especificidad, sin ser/sonar autoritarios.

    ResponderEliminar