17.5.13

238, Capitolio

-Senado-

En las palabras del desconocido sentado dos filas detrás de mí “¡Qué bueno, carajo! ¡Por fin! ¡Para que sufran!” Viste, también podría citar las palabras de Martin Luther King o de Luis Muñoz Marín o Eugenio María de Hostos o Ghandi o el Obispo Corrada del Río. El senado es así— abierto a repetir las palabras de hombres (only) ilustres. Lo cual no está del todo mal, tomando en cuenta que más de la mitad de la delegación PNP no sabe expresarse de una manera lógica, coherente. Un saludito especial a los compañeros del distrito de Arecibo. De hecho, en respuesta a la pregunta de cómo contestarle a su hija de once años si en efecto está bien que una nena bese a otra nena, pues Sí ¡Carajo! ¡Para que gocen! Viste, eso lo digo yo, pero de seguro Muñoz en su etapa de poeta maldito escribió algo acerca del goce, que podría citar aquí para beneficio de las y los miembros del senado. Pero desafortunadamente no conozco la poesía de Muñoz, aunque de seguro el bardo jamás escribió algo tan hermoso como la palabra EQUIDAD coreada por todos y todas desde las gradas del hemiciclo, luego de aprobado el proyecto 238. Exagero, los últimos tres cristianos en el recinto no coreaban. Sufrían. Lo siento por ellos, pero no todos tenemos que ser iguales en la alegría. En palabras de una desconocida que me crucé al bajar las escalinatas del Capitolio “Después de Lucha Sí, esa es mi tercera palabra favorita.” Hostos no lo hubiese podido decir mejor. 

-Cámara-

Cantar victoria no. Cantar sí. Estaba buscando una canción online de título “Cabrones.” O, en su defecto, que dijera cabrones en el coro para cantarla en son de victoria no. En son de que la canción nunca se acaba. Sutil referencia a Led Zeppelin, kind of. Lo que no daría yo por un zepelín de plomo dirigido hacia la cúpula del Capitolio (i kid, i kid). El título de esa canción sería Oh Happy Day. Entonces sí que podríamos cantar victoria. Mas la canción de ayer permanece hoy, desafortunadamente. Motherfuckers. Tendré que orientar mi búsqueda hacia la música rap. Eminem tiene una canción con Jay Z de título Renegade, que dice “See, it's as easy as cake, simple as whistling Dixie while I'm waving the pistol at sixty Christians against me.” Yo la escucho y quiero ser él. Sólo que no tengo pistolas, ni buena puntería y me crié en el cristianismo, pero ningún cristiano rezando en las gradas del hemiciclo de la Cámara en contra de mis compas de la comunidad LGBTTQ es nada mío. Esa canción se titula The Bridges I burn light the way. Pa'l carajo. Las líneas, me parece, han sido trazadas y quien tenga al Dios de Wanda Rolón en su contra, tiene un amigo en mí. Friend of the Devil es una canción del Grateful Dead. Canta Jerry García que tiene dos razones para llorar. Las mías son el proyecto 238 según enmendado y la felicidad extrema de mucha gente con el proyecto aprobado a pesar de las enmiendas. Hoy cantan victoria, y quisiera hacerles coro, pero yo no conozco la letra de su canción. Siento que debo partirme en dos. Que debo partir a dios. O, en la voz de Johny Cash, god's gonna cut me down. Llevo días cantando la misma canción: “Oh no, not me I never lost control You're face to face With The Man Who Sold The World.” Hay victorias que se sienten así, como ventas de remate. Como un saqueo.

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