27.3.13

Incomplete correspondence


Intenté escribirle una carta al presidente del jurado en el caso U.S. v. Candelario Santana. Lee así: “Mere compay, no joda más.” Quizás conviene empezar de nuevo.

Si algo se puede colegir de los reportajes recientes en torno al proceso de deliberación del jurado en dicho caso es que dista mucho de cualquier idea loca que uno pudiese tener acerca de la dinámica que se suscita entre personas llamadas a considerar la aplicabilidad de la pena de muerte para un sujeto convicto de asesinato. Una idea: las y los miembros del jurado conversan acerca de la situación particularísima en la que se encuentran, comunican la ansiedad que podrían sentir al sentarse en el cuarto para llenar formularios y pasar juicio sobre cuánto podrá haber incidido, digamos, el entorno social en el carácter del convicto, qué papel juega la comunidad en el proceder de uno de sus miembros a través del tiempo y en el momento preciso en que doce representantes de ella se prestan a decidir sobre su vida, qué rayos será la rehabilitación, qué rayos será el castigo, cómo carajos se sentirá matar, qué significaría para ellos tomar la decisión de matar, y si eso los convertiría en matones.

En mi cabeza tendría que ser un proceso largo larguísimo, complejo y emocionalmente avasallador. Pero no. Al parecer, es pura ideología y manipulación a sangre fría. Es tomar asiento y repetir las consabidas verdades repetidas día a día en la radio en torno a la criminalidad en el País, predicar el supuesto amor generalizado que sentimos como comunidad para con las víctimas de delito, en tanto son ellas las que nos dan licencia para acabar con la vida de alguien sin sentirnos del todo acabados, vacíos, como personas. Al parecer, sólo la jurado #10, tenía serios problemas con sentirse al otro día acabada y vacía. Al parecer, sólo ella interpretó el proceso de deliberación como uno idóneo para comunicar angustia y ansiedad con la encomienda que tenía el grupo allí reunido. Al parecer, sólo ella se atrevió a hablar desde su vulnerabilidad y por su vulnerabilidad se le culpó por el supuesto fracaso de la justicia. ¡Maravilloso fracaso! Agradecido de ella. Ojalá la justicia fracasara así todos los días. 

Retomo mi misiva: “Caballero, si no es mucha molestia, no joda más.” 

21.3.13

Día tres


El señor en muletas es el papá de Alexis. Su hija es la de la chaqueta marrón. El resto caen bajo la categoría—hoy jodiísima—de 'familiares.' Entre ellos, una mujer lleva una rosa roja en una botella de agua Dasani. ¿Mitad llena o mitad vacía? La mera duda ofende.

Nos presentan: “Familia, todos ellos están aquí por Alexis.” Su hija saluda, dice gracias, hace como si fuera a llorar. Al cabo de unos minutos, se montan en un taxi y se van.
Desearle la vida a Alexis Candelario es desear con todas nuestras fuerzas que por los próximos años su padre, su hija y demás familiares tengan la oportunidad de tomar un taxi en sabe dios dónde para que los deje a la entrada de una cárcel federal y al cabo de un rato, tomar otro de vuelta, con optimismo.

Ni tan gran cosa la vida, sabes.

Uno quisiera abolirlo todo: las cortes, las cárceles, la pena capital. “Pero es que el tipo está demasiao de cabrón y lo que hizo está más cabrón todavía. Merece su castigo.” [Merecería tal vez que le den por la cabeza con la flor. Que derramen el agua de la botella sobre sus zapatos, indicando el fin del optimismo. Que ningún familiar lo visite nunca más si no quiere. Que el hombre se mude y logre pasar desapercibido en un vecindario nuevo. Que contribuya a la vida de esa comunidad. Que 'cambie.']. “Yo lo sé, chico, pero tras que estamos aquí por él...” “Estamos aquí en contra de la pena de muerte. Si fuese por él, yo me iría para mi casa.”

Me pregunto de qué hablarán los familiares de Alexis de camino a sus respectivas casas. Me pregunto por qué habrán venido; si entre ellos habrán diferencias de opinión en torno a qué significaba su presencia en la corte hoy. Me pregunto qué hará la mujer con la rosa. En dónde la colocará al llegar. Si le cambiará el agua. Me pregunto por qué una rosa. 

20.3.13

Vida y otras cuestiones


“¡Que lo liquiden!” Gritó el hombre desde el asiento del conductor de su Chevy... ¿Qué carro es ese? Mi lado detectivesco quería saber. Las primeras tres letras de su tablilla eran CVH. Terminaba en 2. Color gris oscuro. El conductor tenía una camisa blanca de botones, espejuelos. No sé si bajó la ventana justo cuando pasaba frente a los y las manifestantes, o si las traía abajo desde el comienzo de su trayecto. Imagino que para su casa. A las cinco y pico casi todo el mundo se dirige a su casa. Con su mano izquierda sostenía el guía, con la derecha hacía ademan de cortarle el cuello a...Vamo' a darle. Mi lado macharrán ignaciano me cucó pero a mi alrededor eran todos reverendos, representantes del concilio de iglesias. It simply was not the crowd. Además, la amenaza de muerte no era para ninguno de nosotros allá afuera. Además, había una cita del profeta Isaías en mi pancarta. Además, del otro lado de la calle, un reverendo tocaba la guitarra y cantaba canciones de una hoja suelta titulada Himnología para la Vida. Además, era una manifestación pacífica. Además, a mí me da mucho miedo pelear.

La amenaza estaba dirigida a Alexis: “¡Que lo liquiden!” Nada del otro mundo. Nada que la jefa de fiscalía federal no hubiese dicho en conferencia de prensa. Peores cosas ya ha dicho sobre Alexis, antes sobre Edison, pronto escucharemos sus comentarios sobre Casey. Y sin embargo, la amenaza del conductor me ofende, por no decir que me duele que un automovilista cualquiera de camino a su casa, gaste sus energías en gritar palabras de riña o de burla contra un grupo de personas envueltas en una manifestación pacífica a favor de un hombre tan marcado por la muerte que cualquier palabra en su contra parecería capaz de rematar el último gran argumento a favor de su vida.

