21.2.13

Acerca de Ex Parte A.A.R.


Mi viejo solía decir que si el pueblo tuviera idea del gran poder que ostentaban los jueces del Tribunal Supremo, le prestaría mayor atención a su quehacer. Era una frase que utilizaba las veces que sentía que alguna persona no lo estaba tratando con la deferencia que él solía esperar (y exigir) de los demás. O cuando, en un restaurante, el mesero se demoraba en traerle la comida o la cuenta o el cambio. Lo decía un poco en son de broma. Pero con mucha mala leche, aunque mi viejo no acostumbraba utilizar la expresión “mala leche” que yo recuerde. Sí gustaba incluir en sus opiniones escritas que ciertas cosas, como podría ser un error de parte de uno de sus colegas en el Tribunal, son tan obvias que “salta[n] a la vista y hiere[n] la retina.”

Un ejemplo de semejante error podría ser lo siguiente:

“Mediante la Sentencia mayoritaria que hoy emite el Tribunal en el presente caso, y la Opinión concurrente que sirve de sostén a la misma, el Tribunal jurisprudencialmente abre el camino y sienta las bases para que en nuestra jurisdicción dos personas del mismo sexo, uno de ellos transexual, se puedan casar entre sí.

Esa es la consecuencia jurídica inescapable de la decisión que hoy se emite; ello en vista del hecho de que, a base de una mera aseveración de que se siente mujer y de una intervención quirúrgica que no cambió el sexo de la persona como tal, el Tribunal convierte a Andrés Andino Torres en una mujer para todos los efectos jurídicos, pudiendo esta persona contraer matrimonio, como una mujer, ya que su certificado de matrimonio así lo establece de manera oficial.”

Así leen los primeros dos párrafos de la opinión disidente emitida por mi viejo en Ex Parte Andino Torres, donde una mayoría del Tribunal permitió hacer el cambio al certificado de nacimiento de una persona que se había sometido a un cambio de sexo. En aquella ocasión, el Tribunal decidió, conforme al principio de equidad, que la realidad jurídica contenida en los documentos estatales debía ajustarse a la realidad social, vivida de una persona. Mi viejo, sin embargo, sólo anticipaba y temía de la posibilidad de que Andino pudiera casarse legalmente con un hombre. En cuyo caso, a su parecer, el Tribunal estaría legalizando el matrimonio de dos personas del mismo sexo. El error que saltaba a la vista y hería la retina es que Andino Torres era mujer. Obvio. Pero mi viejo no lo podía o no lo quería ver.

En el día de ayer, una mayoría del Tribunal utilizó el miedo de mi viejo como precedente para su análisis jurídico y dio al traste con los principios fundamentales de nuestro ordenamiento legal. La mayoría no pudo o no quiso ver la realidad social, vivida por una familia compuesta por dos mujeres y una niña. Y en cambio le impuso una realidad jurídica fundamentada en los más nefastos principios de las más burda exclusión legalizada.

“Hay errores que se repiten,” afirmación que no podría atribuirle a mi viejo ni a nadie más, pues medio mundo lo dice. El error, en ocasiones, visibiliza el poder. Lo trae a la luz. Para que salte a la vista. Hiera la retina. Hoy muchxs de nostrxs amanecimos restregándonos los ojos, dolidxs, intentando de nuevo enfocar la vista en nuestro mundo inmediato, para que la inmediatez del error cometido por el Tribunal no nos ciegue.
Y podamos permanecer por siempre vigilantes.

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