8.3.13

Good Times (2)


En San Ignacio, las peleas se ganaban o se perdían sin tirar un puño. Era cuestión de un rápido cálculo matemático: ¿quién tenía más chamacos becados en su claque? “En el colegio hasta los más hijoeputas eran buenos muchachos de familia. Sabrás que antier me encontré al chamaco que te achocó frente a los lockers, ¿te acuerdas?” El que habla es un tipo dos clases mayor que yo. Sucede que estaba parado detrás de él en la fila para pagar el boleto de estacionamiento de un hospital metropolitano. El tipo, en una, se voltea, me mira y sonríe. Luego cogimos el ascensor juntos. Por alguna razón, me quiso hablar de la paliza que le dieron a una niña en una escuela pública de Ponce. Aclaro: La razón es que él sabía que yo estudié “socialista” y ese tipo de cosas me deben interesar. De paso, antes de despedirnos, me preguntó “¿qué hace uno con eso de la sicología social, el socialismo y esas vainas?”

Seguimos: el caso es que hablar sobre lo ocurrido en Ponce mágicamente se convirtió en recordar viejos tiempos. Digo, eso fue él. Yo me dediqué a contar el tiempo que se tardaba el don del booth en cobrar los boletos, luego en cuanto se tardaba en devolver el cambio, luego en cuanto se tardaba el ascensor en bajar hasta nosotros y abrir, y finalmente en cuanto se tardaba el ascensor en subir hasta mi piso para coger el carro y largarme. Pero bueno, el caso es que entre las cosas que dijo, dijo que se encontró al tipo que me achocó frente a los lockers en noveno grado y que ahora es ejecutivo en una de “Las Grandes.” ¿Las grandes ligas? pregunté, pero me pichó.

En fin, él sólo me invitaba a reflexionar un poco acerca de como los muchachos de colegio somos somehow inherentemente más sanos y mejores que los muchachos y muchachas de la pública. “Por eso es que el colegio tiene que escoger bien al momento de becar, porque siempre es bueno andar con uno o dos, verdá, para que no te pase como te pasó a ti. Pero tampoco se le puede ir la mano a la administración ¿tú me entiendes?”

“No, pero estaría chévere apostar a cuántos ex-alumnos del colegio, digamos, los acusarán de fraude bancario en los años venideros o quizás bajo la ley 54 o algo así. ¿Te parece?”

Abrieron las puertas del ascensor.

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