4.12.12

Lo peor


Lo peor de la muerte es que el cadáver aparece. La foto de un desaparecido en cuestión de horas se convirtió en la foto de un muerto, otro más. La razón de su muerte duele, asusta, aburre. No sé en qué orden. Desapareció primero. Luego, lo peor. Y así. Mañana es otro día para el País. No así para la familia del hombre en la foto. Procede entonces desearle mal a los responsables. Odiarlos. ¿A los sujetos o al acto? Es una pregunta propia de la criminología, que de por sí tiene poco que ver con el hombre en la foto, o con las ganas de que aún estuviese aquí, desconocidamente entre nosotros, sano y salvo.

Yo quiero un pueblo donde la gente se pueda parar a sacar chavos, mano, sin tener que arriesgarlo Todo. Alguien que haga de ese deseo canción. Qué sé yo. Lo peor de las personas es que vienen a cobrar relevancia en mi vida en las circunstancias más nefastas. Amo un cadáver. Odio a la persona que lo creó. ¿A la persona o a su creación? Es una pregunta puñeterísima, sobre todo cuando aún está el billboard amarillo sobre la autopista con los teléfonos a llamar en caso de tener información alguna acerca del paradero de un hombre desparecido por siempre desde horita. ¿Hará falta que alguien llame para que lo quiten?


Lo peor de un cadáver es encontrarlo. Es, quizás, la única ocasión en que un hallazgo es pérdida suprema, total. Esa y que hallen a uno de los tuyos culpable por el cadáver. En cuyo caso, ¿habrá un teléfono al cual llamar? ¿Quién contesta? ¿Para decir qué? Lo peor de no tener las palabras precisas para este tipo de ocasión es que todo suena a una mezcla extraña entre disculpa y despedida, odio y dolor. Tartamudeas primero. Luego pides perdón. Mañana será otro día. Que nadie, por dios, halle nada mañana. Cómo carajo lo hago canción. 

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