“Más vale que cantes, cabrón.” No se qué lado mío amenazó, y canté.

19.3.13

Family affair


Le extiendo la mano y le deseo éxito a uno de los abogados de defensa en el caso U.S. v. Candelario Santana—el quinto caso de pena de muerte que se dilucida en la Isla. Luego de “éxito” no se me ocurre que más decir. Sonrío, espero un tiempo prudente y me retiro. El abogado retoma la conversación en la que se encontraba inmerso cuando lo interrumpí.

“Éxito” porque a él le toca hacer su argumento en contra de la pena de muerte en corte, frente a las doce personas que tienen a su haber la capacidad para mandar a ejecutar a alguien. Yo, en cambio, tengo a mi haber un ratito en la tarde del lunes—una ventana de tiempo, dicen—para pararme en la acera entre conocidos y desconocidos, amados todos, y hacer nuestro argumento frente a automovilistas y transeúntes en la Chardón.

Nos están tocando bocina. Eso significa que es un buen argumento, convence. Se podría decir que ha sido una manifestación "exitosa." No sé cómo más llamarle. Una gente convoca, otra gente le llega, cada cual agarra la pancarta por alguna esquinita y zas: La Resistencia. La Oposición. Algo Grande, quiero decir. Aunque a decir verdad no hay nada más grande que el dolor del cual habla el hombre más cercano a mí, a media pancarta de distancia. El hombre habla de La Pérdida de su Hija dentro de un contexto de resistencia y oposición. No hay dolor más grande, sin duda. Como no hay duda del honor que uno siente de poder estar parado cerquita de él. No le digo nada porque sería ridículo extenderle la mano y desearle éxito. Mas si pasara en carro, tocaría mi bocina en homenaje para que él y los demás sintieran que la manifestación fue “exitosa.”

Hay palabras, que según pronunciadas, uno las ofrece como un regalo, otras como una concesión. Otras más como súplicas. Yo no hablo—lo que se dice Hablar—con mi hermano hace fácil veinte años pues nuestra historia incluye alguito de dolor. Le extendí la mano y le deseé éxito, porque no hay nada más que decir, con la esperanza de que esos bocinazos los escuche el jurado. 

I heard it outside the federal court building


“Yo me opongo porque me opongo. Hay cosas para las que uno no necesita tener razones, ¿tú me entiendes? Te digo más, yo me opongo por fe. Yo creo que es mejor no matar al matón que matarlo. No porque dizque en la cárcel la va a pasar peor. Al contrario. O sea, a mí no me interesa que el tipo sufra. Eso es todo. Que es un matón y no puede convivir afuera, de acuerdo. Que hay que encerrarlo porque, líder, a esta etapa del juego no nos queda de otra, pues no nos queda de otra. Pero por qué encima de ir preso tiene que sufrir. A cuenta de qué. Yo perdí a mi nena, varón. Yo perdí a mi nena de mano criminal. Y eso no sana. Eso no se sobrepasa. Eso es un dolor que no te digo que te hace compañía toda la vida, porque ese dolor te parte. O sea, yo brego y todo. Trabajo. Vivo, lo que se dice vivir, varón. Pero aquí donde tú me ves, estoy roto. Pero yo no necesito romper al que me rompió, ¿tú me entiendes? Yo no lo necesito ver muerto. Yo necesito no saber nada de él. Yo necesito que lo aparten de mí. Yo necesito saber que ese tipo no le hará más nada a más nadie. Pero sabes qué. Lo necesito vivo. Lo necesito bien, en el sentido de que está encerrao, pero qué sé yo, tiene su salud, tiene en qué matar el tiempo. Qué sé yo. Necesito que sienta que hay algo se rompió por culpa de él. Que yo me rompí cuando me quitó a mi nena. Yo necesito que él sepa que me causó dolor, pero yo no quiero causarle dolor. ¿Tú me entiendes? Y no los podemos dejar, varón. No podemos dejar que la gente aquí se acostumbre a que na más por estar rotos por dentro pueden venir a la corte y mandar a la gente a matar. Yo estoy aquí por eso. Y no tengo las razones. Los argumentos como le llaman los abogados. Yo tengo fe. La fe, líder, de que aún estando roto, podrido de dolor, estoy aquí.”

16.3.13

Victoria para la historia


Ni que fuera la batalla de Gettysburg, like, really it's just a game guys, get over it.” ¿A dónde Gettysburg?, pregunto yo a la mujer en un suburbio de Guaynabo City. Entiéndase, el municipio de Dorado, haciendo fila para una docena de donas. Dos, realmente. Eso es lo mejor del béisbol, que uno no tiene que ser un Atleta para jugar. Y los fanáticos menos. Anyway, ella me mira mal porque la conversación no es conmigo, es con los dos muchachos que hacen la fila con ella. La fila, actually, empieza en Guaynabo, pero ella se refiere a Gettysburg, Pennsylvania, escenario de la batalla con más bajas en la guerra civil americana. Yo apuesto a que ella no sabe que está en Pennsylvania. Yo apuesto a que ella no sabe dónde queda el Mets Pavillion en Guaynabo (ni yo, but still). El caso es que la mujer y los dos muchachos están hablando del juego entre Puerto Rico y Estados Unidos y ella no entiende—y cito—“what all the fuss is about?” Fuss, me indica la compu, significa escándalo. Fuzz, en cambio, significa policía allá por sitios como Gettysburg. Pero ella, sin duda, se refiere a cómo hoy el tema de conversación en todas partes es la victoria de Puerto Rico contra los gringos y todo el mundo está celebrando y eso. Yo, por ejemplo, tengo un amigo que dijo que cada hit de la novena boricua era como un golpe contra el imperio. Yo pregunté que si de estado y él malinterpretó la pregunta y me insultó por insinuar que fuese estadista. En fin, que la mujer no entiende porque tanto escándalo (fuss) por un simple juego de pelota, cuando la historia de los estados está repleta de acontecimientos mucho más importantes y significativos como Gettysburg. “I don't give a fuck where it is,” me dijo la mujer en un inglés tan perfecto que era pendejo. Que sean tres, por favor.

