13.3.13

Activaera full


Cansado de escuchar los quejidos de activistas acerca de lo difícil que es vivir unas vidas tan activás políticamente. Gloso, por joder, algunos escritos de un activista X, Malcolm. En ellos aparecen quejas y denuncias múltiples sobre la infinidad de cosas: la supremacía de una raza sobre otra, el peso de una historia de exclusión, la violencia desmesurada, el odio. Pero no aparece una sola queja sobre lo duro y difícil que se le hacía ser él para el Islam, o la liberación de su nación afro-americana, o para sabrá dios (Allah) qué cosa. Mas sin embargo, el activista más cercano a mí (X, cualquiera) se la pasa llenándose la boca y la línea de tiempo de su perfil en Facebook, con relatos “duros” (heartbreaking) sobre la carga que el activismo representa para su cotidianidad.

Nota aclaratoria: “Activismo” puede ser X, cualquier cosa. Se trata de la democratización total de la categoría, cosa que mientras más personas puedan llenarse la boca, por ejemplo, acerca de su nivel de activaera, mejor. Parte de llamarse a sí mismo activista es quejarse. No de las cosas del mundo propiamente, digamos: la supremacía de unos sobre otros, la exclusión en tiempo presente, la violencia desmesurada en todas sus formas, los discursos y prácticas del odio. Quejarse más bien del hecho de que esas cosas del mundo preocupen y ocupen al “activista” y lo “activen” de a diario y duramente y difícilmente y muy a su pesar. But alas, it is a calling after all. Paréntesis: El activista en mí desea que noten lo duro y difícil que es escribir estas líneas de crítica sobre el activismo (i.e. My heart is broken).

A esto, en círculos bien proper, le llaman la profesionalización del activismo. En otros, menos finos, le llaman protagonismo, puro y duro. El problema con los protagonistas es que casi cualquier cosa es material para la película de su vida; la cual comienza a rodar en sus cabezas el momento en que se declaran ante el mundo como Activistas (“De que tengo la activaera en high hoy. Después de esto me voy a escribir poesía de la dura”).

La película de la vida de Malcolm salió en el 1992, 27 años después de su muerte. A saber qué rayos pasó por su cabeza en ese momento (Febrero 21, 1965). A saber si fue una queja, una denuncia. A saber si el mundo se le hizo chiquitito y pensó únicamente, brevemente, en él. En su importancia mundial. Alas, we will never know. No existía Facebook en ese entonces.

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