15.7.13

Casellas y Zimmerman: Breve Comentario sobre el Racismo en Puerto Rico


Cuenta mi estudiante que él estaba jugando baloncesto cuando llegaron agentes de la unidad de arrestos especiales a la comunidad Los Filtros en Guaynabo. Le “pidieron” a él y a otros 5 o 6 chamacos que vinieran con ellos. Los llevaron al cuartel. Los interrogaron.
Él dice que mide 5'6'', 5'7''.
Trigueño.
Muy bajito, para el baloncesto. Sin embargo, fácilmente podría pasar por un “un hombre trigueño, de unos 5'5'' de estatura.” Ésta, recordarán, es la descripción que ofreció Pablo Casellas el año pasado del supuesto asesino de su esposa Carmen Paredes.

En Estados Unidos, la práctica de culpar a un sujeto negro por los crímenes de una persona blanca se conoce como “racial hoax.” La práctica es más o menos exitosa. Sujetos blancos, responsables de delito, a menudo logran desviar la atención de las autoridades por un tiempo, mientras atienden sus asuntos, preparan su defensa. A causa de ello, personas negras, inocentes, sufren arrestos, interrogatorios. Los “racial hoaxes” funcionan en tanto y en cuanto dentro del imaginario racial estadounidense, se percibe al sujeto afro-americano como inherentemente peligroso. Es decir, hay un entendido socio-cultural que un negro en cualquier momento podría ser culpable de algo. Cualquier cosa. Lo que se le antoje a un blanco.

Traigo este detalle del caso de Casellas a memoria, no con la intención de “probar” o peor, de dar por sentado, su culpabilidad. Sino, para brevemente arrojar luz sobre los puntos de contacto de este caso en Puerto Rico, con lo acontecido en el caso de George Zimmerman y Trayvon Martin en Florida. Para entendernos: mi estudiante fue intervenido e interrogado por las mismas razones por las cuales Martin fue asesinado y su asesino fue absuelto. Para las autoridades, resultó “razonable” pensar, al menos durante las etapas iniciales de la investigación de la muerte de Paredes, que un hombre de “tez oscura” de la comunidad Los Filtros fuese el responsable del delito. Esto, a pesar de que desde el inicio, la historia, según narrada por Casellas, era inverosímil (eso de salir de la casa descalzo a sacar dinero de la ATH, ir a casa de su padre, cambiarse de ropa etc.). La “razonabilidad” de ese pensamiento, no importa cuán espuria, responde al mismo entendido socio-cultural que justificó el asesinato de Martin a manos de Zimmerman, al menos desde el punto de vista de seis mujeres blancas en Florida. Ese entendido no surge en un vacío. Es producto de un orden social racista, fundamentado en creencias, prácticas y procesos, a nivel macro y micro, de privilegio y exclusión.

Durante el día de ayer y a partir de una serie de posts en Facebook criticando las expresiones racistas de puertorriqueños y puertorriqueñas en torno al veredicto en el juicio contra Zimmerman, sostuve varias discusiones con compañeros y compañeras, que entendían improcedente, en primer lugar, interpretar lo acontecido en Florida como un problema de razas, y segundo, aprovechar la ocasión para hablar sobre el racismo en Puerto Rico. Para algunos de mis interlocutores, lo acontecido en Florida es comparable con lo que acontece cotidianamente en la Isla única y exclusivamente en tanto aquí también uno vive con miedo a escalamientos y atracos, y por ende es razonable que uno, como ciudadano común y corriente, se arme para proteger lo suyo, y pues Zimmerman desafortunadamente se equivocó, pero eso no lo hace racista. Eso le podría pasar a cualquiera, decían.

Propongo que el racismo de Zimmerman está en su equivocación, o más bien, en su predisposición a equivocarse y tomar a cualquier muchacho negro que se tope en la calle por sospechoso. Predisposición que es compartida por amplios sectores de la población blanca americana, sin mucho esfuerzo. De forma semejante, una de las manifestaciones del racismo en Puerto Rico, es la predisposición a tomar un cuento como el de Casellas por cierto, al punto de ir a recoger muchachos inocentes en la cancha de baloncesto e interrogarlos en el cuartel, aun cuando nada de lo narrado tenga sentido.

Sépase pues que hay otras víctimas inocentes en ese caso. Sépase también que la descripción que ofreció Casellas del asesino aplica a un gran número de los estudiantes en la institución donde enseño. Sépase que esa predisposición a sospechar de ellos es ampliamente compartida en el País. Sépase que sus vidas también están en juego. 

1 comentario:

  1. Guillermo, gracias por el post. Llevo días tratando de pensar como se traslada ese racismo que se vive en lo EEUU a PR. Cómo lo vivimos acá y que a veces pareciera tan solapado.

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