13.3.13

Sospechar

Nelson Vera escribe sobre Sospechar de la Euforia:

Ahora, el elemento que predomina y que considero más loable de toda la publicación es el tono reflexivo de la poesía como parte de los movimientos sociales y políticos del Puerto Rico del nuevo milenio. Rebollo Gil ha dado forma a un discurso variado y multidireccional donde convergen jóvenes y mayores para ocupar calles, universidades, aeropuertos y asambleas legislativas. Sospechar de la euforia es en esencia una reflexión de las emociones y la belleza que nace en contra de las macanas y los discursos hegemónicos.


http://revistacruce.com/letras/occupy-poetry.html#.UUEF6eHmjSs.facebook

Activaera full


Cansado de escuchar los quejidos de activistas acerca de lo difícil que es vivir unas vidas tan activás políticamente. Gloso, por joder, algunos escritos de un activista X, Malcolm. En ellos aparecen quejas y denuncias múltiples sobre la infinidad de cosas: la supremacía de una raza sobre otra, el peso de una historia de exclusión, la violencia desmesurada, el odio. Pero no aparece una sola queja sobre lo duro y difícil que se le hacía ser él para el Islam, o la liberación de su nación afro-americana, o para sabrá dios (Allah) qué cosa. Mas sin embargo, el activista más cercano a mí (X, cualquiera) se la pasa llenándose la boca y la línea de tiempo de su perfil en Facebook, con relatos “duros” (heartbreaking) sobre la carga que el activismo representa para su cotidianidad.

Nota aclaratoria: “Activismo” puede ser X, cualquier cosa. Se trata de la democratización total de la categoría, cosa que mientras más personas puedan llenarse la boca, por ejemplo, acerca de su nivel de activaera, mejor. Parte de llamarse a sí mismo activista es quejarse. No de las cosas del mundo propiamente, digamos: la supremacía de unos sobre otros, la exclusión en tiempo presente, la violencia desmesurada en todas sus formas, los discursos y prácticas del odio. Quejarse más bien del hecho de que esas cosas del mundo preocupen y ocupen al “activista” y lo “activen” de a diario y duramente y difícilmente y muy a su pesar. But alas, it is a calling after all. Paréntesis: El activista en mí desea que noten lo duro y difícil que es escribir estas líneas de crítica sobre el activismo (i.e. My heart is broken).

A esto, en círculos bien proper, le llaman la profesionalización del activismo. En otros, menos finos, le llaman protagonismo, puro y duro. El problema con los protagonistas es que casi cualquier cosa es material para la película de su vida; la cual comienza a rodar en sus cabezas el momento en que se declaran ante el mundo como Activistas (“De que tengo la activaera en high hoy. Después de esto me voy a escribir poesía de la dura”).

La película de la vida de Malcolm salió en el 1992, 27 años después de su muerte. A saber qué rayos pasó por su cabeza en ese momento (Febrero 21, 1965). A saber si fue una queja, una denuncia. A saber si el mundo se le hizo chiquitito y pensó únicamente, brevemente, en él. En su importancia mundial. Alas, we will never know. No existía Facebook en ese entonces.

11.3.13

Fracaso, Perfección y Criminalización de la Maternidad: Tres Versiones


I
12 de diciembre 2012
La culpa no es del asesino, sino de la madre que lo parió. A menos que esa madre, se disculpe y mediante la disculpa acepte su culpa públicamente, para que la ciudadanía en general pueda estar en posición de perdonar a la señora por traer a un asesino al mundo. Sin duda, habría que cuestionar la necesidad y el significado del perdón otorgado por la ciudadanía cuando la “agraciada” no ha cometido falta alguna. Pero primero habría que preguntar qué derecho tenemos los ciudadanos y ciudadanas a exigir/recibir la disculpa de la mujer en nombre de su hijo, en sacrificio. Aunque la pregunta originaria debe ser ¿por qué la madre? ¿Cómo es que quedan cifradas en ella la culpa, el perdón y el sacrificio por un hijo? ¿A cuenta de qué se le somete a una especie de juicio publico?
Tal es el caso de Virgen Ortiz, madre de Rubén Delgado, uno de los responsables de la muerte de José Enrique Saladín, el publicista asesinado brutalmente en Caguas el pasado 30 de noviembre, y cuya muerte hoy recibe extensa cobertura mediatica dentro y fuera del País. La Sra. Ortiz hizo las siguientes declaraciones escritas, circuladas por los medios de comunicación locales y las redes sociales:
"Mi nombre es virgen ortiz la madre deRuben Delgado ortiz por este medio deso perdir abierta mente perdon no disculpas sino perdon a la Famila de jose enrique saladin por todo el dolor q le a causado mi hijo . Me duele mucho ya q yo me pongo en su lugar y estoy deacuerdo con el mundo entero q los q esos jovenes hisieron esta mal y tienen q pagar por lo q realisaron no justifico ami hijo ya q al cumplir su mayoria de edad se creia hombre y no escuchava rasones y todo el mundo le desia y yo como madre lo aconsejava pero cuando tu mente esta llena de droga no piensas ni escucha . Se q con pedir perdon no se remedia nada solo quiero desir q estanta mi verguensa y dolor tanto por la orenda muerte del sr. Jose como por los chos de acusacion q caen sobre Rubencito mas solo me queda desir perdon a la familia perdon a el pueblo de puerto rico y lamentable mente RUBENCITO TE AMO CONTODO MI CORAZON PERO COMO HOMBRE TIENES Q PAGAR COMO TAL ESPERO ESTO SILVA DE ESPERIENCIA A OTROS JOVENES Q XQ SUS PAPA NO LE PUEDEN COMPRAR UNOS TENIS RAPIDO PIENSAN EN LO FACIL " VOY A DAR UN PALO" ENVES DE DESIR VOY A LAVAR UN CARRO , UNA MARQUESINA O A UN SUPER A SACAR COMPRA PA TENER LO Q QUIERO . PERDON PUERTO RICO VIRGEN ORTIZ"

