21.3.13

Día tres


El señor en muletas es el papá de Alexis. Su hija es la de la chaqueta marrón. El resto caen bajo la categoría—hoy jodiísima—de 'familiares.' Entre ellos, una mujer lleva una rosa roja en una botella de agua Dasani. ¿Mitad llena o mitad vacía? La mera duda ofende.

Nos presentan: “Familia, todos ellos están aquí por Alexis.” Su hija saluda, dice gracias, hace como si fuera a llorar. Al cabo de unos minutos, se montan en un taxi y se van.
Desearle la vida a Alexis Candelario es desear con todas nuestras fuerzas que por los próximos años su padre, su hija y demás familiares tengan la oportunidad de tomar un taxi en sabe dios dónde para que los deje a la entrada de una cárcel federal y al cabo de un rato, tomar otro de vuelta, con optimismo.

Ni tan gran cosa la vida, sabes.

Uno quisiera abolirlo todo: las cortes, las cárceles, la pena capital. “Pero es que el tipo está demasiao de cabrón y lo que hizo está más cabrón todavía. Merece su castigo.” [Merecería tal vez que le den por la cabeza con la flor. Que derramen el agua de la botella sobre sus zapatos, indicando el fin del optimismo. Que ningún familiar lo visite nunca más si no quiere. Que el hombre se mude y logre pasar desapercibido en un vecindario nuevo. Que contribuya a la vida de esa comunidad. Que 'cambie.']. “Yo lo sé, chico, pero tras que estamos aquí por él...” “Estamos aquí en contra de la pena de muerte. Si fuese por él, yo me iría para mi casa.”

Me pregunto de qué hablarán los familiares de Alexis de camino a sus respectivas casas. Me pregunto por qué habrán venido; si entre ellos habrán diferencias de opinión en torno a qué significaba su presencia en la corte hoy. Me pregunto qué hará la mujer con la rosa. En dónde la colocará al llegar. Si le cambiará el agua. Me pregunto por qué una rosa. 

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