27.3.13

Incomplete correspondence


Intenté escribirle una carta al presidente del jurado en el caso U.S. v. Candelario Santana. Lee así: “Mere compay, no joda más.” Quizás conviene empezar de nuevo.

Si algo se puede colegir de los reportajes recientes en torno al proceso de deliberación del jurado en dicho caso es que dista mucho de cualquier idea loca que uno pudiese tener acerca de la dinámica que se suscita entre personas llamadas a considerar la aplicabilidad de la pena de muerte para un sujeto convicto de asesinato. Una idea: las y los miembros del jurado conversan acerca de la situación particularísima en la que se encuentran, comunican la ansiedad que podrían sentir al sentarse en el cuarto para llenar formularios y pasar juicio sobre cuánto podrá haber incidido, digamos, el entorno social en el carácter del convicto, qué papel juega la comunidad en el proceder de uno de sus miembros a través del tiempo y en el momento preciso en que doce representantes de ella se prestan a decidir sobre su vida, qué rayos será la rehabilitación, qué rayos será el castigo, cómo carajos se sentirá matar, qué significaría para ellos tomar la decisión de matar, y si eso los convertiría en matones.

En mi cabeza tendría que ser un proceso largo larguísimo, complejo y emocionalmente avasallador. Pero no. Al parecer, es pura ideología y manipulación a sangre fría. Es tomar asiento y repetir las consabidas verdades repetidas día a día en la radio en torno a la criminalidad en el País, predicar el supuesto amor generalizado que sentimos como comunidad para con las víctimas de delito, en tanto son ellas las que nos dan licencia para acabar con la vida de alguien sin sentirnos del todo acabados, vacíos, como personas. Al parecer, sólo la jurado #10, tenía serios problemas con sentirse al otro día acabada y vacía. Al parecer, sólo ella interpretó el proceso de deliberación como uno idóneo para comunicar angustia y ansiedad con la encomienda que tenía el grupo allí reunido. Al parecer, sólo ella se atrevió a hablar desde su vulnerabilidad y por su vulnerabilidad se le culpó por el supuesto fracaso de la justicia. ¡Maravilloso fracaso! Agradecido de ella. Ojalá la justicia fracasara así todos los días. 

Retomo mi misiva: “Caballero, si no es mucha molestia, no joda más.” 

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