12.4.13

El nombre de la cosa


“Me siento como una revolucionista.” La muchacha no debe tener más de 15, 16 años. Llama por teléfono, “Mami, pon Univisión. Voy a salir.” A los quince minutos tiene calor, tiene hambre, se quiere bañar. Lo sé porque se lo dice a su amiga que grita Pena de Muerte Sí, Justicia No. Se confundió. Se da cuenta. Corrige. Pena de Muerte No, Justicia Sí. No es la mejor consigna del mundo, cierto. Pero lo importante es participar. Se confundió de nuevo. No importa. Le pasa a las mejores revolucionarias.

“¿Si yo digo Justicia Sí, eso es a favor de nosotros verdá?” me pregunta y yo le contesto como un verdadero pendejo. “En teoría,” digo. Y me siento mal, así que coreo con ellas un rato hasta que se cansan, se despiden y se van. Al rato me voy yo, sin despedirme de nadie.

Mi teoría es que Justicia, Nosotros y Verdad son tres términos que difícilmente coinciden en la misma oración sin hacer a alguien reír o llorar. Quiero llorar. En el día de hoy un jurado federal considera mandar a matar a un hombre desconocido por mí. En el día de ayer el Tribunal Supremo nuevamente se rehusó a reconocer una familia compuesta por dos madres y su hija. De seguro demasiado revolucionista para el gusto de los jueces. Las mejores familias lo son.

¿Si yo digo Justicia Sí, se entenderá que estoy en contra de la mayoría de los jueces del Tribunal Supremo en la teoría y en la práctica? Días como hoy, yo practico permanecer parado largo rato sosteniendo una pancarta. Días como ayer, practico no llorar. En teoría, yo formo parte de un nosotros abolicionista. Pero, en verdad se trata de un conjunto de gente diversa con ideas disímiles acerca de la vida en comunidad. Muchas veces se siente como un disparate. No importa. Lo importante es que resistimos. Como buenos revolucionistas. 

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