21.1.13

San Sebastián


Tito estaba vendiendo abrazos en las Fiestas. Aclaro: por un donativo—el que fuera— podías tomarte una foto con Tito. La gente lo abrazaba. Antes y después de la foto. En la foto le echaban el brazo. Sonreían, por supuesto. Yo quise un poco llorar. Tito no es un Rey Mago. Ni un camello en la lomita. Tito de seguro se treparía en una grúa vestido de rey mago, con un camello a sus espaldas como estrategia de lucha. Exagero, creo. Pero no me burlo. Jamás. Sólo que me dolió un poco verlo posar para fotos junto a un jarrón repleto de pesos de a uno y menudo, como si fuera cualquier Tito de la vida vestido de Santa Claus. Tito jamás se vestiría de Santa Claus. I hope.

Yo iba en busca de un machetito para colgar de mi cuello, pero salí con marrayo y jabones de almendra y leche de cabra. La lucha es dulce a veces y bien oliente. Qué lucha ni lucha, a las fiestas grandes se viene para decir que viniste.

Mientras miraba a la gente retratándose con Tito, un chamaco se acercó a preguntarme, excitadísimo, si ese en verdá era él. Yo asentí y el muchacho llamó al resto del corillo para que se tomaran todos una foto con Robi que pedía donativos para su lucha contra el cáncer. Las luchas muchas veces son así. Accidentadas.

Robi tampoco se vestiría de Santa Claus. Ni sé realmente qué hacíamos allí a su nombre. Pero el cáncer es lucha toda y me alegro millones por él. Por lo demás, creo que estoy un poco viejo pa esto. A las fiestas grandes se viene para sentirse joven. Parte de sentirte joven es hacer las cosas para decir que las hiciste. El muchacho y su corillo ahora pueden decir que abrazaron a Robi Rosa. Tienen una foto para probarlo. Quién sabe, quizás el año que viene le dedican las Fiestas a Tito a manera de donativo para la lucha.
Lo que no darían esos muchachos por una foto con él. 

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