17.2.13

Wayne Enterprises


El hijo del Comisionado Gordon en Ciudad Gótica es un asesino. Sorprende a su padre mientras éste bebe café en un cafetín de la ciudad. Bromea con que la mancha roja en su camiseta es sangre de la mesera que acaba de estrangular en el baño. Le dice que está bajo tratamiento psiquiátrico. Que se siente mejor. Que busca trabajo. Que necesita una recomendación de su parte para un puesto en las Empresas Bruno Díaz. El café del Comisionado muere de frío. Antes de salir, tira de la puerta del baño temiendo encontrar el cadáver de la mujer. No sé que le sigue en la historia pues nunca compré la continuación.

En la vida real, al comisionado se le conoce como superintendente y murió de causas naturales en diciembre pasado. Su hijo no es un asesino, sino que contra él pesan cargos de narcotráfico. Según la prensa, ofreció la finca de su padre para esconder un cargamento considerable de cocaína. Ya en el 1999 había sido arrestado y encontrado culpable por su participación en un esquema de distribución de droga. Hizo 53 meses de cárcel. En el entierro del viejo, se llamó a sí mismo “la oveja negra de la familia.” Allegados de la familia aseguran que el súper murió sin saber que su hijo "andaba en malos pasos." Lo que le sigue en la historia es nuestra ya emblemática disposición a asombrarnos cuando los hijos de los ricos y/o poderosos se pasean por entre “los más malos” sin perderle pie ni pisá.

En la vida real, las historietas de súper héroes engañan, crean la expectativa—el mito— de las incontables posibilidades de Bien inherentes a todos los Bruno Díaz de la vida, aún cuando unos vendan drogas, otros los principales activos del País. Lo que continúa es el saqueo en el nombre del Padre, a manos del Hijo. El asombro en los ojos de todos nosotros, testigos, al encontrar el cuerpo de la mesera muerto en el piso. 

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