30.6.13

Sobre la Soledad en Ponce


i.

El casino de la plaza de Ponce abre a las 8am. Cierra a las 4pm. A la hora de cierre, los viejitos esperan por su pon afuera. Hay un banquito justo al lado de la entrada. No sé quién entrará al casino tan AM. Es falso. Los viejitos llegan temprano a casi todo. Creo que les regalan café. En el casino a mediodía los croupieres esperan pacientemente que alguna doñita se harte de los tragamonedas y pruebe su suerte en las cartas. Es falso. Las doñitas que van al casino a mediodía no juegan ni blackjack ni ruleta. La más cercana a mí apoya su andador del respaldo de la próxima silla en la línea y se sienta en una máquina de 5 centavos. Tiene una bolsa plástica colgada del andador. En la bolsa una lata de salchichas Carmela. Como ella, hay veinte, no, treinta. Menos el andador. Hay una en un carrito motorizado. Muchas usan viseras. Uno toma asiento entre ellas y desea mucho morirse antes de verse así en un futuro. Uno prefiere morirse hoy mismo, si es posible, echar el porvenir a pérdidas. Es eso o llevarse un don a la casa y sentarlo frente a la televisión. Adoptarlo sábados y domingos de 8am a 4pm como parte de un programa improvisado de desvío. Cuidarlo. Un día dejarlo desatendido apenas 15, 20 minutos. Descubrir que se robó todo tu menudo. Pillarlo entrando al casino. Montarlo en el carro. Regresar a la casa, molesto pero solidario en el fondo. Intentar, qué sé yo, conversar con él. Jugar cartas.

ii.


La única otra tienda de cómics en Puerto Rico está en Ponce. El #151 en la calle Villa. Te recibe un gordito con una camisa del Capitán América. Otro gordito, con una de Batman, te pregunta si necesitas algo. El tercero hace chistes: “yo me voy en quince, que mi esposa me está esperando. Aunque no sé pa qué me estará esperando.” (Risas). Su camisa es de Linterna Verde.

Casi no hay cómics. Hay tres tristes cajas de cartón sobre el mostrador, que parecen sacadas de una mudanza más que otra cosa. La tienda se especializa en memorabilia. Memorabilia significa pálidas estatuillas usadas de Aquaman en reventa. (¡Había un Voltron!). Precio promedio: $57.00.

Los gorditos juegan Magic. Tengo miedo que un lobo venga y sople con fuerza y derrumbe la tienda. En una, el de Batman se pone de pie, abre la puerta, asoma su cabeza. Grita: “Indio, pato.” (Risas). Antes de tomar asiento me pregunta si me puede ayudar con algo. Me voy.

iii.

Indio” es un don de, fácil, sesenta años, bronceado, que anda por el centro del pueblo, descamisado, con un speedo amarillo y plumas de colores en la cabeza. Cada diez pasos se detiene para darse en la nalga con un palito y gritar de placer. Se trepa en los bancos de la plaza, entra brevemente a los negocios, asusta a los turistas. (Hoy aprendí que en Ponce hay turistas). Es como un flash mob de una sola persona. Y sin sorpresa. Los locales lo ven venir a distancia y gritan “Indio, pato.” Los demás toman fotos. Él posa. El tipo está bien sólido para su edad. Para mi edad. Y feliz, para colmo.
Así vestido no le permiten entrar al casino.

iv.

En Café Utopía en la plaza, los llaveros de la Masacre están a dos por peso. Uno solo no tiene precio.

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