Yo me topé con sus expresiones según reproducidas en el perfil de un amigo en Facebook. Y entre los comentarios de los demás usuarios al post, uno leía: “por poco lloro con la ortografía jajaja.” En respuesta, otro usuario comentó “hay que ser bien basura para burlarse de la ortografía de esta señora.” Yo indeciso, me pregunto si habrá que ser bien basura para llamar a alguien basura y considero a quien le tocará pedir disculpas primero y por qué: ¿A la usuaria que se burló de la ortografía de la Sra. Ortiz, considerando el contexto y contenido de sus expresiones escritas? ¿Al usuario que clasificó a la usuaria como basura por su comentario? ¿O al responsable, quienquiera sea, de que la señora haya tenido que hacer semejante declaración pública y exponer su 'mala' ortografía ante los ojos de los demás? ¿Le tocará al hijo, responsable del crimen?, me pregunto. O acaso el peso de la disculpa recae sobre el público (nosotros/as) que en cierta manera, lo exigimos de ella, en tanto nunca basta con detener/apresar/ajusticiar/encerrar responsables de delitos. Siempre tiene que haber algo más. En este caso, la disculpa forzosa/forzada de quien sin tener responsabilidad alguna por lo acontecido, viene a cargar la culpa mayor, incluso por no saber escribir su disculpa correctamente.
Pero entonces, aparecen nuevos comentarios al post en defensa de Virgen Ortiz, como por ejemplo: “El juez Casellas podrá tener una ortografía perfecta, pero esta señora le puede dar cátedra en decencia.” En decencia y vulnerabilidad, pienso yo. En la vulnerabilidad inagotable de la marginalidad de la hablante, de una mujer que sólo adviene visible a partir del fracaso público de su maternidad, al cual se le suman en sus expresiones escritas las carencias socio-económicas que a su vez dejan entrever la magnitud del fracaso. Pues parecería que las buenas intenciones de la señora según evidenciadas en el texto no pudieron vencer las condiciones estructurales bajo las cuales crió a su hijo. Otro comentario lee: “Esto demuestra que no es la falta de valores ni la mala crianza lo que genera el crimen.” Son las circunstancias y condiciones sociales, añado yo. Ahora bien, no por ello vienen las circunstancias y condiciones a ser las responsables de la muerte del Sr. Saladín, puesto que ellas no pueden ser apresadas, ni ajusticiadas, ni mucho menos pueden disculparse ante la familia de la víctima y ante la comunidad mayor. Hace falta una interlocutora de carne y hueso que pida perdón. Y el culpable confeso no basta, pues nunca se le puede tomar por sincero. Siempre podrá tener algún provecho que sacarle a su arrepentimiento. La sinceridad de la disculpa depende pues de haberlo perdido todo de antemano; de no haber nada para ganar. El hijo de la Sra. Ortiz se entregó a la maldad. La Sra. Ortiz, como se dice, “lo perdió.” Y con ello, desde la perspectiva del público, perdió también su mayor propósito en la vida. No hay circunstancia o condición socio-estructural que excuse esa pérdida.
En ese sentido, la Sra. Ortiz no responde simplemente por los actos de su hijo ni por su fracaso personal para con él (y por una extensión harto extraña con todos/as), como madre, sino por la particular ortografía que adquiere la marginación social en su escrito. Lo cierto es que le ha tocado a ella pedir disculpas por su pobreza también. Y falla. Por no saber escribir. Por no lograr comunicar efectivamente algo más allá de la pura, descarnada intención de ofrecerse al público que la lee para que éste decida quién debe rendirle cuentas por lo acontecido. Y decidir perdonar, si así lo estima prudente.
Pero, de nuevo, habría que preguntarnos acerca de la necesidad y el significado de ese perdón. ¿Qué es la ciudadanía para recibir semejante disculpa de la madre? ¿Acaso la recepción de la misma y los comentarios, cuales sean, que el texto inspire, no implican de por sí una especie de confirmación de su culpa y ratificación de su condena? Lo cierto es que la disculpa de la Sra. Ortiz más que recibida ha sido bienvenida por los medios, por los y las comentaristas de radio y televisión, y por la ciudadanía en general. El consenso parece ser que “le tocaba.” Por ser ella a fin de cuentas la causante del problema, aunque no del crimen. Y en tanto no puede ser ajusticiada formalmente, la disculpa pública viene a ser su castigo. Esto, claro, luego de ya haberlo perdido todo, cuando, como dicen, perdió a su hijo.
II
19 de febrero 2012
Asunto: Hombre de 58 años mató a su hijo de 8 de un balazo mientras dormía y procedió a quitarse la vida. Esto, luego de agredir a su esposa y madre del niño.
Otros detalles relevantes: La mujer es cadete de la policía. Huyó de la casa con su hijo mayor. Dejó al chiquillo durmiendo. Intentó buscar ayuda. No funcionó.
Dictamen: El hombre es un cobarde. El niño nunca tiene la culpa. La mujer es responsable por ambas víctimas.
La controversia en este caso no versa sobre los hechos materiales, sino sobre la victimología. Son tres y no son iguales. Primeramente, el niño: No merecía morir. Punto. En segundo plano, el hombre, quien no suponía morir así: cobardemente, de su propia mano, libre de un posible acto justiciero. Finalmente, la mujer, que los sobrevive y es marcada por la victimización de ambos. Me explico.
Es fácil interpretar la matanza del niño a manos del padre agresor como una manera de castigar (ejemplarmente) a la madre. Castigarla, quizás, por lo que fuera el motivo de su ira en el momento y principalísimamente, por la presunción equivocada de que la misma no se extendería a sus hijos. Al menos no a ese. Al menos no de esa forma. De ahí que se discuta en la prensa acerca del buen o mal juicio de la mujer al dejar al chiquillo durmiendo y huir. Más aún, que se cuestione su decisión de mantenerse y mantener a sus hijos en el marco de una relación abusiva.
Dichos debates, cuestionamientos y críticas, en vez de contribuir a la discusión seria sobre la violencia de género, facilitan la aparición discursiva de una co-autora del delito de asesinato que debe responder por el niño en tanto debió haber prevenido la muerte del inocente a manos de un cobarde suicida. Prevenirla no solo al momento del delito, sino “desde un principio.” El problema, claro, es que es difícil precisar exactamente cuándo la vida del niño entró en peligro, o cuándo ella debió salirse de una “mala” relación, o cuándo “trabajar la relación desde adentro” la transformó en una “masoquista” o en una “mujer sin dignidad” o “con la autoestima baja” etc.
Peor aún, la ausencia del verdadero y único autor del delito agudiza este aparente afán de responsabilizar a la mujer por el carácter y las consecuencias de la relación abusiva en que se encontraba inmersa. Se podría argumentar, incluso, que el suicidio opera en este contexto como un suceso interruptor en la cadena de la causalidad. Al menos en la cadena ideológica. Es decir, si el asesinato del niño funge como castigo de la madre, el suicidio representa la absolución del padre. Al hacerlo, dicho actor puede ser casi inmediatamente despachado como cobarde o como loco, sin mayores indagaciones en torno a su responsabilidad como autor de hecho (y sujeto ideológico), mientras que la mujer queda aquí para responder por un hijo y un esposo muertos. Ahora bien, esto no implica una segunda victimización de la mujer, a ser sumada a la violencia sufrida dentro de los contornos de su relación con el difunto. Más bien se trata de la consecuencia lógica, perversa de esa cadena de causalidad que origina no de los hechos, sino del “dictamen” del caso.
