18.2.13

Disappearing acts


Ni aunque me ponga mi camisa de Yulín donde quiera que vaya lograría que la alcaldesa estuviera en todos lados, se hiciera partidaria de todas las causas que estimo ella estimaría justas. Más camisas de causas que Yulín, nadie. Y nadie lo puede negar. Aún así, no por ello es la más justiciera. Case in point: Sepa la alcaldesa que ayer marchamos por las calles de su Viejo San Juan y al menos uno de los presentes no podía sacar el siguiente estribillo de su cabeza: dónde/ dónde estabas tú/ dónde.

Es la segunda vez que sectores de la sociedad civil, sindicatos y organizaciones políticas se tiran a la calle Fortaleza para protestar contra la APP en el aeropuerto y Yulín no le llegó. Supongo que muy bien podría haber estado luciendo su camisa roja de PUEDA donde quiera que estuviera, pero la muchacha al lado mío tenía un pin de Hello Kitty en su mochila y coreaba que roja, roja es su bandera y roja es la sangre de la clase obrera. Ni idea de que querría decir con eso, pero parecía seria la cosa. Cosa que Yulín a veces no parece. Sobre todo cuando no aparece. Como ayer.

“Ni aunque nos encadenemos a las turbinas de un avión de Jet Blue cancelan el contrato, pero que conste que ando con mis cadenas en el carro,” escuché al compañero de la muchacha decir, y aunque ridiculísimo el comentario, el tipo estaba allí marchando. Y es hermoso saber que uno siempre puede contar con un par de locos dispuestos a volcar los límites de la acción política aunque la acción de seguro redundaría en el chiste. O en la tragedia. La izquierda es tragi-cómica así. Y necesaria. Y bienvenida.

Palabras que medio mundo utilizó (myself included) para describir la llegada de Yulín al poder. Porque parecía ser la más justiciera, con su clóset repleto de camisas de piquetes y marchas y prisioneros políticos. Y ahora no se aparece en nada. Aunque quizás es mucho pedir. Después de todo, Oscar López no ha ido a una sola manifestación. Y tiene un festival a su nombre. 

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