20.3.13

Vida y otras cuestiones


“¡Que lo liquiden!” Gritó el hombre desde el asiento del conductor de su Chevy... ¿Qué carro es ese? Mi lado detectivesco quería saber. Las primeras tres letras de su tablilla eran CVH. Terminaba en 2. Color gris oscuro. El conductor tenía una camisa blanca de botones, espejuelos. No sé si bajó la ventana justo cuando pasaba frente a los y las manifestantes, o si las traía abajo desde el comienzo de su trayecto. Imagino que para su casa. A las cinco y pico casi todo el mundo se dirige a su casa. Con su mano izquierda sostenía el guía, con la derecha hacía ademan de cortarle el cuello a...Vamo' a darle. Mi lado macharrán ignaciano me cucó pero a mi alrededor eran todos reverendos, representantes del concilio de iglesias. It simply was not the crowd. Además, la amenaza de muerte no era para ninguno de nosotros allá afuera. Además, había una cita del profeta Isaías en mi pancarta. Además, del otro lado de la calle, un reverendo tocaba la guitarra y cantaba canciones de una hoja suelta titulada Himnología para la Vida. Además, era una manifestación pacífica. Además, a mí me da mucho miedo pelear.

La amenaza estaba dirigida a Alexis: “¡Que lo liquiden!” Nada del otro mundo. Nada que la jefa de fiscalía federal no hubiese dicho en conferencia de prensa. Peores cosas ya ha dicho sobre Alexis, antes sobre Edison, pronto escucharemos sus comentarios sobre Casey. Y sin embargo, la amenaza del conductor me ofende, por no decir que me duele que un automovilista cualquiera de camino a su casa, gaste sus energías en gritar palabras de riña o de burla contra un grupo de personas envueltas en una manifestación pacífica a favor de un hombre tan marcado por la muerte que cualquier palabra en su contra parecería capaz de rematar el último gran argumento a favor de su vida.

“Más vale que cantes, cabrón.” No se qué lado mío amenazó, y canté.

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