Asunto: Hombre mató a su hijo para castigar a la mujer y fue absuelto.
Otros detalles relevantes: La mujer intentó buscar ayuda. No funcionó.
Dictamen: La mujer es culpable.
La controversia versa sobre la manera en que atendemos las múltiples víctimas y sus respectivas victimizaciones en esta tragedia. En particular, la única víctima aquí que es total sin ser perfecta. Imperfección que radica en no poder alegar inocencia ni cobardía. En ser simplemente una más. De las de todos los días.
III
6 de octubre 2011
Cincuenta y cinco personas en su lista de amigos. Gente normal, a juzgar por sus fotos de perfil. Claro, normal hasta que recuerdo que son amigos de una persona capaz de cometer semejante crimen. But then again, qué rayos hago yo pasando juicio sobre ellos cuando heme aquí espiando la página de Annette Morales Rodríguez, considerando enviarle un friend request para hacer contacto. Preguntarle qué programa vio en el Discovery Channel, si practicó antes y con qué (o quiénes).
Todas preguntas hiper-impropias, pero importantes si he de adentrarme en las nefastas maquinaciones de una mente criminal. De mentes criminales, conozco yo par de criminales dementes (get it?). Desde luego, la demencia cancela lo criminal (¿y viceversa?). Aunque quizás lo verdaderamente fundamental desde un punto de vista semi-científico no sea la naturaleza exacta de la maldad o locura de la mujer, sino la sociedad que la produce. A lo que cualquiera (y me incluyo) podría responder: “La sociedad también me produjo a mí y yo no ando por ahí matando mujeres embarazadas.” Por otro lado, tengo 361 amigos en Facebook y francamente no doy fe por ninguno. De hecho, de alguno terminar siendo asesino en serie y me preguntaran los medios al respecto diría: “Pues fíjese, yo siempre le daba “like” a los videos que colgaba en su página, aunque nunca chateamos, debo decir, pero el tipo no me parecía mal del todo.” Lo cual presenta la siguiente interrogante ¿qué realmente sabemos de las personas que no conocemos fuera de que hace media hora informaron estar en el cine, en Hato Rey, en Fine Arts, sentados con su pareja, pero de que bien al frente? El caso es que ya he entrado tantas veces al perfil de Annette, que ahora la máquina piensa que nos conocemos. Y tiene razón.
Yo quizás no comprenderé la naturaleza exacta de su maldad o su locura, de alguna de ellas ser real. Pero sí soy producto de la sociedad que las produjo, y reconozco que el mayor valor que se le reconoce a una mujer (cuidado si el único) es ser madre. Y que el mayor peligro que se corre una mujer es dejar de serlo. Mujer, quiero decir. Porque lo cierto es que el 6 de octubre una mujer perdió la vida a manos de otra, quien a su vez dio por terminada su vida de mujer para convertirse en “basura,” en “cerda asquerosa y prieta.”
Y tiene sentido esta reacción (el coraje) en tanto el crimen fue demasiado horrendo. Sin embargo hay algo sumamente preocupante aquí. A juzgar por muchas de las reacciones recopiladas en las ediciones en línea de algunos de los principales rotativos del País, las mujeres no tienen derecho a tanto horror. A causarlo, quiero decir. Lo cierto es que un hombre mata y es un asesino. En cambio, una mujer mata y simplemente deja de ser. Y bueno, una mujer mata cómo y porqué mató Annette Morales Rodríguez y para los efectos sólo existe en Facebook, posando junto a un árbol de navidad. Pero, ¿posando cómo qué? Ni idea. Sin embargo, ni como “basura” ni como “cerda asquerosa y prieta.” Posando quizás como una perfecta desconocida cuya foto puedo acceder, la cual desafortunadamente no me intima nada acerca de una mujer que recogió a otra en Wisconsin para llevar a cabo un plan macabro y acabó con la vida de la muchacha y la de su bebé.
Demente. Mentira. Criminal. Aún no me he decidido. Es demasiado el horror, supongo. Sin embargo, heme aquí de nuevo frente a la página de Annette, “mirándola.” Por otro lado, ahora que lo pienso, en ningún momento se me ha ocurrido escribir el nombre de la víctima en el buscador (ni aquí, por lo visto). Las víctimas siempre merecen respeto, precisamente porque alguien no lo tuvo para con ellas. Por supuesto.. Pero entonces ¿querrá eso decir que no respeto a Annette? Cuestionamiento ante cual cualquiera (incluyéndome) rápido saldría a mi defensa: La pregunta es si ella lo merece y por qué.
Por criminal. Mentira. Por demente.
También.
IV
Estas tres estampas, armadas a partir de recuentos periodísticos, comentarios y reacciones a las noticias, según fueron publicadas, tienen en común la figura de la madre que es marcada brutalmente por alguna versión del infortunio: La madre cuyo hijo termina siendo asesino, la madre cuyo esposo mata a su hijo, la madre que no pudo ser y en su lugar mata a otra y a su niño por nacer. Las he narrado a destiempo. Quiero decir, en desorden. La más reciente primero, no como una ayuda/favor a nuestra memoria colectiva, sino más bien porque es el punto más cercano en la línea del tiempo hacia donde y desde donde mirar. Es también, propongo, la estampa de la madre perfecta, en tanto no existe duda acerca de su culpabilidad: Virgen Ortiz parió a un asesino. No hay de otra.
Tanto en el caso de Annette Morales como en el de la cadete de la policía, bien las particularidades de lo acontecido o bien las dudas respecto al estado mental de la sujeto, podrían a su vez arrojar dudas en torno al grado de responsabilidad que tuvo cada una desde la perspectiva de la ciudadanía en general. Por un lado, es difícil precisar cuándo y cómo debía la cadete haberse salido de la relación. Por otro, Annette podría estar “loca.” En todo caso, no son las culpables perfectas, y por tanto resultan madres imperfectas. Aunque no por ello menos (o más) fracasadas. Aunque no por ello más (o menos) criminalizadas en un sentido amplio de la palabra.
El caso de Virgen Ortiz, sin embargo, es claro. Su culpa es originaria, perfecta. De hecho, las particularidades de su caso revelan que la maternidad supone ser aquel proyecto/fenómeno social capaz de absorber toda la culpa de los demás actores del mundo, y mediante dicha absorción, supone absolver de toda culpa al mundo, siendo la mujer-autora de dicho proyecto, la única y total responsable. De todo y ante todxs. De ahí que, como ciudadanos y ciudadanas, hayamos recibido con beneplácito las disculpas de Virgen Ortiz. Como si ella nos debiera algo. Como si le tocara de alguna forma explicar la labor que hizo como madre para con su hijo. Como si realmente habría algo más que buscar, luego de haber buscado y hallado al responsable del crimen.
La maternidad, entonces, es ese algo más—el excedente de culpa que queda por asignar luego de que los culpables de delito hayan sido llamados a responder. Por los responsables responderán sus madres. Incluso, cuando éstas no tengan nada que ver con el asunto. De hecho, cuánto menos tengan que ver, mejor. Quiero decir, peor. Para ellas. 

9.3.13

Tómbola


“La Masacre de la Tómbola es la más sangrienta de las matanzas criminales en la Isla. Solo la supera la Masacre de Ponce, ocurrida el 21 de marzo de 1937. En esa ocasión, 19 personas fueron asesinadas por oficiales de la Policía que querían impedir una marcha de independentistas.”

En el caso de la Tómbola, se trataba de un brete entre primos por una cuestión de drogas. Murieron 9 personas. El primo que suponía morir, sin embargo, no murió. La vida del primo que lo intentó matar depende de un jurado de doce personas a quienes les tocará decidir entre la pena de muerte y cadena perpetua. El jurado comenzará a deliberar el próximo 18 de marzo en el Tribunal Federal de Hato Rey. Tres días más tarde se cumplen 76 años de la masacre en Ponce.

Los nombres de las personas asesinadas en la Masacre de Ponce son:

  • ÷ BOLIVAR MARQUEZ TELLECHEA
  • ÷ TEODORO VELEZ TORRES
  • ÷ PEDRO RODRIGUEZ RIVERA
  • ÷ JUAN COTAL
  • ÷ JUAN TORRES GREGORY
  • ÷ LUIS JIMENES MORALES
  • ÷ GEORGINA MALDONADO
  • ÷ MARIA HERNANDEZ DE ROSARIO
  • ÷ JOSE ANTONIO DELGADO
  • ÷ RAMON ORTIZ TORO
  • ÷ JUAN REYES RIVERA
  • ÷ ULPIANO PEREA
  • ÷ CONRADO RIVERA LOPEZ
  • ÷ IVAN RODRIGUEZ FIGUERAS
  • ÷ JENARO RODRIGUEZ MENDES
  • ÷ EUSEBIO SANCHEZ PEREZ
  • ÷ CEFERINO LOYOLA LOPE

Una de las víctimas de la masacre de la Tómbola fue Daneiska Ríos García, quien murió en el vientre de su madre . En su entierro, los dolientes soltaron al aire globos y palomas. La Masacre de Ponce, dicen, está grabada en la memoria histórica del País. Esto, por tratarse de una cuestión política. El nombre de Daneiska, no está grabado en ningún documento oficial del Estado. Esto, por haber muerto en su octavo mes de gestación.

El nombre del primo responsable por la masacre es Alexis Candelario Santana. Estaba bien metido, se dice, en bretes de drogas. El suyo es el quinto caso de pena de muerte que toma lugar en el Tribunal Federal de San Juan. El sexto ya está en proceso. Es una cuestión política.

Si la memoria no me falla, han convocado a una manifestación frente a la corte mientras el jurado delibera. Es una manera de no fallarle nunca a nuestra memoria histórica, por más que nos duela recordar. Pancartas al aire. 

8.3.13

How beautiful we really are


Yo tuve un sueño feliz. Quise hacerlo una canción. Era que estábamos sentados en un muro en la ciudad mirando a la gente chocar los unos con los otros y te dije “es un milagro que nos hayamos quedado aquí, cabizbajos pero sonrientes.” “Lo dices porque el ruido, el descojón y el pánico te han vuelto sensible, ah, charlatán.” “Lo digo porque a veces estar aquí es maravilloso, sólo que me lo tengo que recordar cuando salgo en busca de cigarrillos y se me ocurre que yo ya no fumo, o cuando me comprometo a no llorar mientras se hace el café. Aunque hasta el café a veces da ganas de llorar.”

“Es como la rana que canta.” “¿En qué sentido?” “Lo de quedarse. Hay una razón muy buena, suponemos, mas uno no logra articularla, bien cuando otros preguntan, bien cuando una misma se pregunta, con el pelo en la toalla, si acaso mis ojos han sido siempre de ese color, o si es que el color no formará parte de los contenidos básicos de mi día hoy. Y una decide bailar brevemente para despejar la cabeza, como en el poema de William Carlos Williams. ¿Lo recuerdas?” “Sí, La Rana que Canta. Of course. Yo creo que uno se enamora de la idea de que su País lo enamore somehow y está bien que siga siendo un descojón, porque al final no tiene porque no serlo, considerando.” “¿Considerando qué?” “I mean, míranos a nosotros, pusimos un pie fuera de la bañera esta mañana, y henos aquí cantando por lo bajo, jodíos pero agradecidos por la oportunidad de ser poquito más que una rana, poquito menos que una que cante, y quizá no sería igual en cualquier otro lugar en el mundo. Seríamos menos.”

“Entonces, ¿cómo explicas su renuencia a cantar?” “Lo que no entiendo es por qué el hombre se empeñaba tanto en que el mundo supiera de ella, si su canción, obvio, era un regalo para él.” “Siento que cada vez somos un poquito más auténticos con nosotros mismos.” “Siento que cada vez importamos mucho menos entre los Asuntos Importantes del Mundo, pero no por ello dejamos de ser un milagro el uno para el otro. O sea, míralos.”

Good Times (2)


En San Ignacio, las peleas se ganaban o se perdían sin tirar un puño. Era cuestión de un rápido cálculo matemático: ¿quién tenía más chamacos becados en su claque? “En el colegio hasta los más hijoeputas eran buenos muchachos de familia. Sabrás que antier me encontré al chamaco que te achocó frente a los lockers, ¿te acuerdas?” El que habla es un tipo dos clases mayor que yo. Sucede que estaba parado detrás de él en la fila para pagar el boleto de estacionamiento de un hospital metropolitano. El tipo, en una, se voltea, me mira y sonríe. Luego cogimos el ascensor juntos. Por alguna razón, me quiso hablar de la paliza que le dieron a una niña en una escuela pública de Ponce. Aclaro: La razón es que él sabía que yo estudié “socialista” y ese tipo de cosas me deben interesar. De paso, antes de despedirnos, me preguntó “¿qué hace uno con eso de la sicología social, el socialismo y esas vainas?”

Seguimos: el caso es que hablar sobre lo ocurrido en Ponce mágicamente se convirtió en recordar viejos tiempos. Digo, eso fue él. Yo me dediqué a contar el tiempo que se tardaba el don del booth en cobrar los boletos, luego en cuanto se tardaba en devolver el cambio, luego en cuanto se tardaba el ascensor en bajar hasta nosotros y abrir, y finalmente en cuanto se tardaba el ascensor en subir hasta mi piso para coger el carro y largarme. Pero bueno, el caso es que entre las cosas que dijo, dijo que se encontró al tipo que me achocó frente a los lockers en noveno grado y que ahora es ejecutivo en una de “Las Grandes.” ¿Las grandes ligas? pregunté, pero me pichó.

En fin, él sólo me invitaba a reflexionar un poco acerca de como los muchachos de colegio somos somehow inherentemente más sanos y mejores que los muchachos y muchachas de la pública. “Por eso es que el colegio tiene que escoger bien al momento de becar, porque siempre es bueno andar con uno o dos, verdá, para que no te pase como te pasó a ti. Pero tampoco se le puede ir la mano a la administración ¿tú me entiendes?”

“No, pero estaría chévere apostar a cuántos ex-alumnos del colegio, digamos, los acusarán de fraude bancario en los años venideros o quizás bajo la ley 54 o algo así. ¿Te parece?”

Abrieron las puertas del ascensor.

6.3.13

Chávez


“Todo a ti te da cáncer.” El coro de la canción. Para nada la más políticamente correcta del repertorio de Héctor Lavoe. Y, a decir verdad, un poco de mal gusto de mi parte buscarla en Youtube para escuchar en la mañana de hoy. Yanquis de mierda. La primera teoría de conspiración que escuché acerca de los gringos y el cáncer fue que los gringos mataron a Bob Marley. Una de mis canciones favoritas de Bob, amada por todos y todas aquí, es “I shot the sheriff.” Sin duda una de las más precisas y perfectas políticamente. Puercos de mierda. La primera vez que escuché esa expresión de boca de una estudiante tenía razón pues el guardia le decía lo mucho que disfrutó macanear a universitarios en la Avenida Universidad.

Viva Chávez. “It's all over Facebook tonite, WTF.” Comenta un gringo incrédulo que no conozco a un post de un amigo en común sobre la muerte del comandante venezolano a causa de cáncer. Y continúa: “As if we Americans were responsible for every shitty thing that goes on in those countries.” En esos (estos) países, sus dirigentes políticos de izquierda mueren de cáncer y conviene dejarse convencer un poco por las teorías de conspiración, aunque sea para decir “yanquis de mierda” y sentir que todo nos da rabia en el día de hoy. Viva Bob Marley también, de paso.

“Hasta la victoria miente.” La frase es de Karlo Ibarra. Artista políticamente incorrecto y hermosamente preciso. Una vez hizo un mapa de las Américas con carne roja. Olvidé el título de la pieza, pero se podría llamar La Cruda Verdad del Asunto, le guste a los gringos o no. Que se acostumbren.

Viste, éste soy yo, aquí, leyendo statuses en Facebook, escuchando música. No es como si estuviera conspirando con universitarios, y músicos, y artistas, amados todos y rabiosos, porque acabamos de perder la carne roja del hombre cuyo nombre nos hace fantasear con la revolución, aunque nos mienta ahora desde el otro lado, aunque la victoria sea una gran mentira que conspira en nuestra contra y tengamos todas las de perder, y no nos importara nada. De que cero.

No, qué va.

5.3.13


Esta era la canción favorita de mi abuelo. Murió en el 1990. Hoy es su cumpleaños. En términos políticos, mi abuelo y yo nos hubiésemos odiado bastante, y con razón. Pero murió cuando yo tenía once años y a mis once años él era un viejo dulce y cariñoso conmigo. A veces me aventuro a pensar en él de otras formas, digamos, como sujeto político de derecha; como representante del estado en tiempos de represión y persecución política. Y me da pánico. Y traigo rápido a la memoria la imagen del viejo sobre el colchón. Dulce y duro como él solo. Traigo a memoria esta canción, en su voz profunda y ausente de melodía. Pero la cantaba como quiera. Y así me voy olvidando de lo otro. Y me da pánico otra vez. Y opto por pensar en otra cosa. Lo amaba. Aún.

4.3.13

Nada personal


Si tú pasas por mi casa y tú ves a mi mamá, dale un beso de mi parte y dile que la quiero, yo me fui a piquetear. No todo lo personal es político: el cariño que se tengan dos políticos a pesar de sus diferencias de criterio en lo que concierne la política pública del País. Desde el punto de vista de la ciudadanía, importa poco que se besen o que se maten cuando se vean. Importan, según nuestro criterio, las diferencias en su proceder. Pero el amor y el interés se fueron a la ciudad capital un día y yo perdí mi noción de lo político en un campamento de verano en mi niñez: yo le dije lo mucho que la quería, ella me confesó ser estadista. Oh well.

Cada vez que hablo con mi mamá al teléfono, me advierte con cariño que la política puede ser nociva para mi personalidad. Yo le digo que la quiero y cuelgo y salgo con ansias de juntarme con otras personalidades igual de dañadas. A eso, en términos políticos, se le llama manifestación. Y lo importante no es que sea pacífica, es que sea fruto del criterio y la voluntad propia de la gente envuelta. Que parta de una visión de País claramente definida y compartida. Y que esa visión ni se entregue ni se altere por el amor que le tengamos a quien quiera que piense diferente.

Recién decía la alcaldesa de San Juan acerca de las protestas en contra de la privatización del aeropuerto: “Yo apoyo toda manifestación pacífica que se haga, es un derecho que tenemos todos. Todo el mundo tiene derecho a continuar manifestándose. Lo que a mí respecta, mi posición está clara y no añade nada que yo continúe manifestándome sobre ese tema en particular. El Gobernador y yo nos vimos dos días después y nos dimos un abrazo y un beso y él me dijo yo te quiero.”

Pues si es así, alcaldesa, yo la quiero también. La quiero ver, la quiero ver. En toda manifestación de ciudadanos y ciudadanas con quienes usted comparta una particular visión de País, aun cuando esa visión diste de aquella que ostenten sus seres queridos, sobre todo si son políticos y miembros de su partido.

El otro día, discutía mi mamá al teléfono. Le dije que no era nada personal, que diferíamos en lo político. Es todo. Pero que si quería, que podía venir e integrarse, que este movimiento...

Me colgó.

2.3.13

Sila, Ibrahim


El “agresor verbal” de Río Piedras es como el segundo gatillero en la verde colina en Dallas, TX allá para el 1963. Quiero decir, una teoría comiquita, un cuento. “What we need is a diversion,” decían en las películas de espías, complots y pillo-policía en los ochenta y noventa. A mí JFK me pareció medio-aburrida. Me quedé dormido varias veces antes de llegar a la mitad, cuando abandoné el cine en busca de diversión. Un sit-in puede ser en extremo divertido. Aunque en mi casa, cuando chiquito, le llamaban “perretas.” Si no quería hacer algo me sentaba en el piso, cruzaba las piernas y los brazos y me resistía con todas mis fuerzas a que mis viejos me levantaran del suelo, y nunca la pasaba bien.

Esa comparación no procede. Un sit-in no es una chiquillada. Como tampoco lo sería una agresión, verbal o física, de llegar a configurarse la misma. Pero, entonces, los sit-ins, como método de protesta y resistencia política, no pueden ser tratados por aquellos y aquellas en poder como un juego de niños, con condescendencia. De igual forma, no se puede catalogar como agresión una simple expresión antipática por el mero hecho de ser antipática, sobre todo cuando la misma se articula dentro del marco de una manifestación política en respuesta al trato condescendiente de una figura de poder para con los y las manifestantes.

Llamar a Ibrahim “agresor verbal” en los medios es una manera de criminalizar la protesta ante la opinión pública en días en que la opinión pública está decididamente en contra de las personas en poder. Intentan hacer del muchacho un personaje, poster boy, del maltrato—que se interprete el comentario que hizo ayer, desde las particularidades de un incidente pasado. Pues no. Un sit-in no es una perreta. Ni una chiquillada. Y decir, desde el espacio de la protesta, que a uno no le importa lo que tengan que hacer las figuras en poder para evitar la protesta, no es una agresión. Es otra teoría comiquita, otro cuento. Y yo no me lo creo. Yo me siento en el piso y cruzo las piernas y los brazos y me resisto con todas mis fuerzas.